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¡Hola mochileros!, en el último texto que os escribí os narraba mi paso por Singapur y las islas de Indonesia: Java y Bali. El 22 de abril, un año y un mes después de haber salido de Madrid, caía en Darwin, al norte de Australia y me plantaba a las puertas del que iba a ser ya mi tercer continente. Atrás quedaba Asia, el segundo continente, el que había sido la prueba de fuego. Nada más llegar al aeropuerto recuerdo que abrieron mi equipaje buscando restos de barro y semillas enganchadas en mi tienda de campaña, pues son muy estrictos en materia medioambiental y no quieren que se introduzca accidentalmente ninguna especia extranjera que pueda suponer una plaga en su ecosistema. Así que ya monté el carro y me fui andando hasta Darwin.

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Recuerdo muchos cambios respecto al continente anterior y por el que llevaba ya nueve meses caminando. En primer lugar, silencio y limpieza en las calles, gran contraste con el bullicio y la suciedad de las calles asiáticas. Luego, precios muy elevados en contraste también con la barata Asia. Y una gente que en principio me pareció más seca y formal en comparación con la relajada Asia. Tras dos días en Darwin comprando una sim australiana, un mapa del país, trabajando en la web y las redes sociales y comprándome un par de zapatillas nuevas, me puse en marcha el 24 de abril.

Tenía un visado de turista, esto significa que en menos de tres meses estaba obligado a recorrer los más de 4.000 kilómetros que distaban de Sidney, por lo que estuve haciendo etapas de 50 kms todos los días y sin descanso. En el Northern Territory todavía hacía mucho calor en esas fechas, más de 40 grados de día, con lo que estuve bebiendo 5-6 litros diarios de agua. Unas poblaciones cada vez más distanciadas obligaron a tener que llevar encima hasta 75 kgs de peso con agua y comida que debía racionar para llegar al siguiente asentamiento y poder aprovisionarme de nuevo.

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Conforme iba avanzando hacia el sur iba desapareciendo la vegetación y el calor, pero hizo acto de presencia un viento fuerte en contra que dificultó mucho mi marcha. A esto hay que sumarle una peligrosa fauna salvaje, desde cocodrilos a serpientes venenosas, dingos y moscas. Fueron varias las noches que tuve dingos aullando alrededor de mi tienda al olor de la comida. A partir de Three Ways desaparece la vegetación y aparecen miles de moscas lo que obliga a caminar con una tela mosquitera alrededor de la cabeza. El espíritu en la carretera es estupendo pues se sabe que es muy difícil cruzar Australia incluso en coche. Una vez dejado atrás el Northern territory me adentré en la región de Queensland.

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Tras unos primeros cientos de kilómetros también con poblaciones distanciadas, paulatinamente va decreciendo la distancia, por lo que ya no me será necesario portar una mochila extra además del carro con agua y comida como anteriormente. Todas las noches dormí en mi tienda de campaña, la verdad que en Australia es sumamente fácil acampar, llegué a acampar en el parque de algún pueblo, es un país muy libre y salvaje en ese sentido. Sin embargo alguna tarde no acabas de hacerlo muy confiado al ver
deslizarse entre los arbustos alguna serpiente de extraños colores.

Me fui encontrando con muchos viajeros en caravana, en moto y en bicicleta. Sin embargo, sólo di con un caminante japonés que iba de Brisbane a Perth. No es un medio de transporte muy frecuentado el caminar solo apto para valientes.

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A través de Queensland pude ir viendo canguros, camellos, águilas, cacatúas, pelícanos y una fauna salvaje muy rica. Es uno de los privilegios de pasar tantas horas a la intemperie, uno se va fundiendo con la naturaleza y es testigo de la vida diaria de los animales, de sol a sol, pues de día viven unos mientras que de noche lo hacen otros.

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Además de dingos, pude oír la berrea de algún ciervo o, al menos, eso creí identificar pues la noche que oí ese sonido fue como el grito de un enajenado en mitad del bosque. Al cabo de dos meses alcancé la región de New South Wales, mucho más poblada y ya con la mente puesta en Sidney, ciudad a la que quería llegar unos días antes de que caducara mi visado para preparar el salto a América y trabajar en la web, pues había estado mucho tiempo desaparecido del mapa. La culpa: la falta de cobertura y wifi en prácticamente todo el territorio australiano, es decir, que compré una tarjeta sim de la compañía Telstra (la que opera con mayor cobertura en Australia) prácticamente para nada, tan sólo le di uso al final acercándome a Sidney.

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Rebasé las Blue mountains con una corta pero empinada pendiente en Mt. Victory y, a través de una carretera a más de mil metros de altitud fui acercándome a la costa. Australia es tan sumamente plana que a una ligera ondulación la llaman montaña. El 17 de julio alcancé la población de Sidney, como todo un explorador, acababa de cruzar caminando, en solitario y en apenas 86 días Australia, en toda una demostración de fortaleza y resistencia. Mis amigos Gorka, Wendy y Regina acogerían al caminante fatigado y me harían sentir como en casa, paseando por la ciudad y visitando el barrio de Newtown o el Gure Txoko donde me trataron como a un rey.

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Tras apenas tres días en la ciudad, el 21 de julio (justo al año y cuatro meses de salir de
Madrid) volé a Santiago de Chile despidiéndome de Australia, de sus águilas, estrellas y
canguros, de sus carreteras infinitas, los aborígenes y la soledad, de la escasez de agua,
las moscas y el viento en contra, la aventura libre y salvaje que yo esperaba de este
viaje.

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Son ya tres continentes en mis piernas, cerca de 20.000 kilómetros y 19 países en la libreta. He rebasado el ecuador del viaje, como quien dice, ya comienza la vuelta a casa. Sin embargo, todavía me queda un mundo por delante, América y ÁÁfrica, un millón de historias, experiencias y anécdotas que iré cada día escribiendo en mi diario y que poco a poco y más adelante os seguiré contando.

Seguiremos caminando, paso a paso, luchando por materializar nuestros sueños. Pues sólo atravesar a pie y en solitario Asia, Europa o Australia son retos aislados dignos de admiración. Imagínense entonces unirlos todos juntos, uno detrás de otro a pie, en solitario y sin descanso, haciendo una media de 45 kilómetros diarios, con una alimentación y un descanso muy justos, atravesando bosques, junglas, desiertos, montañas y ciudades ya de medio mundo y sin más compañía que la de un simple carro… realmente difícil de imaginar.

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La aventura continúa, este canto a la vida y a la libertad sigue surcando vientos y mares con un propósito: trabajar por un mundo más lindo y lanzar un mensaje de amor y respeto por la naturaleza y el planeta Tierra, nuestra hermosa casa y a la que entre todos tenemos que cuidar.

Un abrazo fuerte, sean felices y disfruten en compañía de los suyos.

Nacho Dean



the author

Malagueño de 32 años, diplomado en Publicidad y RR.PP por la Universidad Complutense de Madrid y Técnico en Medio Ambiente. En marzo de 2013 partió desde Madrid a dar la vuelta al mundo. Su proyecto Earth Wide Walk consiste en una vuelta al mundo a pie y en solitario que cruzará durante los próximos 5 años los cinco continentes (Europa, Asia, Australia, América y África), y que lleva asociado un mensaje de amor y respeto por la naturaleza y el planeta Tierra.

2 comentarios

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  1. angel ruiz Publicado: 9 Mayo, 2016

    se requiere mucho dinero para hacer esto?

    • Iosu López Publicado: 12 Mayo, 2016

      Algo se requiere pero acampando, viajando caminando… no gastas en alojamiento y transporte apenas salvo los trayectos obligatorios en barco o avión. Siempre se puede practicar el trueque. Un mínimo sí que se necesita para lo básico.

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