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En 2013, Irene Garcia Soria (Sabadell, Barcelona) emprendió un viaje que la llevaría a recorrer Asia en solitario de mochilera. Gracias al transporte público, a los mercados locales, a Couchsurfing (que además le proporcionó experiencias surrealistas) y a diversos trabajos en ruta, consiguió mantener el presupuesto bajo control y viajar durante un año y medio por doce países.

Irene será una de las ponentes de las III Jornadas de Grandes Viajes que este año se celebran en Barcelona (17-18 de abril) y Madrid (8-9 de mayo). Si te gusta viajar, la aventura e historias como la de Irene no puedes perdértelas. ¿No vives en Barcelona o Madrid? No te preocupes, Mochileros TV este año somos patrocinadores del evento y publicaremos en nuestro canal de Youtube todas las charlas en diferido. Suscríbete aquí.

Irene, ¿qué te llevó a decidir dejar todo atrás para iniciar tu gran viaje?

Quedarme sin excusas. Siempre decía que quería viajar a Asia pero que no tenía dinero, ni tiempo ni nadie que me quisiera acompañar. Cuando me tropecé en internet con varios blogs de viajeros que demostraban que ni el dinero ni la compañía eran imprescindibles para irse de viaje, solo me quedaba la excusa del tiempo. Finalmente perdí el trabajo y ya no tenía más remedio que comprar un billete de ida, preparar la mochila e irme a Asia.

Mientras no viajas, ¿a qué dedicas el tiempo? ¿cuál es tu profesión?

Hago cualquier trabajo que se me ocurre. He escrito unos cuantos artículos para revistas, vendo artesanías por internet, he ilustrado un libro infantil y hago trabajos esporádicos como azafata de vez en cuando.

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Tres lugares a los que regresarías siempre que pudieras.

China: siempre me ha llamado la atención y después de viajar por el sur del país me he quedado con ganas de más. Myanmar: echo de menos a su gente. Y Ladakh: ha sido uno de los lugares más impresionantes en los que he estado.

¿Qué ha cambiado en tu yo interior después de este gran viaje?

Supongo que la base sigue siendo la misma pero me he ido puliendo en algunos detalles, aunque voy reconociéndolos poco a poco. Lo más obvio es que cosas tan arraigadas en la cultura española como las hipotecas y la fiebre de las rebajas ahora me parecen una tontería. Me he dado cuenta de que mi lista de “cosas que necesito para ser feliz” es muy corta y en ella no se incluye un trabajo fijo, un piso y ropa nueva cada año. También he perdido unos kilos de timidez y miedos, aunque aún me sobran unos cuantos.

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En caso de haber trabajado en ruta: ¿qué tipo de trabajos has hecho para ganarte la vida?

Dibujé postales que vendí a través del blog, también vendí artesanías locales en internet, ilustré un libro y trabajé tres meses en un hostal de Taiwán.

¿El momento más extremo/peligroso/extraño/paranormal que hayas vivido en tu gran viaje?

Peligroso no lo fue tanto, pero extraño bastante. En Turtuk, un pueblo cerca de la frontera entre India y Pakistán, nos quedamos atrapados por las lluvias que hicieron que transitar por las carreteras fuera peligroso. Después de un fallido intento de escapada en autobús local y unos días esperando una solución a nuestra situación, nos anunciaron que los militares se encargarían de devolvernos a la ciudad. Lo extraño de todo eso es cómo se desarrolló todo el proceso: El militar vestido en chándal y cargando una botellita de leche que nos anunció la evacuación contrastaba con la extrema profesionalidad con la que nos trataron durante todo el viaje de vuelta. Fue divertido, extraño, curioso y muy incómodo recorrer todo el camino en un camión militar parando de vez en cuando para que el oficial comprobara que estábamos todos bien y para desayunar mucho chai acompañado de paquetes de galletas. Lo más curioso es que alguna gente volvió a la ciudad ese mismo día en taxi compartido, así que aún no he entendido por qué fue necesaria esa evacuación.

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¿Algunos momentos que recuerdes de felicidad extrema? Esos puntos álgidos de alegría en los que uno se dice a sí mismo: “por momentos así merece la pena seguir en el camino”.

Uno de ellos sería el día en que sucedió la anécdota que os cuento en la pregunta anterior. Desde luego no fue un día de felicidad extrema, pero son momentos que rompen con la rutina del viaje, que a veces se puede volver agotadora, y te recuerdan por qué decidiste salir de casa sin un billete de vuelta. Otros momentos serían el día que fui invitada a comer en casa de una familia birmana que vivía en uno de los pueblitos perdidos entre los templos de Bagan, la semana que pasé con una familia local en un pueblo de Fujian y todas las veces que me he quedado boquiabierta con los paisajes de Laos, Camboya, Vietnam, Taiwán e India.

“He aprendido que el mundo es mucho menos peligroso de lo que nos hacen creer”

¿Cuál es tu próximo gran viaje soñado?

Pues se me ha pasado por la cabeza hacer un gran viaje en bicicleta, pero como no tengo experiencia en ese tema y tampoco sé si ese tipo de viaje es para mí, primero voy a empezar recorriendo el norte de España en bici a finales de este mes. Luego ya veremos qué destino le sigue y si continuo sobre dos ruedas.

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Hay gente que considera la aventura como unas grandes vacaciones. Estoy seguro de que en tu gran viaje tuviste que tomarte unas vacaciones dentro del viaje. ¿Fue así? ¿dónde decidiste tomarte un respiro para reponer fuerzas?

Después de cuarenta días en China el desgaste psicológico debido a las dificultades de comunicación era bastante importante, así que decidí buscarme un lugar en el que descansar en Taiwán. Fueron tres meses de relax en un pequeño pueblo llamado Hualien con vistas al mar y a las montañas. Un lugar perfecto.

Tres personas anónimas que te hayan marcado en el camino.

Me viene a la cabeza un grupo de cinco americanos expatriados en el norte de Tailandia. Uno de ellos me marcó especialmente. Se llamaba Jim Kaszynski y había recorrido el Camino de Santiago desde Roncesvalles con 67 años y sin dinero. Por cada kilómetro que caminaba se destinaba un dólar para un orfanato africano. Me atrapó su forma de ver la vida y su actitud.

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¿Qué cosas has aprendido viajando sola?

Que el mundo es mucho menos peligroso de lo que nos hacen creer. Quizás es cierto que las mujeres estamos expuestas a una serie de situaciones por las que un hombre no tiene que preocuparse, pero una mujer viajando sola también despierta mucha curiosidad y simpatía, sobre todo en otras mujeres, por lo que es más fácil acercarse a los demás e incluso conseguir ayuda cuando se necesita.

Hay cientos de personas que no se han animado a viajar por multitud de dudas, miedos, inseguridades, presiones familiares, sociales… ¿Qué les dirías a esos soñadores que viendo tu aventura piensan que no son capaces de hacerlo o que eres un superhéroe?

Que si yo -a pesar de mi timidez, mis problemas de orientación y mi carácter miedoso- he conseguido sobrevivir diecisiete meses tan lejos de casa, cualquiera puede hacerlo. Lo dice tanta gente que al final cuesta creerlo, pero es verdad: “lo más difícil es tomar la decisión”. Después viene todo rodado y los problemas, si surgen, siempre tienen solución. Por lo menos para mí, la vida de viaje es mucho más sencilla que la sedentaria.

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Irene participará en la mesa redonda “Viajeras: tres grandes viajes en solitario” que estará moderada por Irene Desumbila, periodista de Radio Nacional RNE-4, y que contará con la presencia de Meritxell Martorell y Cristina Ruiz. Todas ellas conversarán sobre sus experiencias viajeras y sobre cómo es recorrer el mundo sola durante varios meses. Gran inspiración para mujeres (y hombres) que sueñan con viajar en solitario.

Conoce más sobre la historia viajera de Irene en su web cronicasargonauta.com o en Twitter.