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Aldana Chiodi, Dino Feldman y su hijo Tahiel Feldman Chiodi (Buenos Aires, Argentina) son Magia en el Camino. Desde que se conocieron Aldana y Dino, destinaban todos sus ahorros a viajar durante las vacaciones de verano. Un buen día decidieron cambiar su estilo de vida y dedicarse a lo que más les gusta: viajar, escribir, fotografiar y hacer magia.

En 2010 emprendieron un viaje sin fecha de retorno en el que usaban la magia como herramienta de financiación y como medio de conexión con las personas de otras culturas. Viajaron un año por Europa y Asia, seis meses por Sudamérica haciendo dedo, recorrieron Argentina con un proyecto educativo-mágico, después vinieron tres meses por el sur de África a dedo…

En 2013 nació Tahiel, el nuevo integrante de magia en el camino, que tiene su propia columna en el blog, donde escribe sobre viajar con niños. Con su proyecto mágico-educativo han hecho magia a los bosquimanos, a los chicos de la calle, en una reserva natural, en el interior de una iglesia sincretista… Es la magia de viajar.

Magia en el Camino son ponentes en las Jornadas de Grandes Viajes de ‪‎Madrid‬ (8-9 de mayo de 2015). Suscríbete al canal de Youtube de Mochileros TV y las puedes ver gratis en diferido →→→ ¡QUIERO SUSCRIBIRME!

¿Qué os llevó a decidir dejar todo atrás para iniciar vuestro gran viaje?

Dino: El agotamiento y angustia que me producía mi realidad laboral de ese momento (2009). Yo hacía mucho tiempo que tenía el sueño de viajar por el mundo sin fecha de retorno (mi eterna definición de libertad), pero siempre por una cosa o la otra lo iba postergando. Hace muchos años, cuando no existía internet, me había recorrido un montón de embajadas del mundo en Buenos Aires para averiguar datos sobre esos países. Estaba a punto de hacerlo, pero no lo hice. Hasta que en 2009 el agotamiento fue mucho, aparecieron “los pingüinos” (que les cuento mejor la historia en la charla) y Aldana me dio el empujón final: ¿Por qué no lo hacemos ahora? ¿Si no es ahora, cuándo? Y una pequeña gran decisión cambió mi vida para siempre. Dejé la ingeniería en sistemas y ahora me dedico solo a la magia. A llevar alegría y a “robar” varias sonrisas por el mundo.

“Hay gente que con el doble de edad biológica no junta ni diez años de la edad de los recuerdos, porque no ha vivido nada”

Aldana: A los dos siempre nos gustó viajar y desde que estamos juntos (más de 16 años) todos los veranos hacíamos un viaje. Pero eran viajes cortos, de 15 o 20 días que era lo que nos permitían nuestros trabajos, y siempre nos quedábamos con gusto a poco. Hasta que decidimos tomar la decisión de cambiar nuestra forma de vida. Ahí nació Magia en el Camino.

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Mientras no viajáis, ¿a qué dedicáis el tiempo? ¿cuál es vuestra profesión?

Dino: Antes de tomar la decisión de cambiar de vida y de crear Magia en el Camino trabajaba de ingeniero en sistemas. Ahora me dedico sólo a la magia. Hago shows privados en eventos y magia a la gorra en un restaurante.

Aldana: Soy geógrafa social (profesora) y periodista. Trabajaba en una editorial de textos escolares. Después de la gran decisión hago algunos trabajos de autoría freelance de ciencias sociales y de periodismo de viajes.

Tres lugares a los que regresariais siempre que pudierais.

Dino: Lago Baikal, Beijing y Nueva York.
Aldana: Pueblos tibetanos, Holanda y Buenos Aires.

¿Recordáis vuestro primer viaje?

Dino: Mi primer viaje fue en familia y a la costa argentina. El primero que recuerdo como especial fue a la Patagonia argentina solo con un amigo. Fue el primero de varios que haría de mochilero, a dedo.

Aldana: Mis primeros viajes también fueron en familia a las sierras de Córdoba y a otros lugares de la Argentina con el grupo scout al que pertenecía. El primero de mochilera fue con un grupo de amigos también a la Patagonia Argentina, a los 22 años.

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Dijo Abraham Lincoln que lo importante “no son los años de tu vida sino la vida de tus años”. ¿Estáis de acuerdo con esta reflexión?

Estamos completamente de acuerdo. Es más, el prólogo de nuestro primer libro de viajes “Magia es Viajar” empieza con la historia que nos contó un amigo venezolano en su casa. Marco Antonio nos dijo que el hombre tiene cinco edades: la biológica, que es la edad que tenemos según nuestra fecha de nacimiento; la mental, que tiene que ver con nuestra madurez, esa de la cual depende que nos digan “parecés un viejo” o “no seas inmaduro, ¡querés!”; la del cuerpo, esa que tu cuerpo aparenta según lo hayas tratado o maltratado durante los años; la de los recuerdos o vivencias; y la de la trascendencia. Nosotros rescatamos la cuarta, la de los recuerdos y vivencias. “Esa es la edad que uno tiene por lo que ha vivido, por lo que tiene para recordar”, afirmaba Marco Antonio gesticulando con las manos de manera enérgica. “Ustedes tienen como ochenta años de esa edad. Hay gente que con el doble de edad biológica que ustedes, no junta ni diez años de la edad de los recuerdos, porque no ha vivido nada”

“Cuando regresas a casa de un gran viaje ya no compartís muchos temas de conversación con los amigos de siempre. Comenzás a juntarte más con viajeros en stand by para sentirte cómodo al conversar. La adaptabilidad es la base de la felicidad”

¿Qué ha cambiado en vuestro yo interior después de este gran viaje?

Que se pueden arbitrar los medios para hacer lo que uno ama y que sea posible vivir de ello. Que casi todo lo que vemos y percibimos es relativo y depende mucho de cómo lo miremos y del bagaje que cada uno tenga. Que uno, quiera o no, lleva su mundo a donde va y ese mundo está cargado de subjetividad, de enseñanzas, de preconceptos, etcétera. Que hay que tratar de no generalizar. Que la ignorancia es la madre de la intolerancia.

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5 cosas que nunca faltan en vuestra mochila

Dino: Las cosas para hacer magia, desodorante en crema, bolsas de residuos para compartimentar mi carga, netbook, anteojos de sol.

Aldana: Computadora, cuaderno, lápiz, cámara de fotos y un pañuelo para el sol.

En caso de haber trabajado en ruta: ¿qué tipo de trabajos habéis hecho para ganaros la vida?

Dino: Hice magia en bares a la gorra y en hostel y hoteles por el mundo a cambio de la noche de hotel y de que nos permitan pasar la gorra.

Aldana: Escribí algunas notas periodísticas freelance. Vendimos imanes con fotos de nuestros viajes anteriores.

¿El momento más extremo/peligroso/extraño/paranormal que hayáis vivido en vuestro gran viaje?

Hubo varios. Pero hay uno que lo clasificaría como extraño: viajando por la estepa mongola, nuestro chofer y guía, a quien conocimos en un templo budista en Ulan Bator, se quedó sin señal de celular. Tenía una gran habilidad para abandonar una huella de vehículo en el medio de la nada para encontrar rápidamente otra, exactamente la correspondiente. Una noche cerrada y sin señal de teléfono, Bathuyga detuvo el auto, apagó el motor, se bajó, cerró su puerta y un par de segundos después, comenzó a aullar. Con Aldana nos miramos como entregados y lo increíble sucedió. Unos cuantos segundos más tarde, otro aullido llegó a nuestros oídos. Era otra persona respondiéndole a Bathuyga. No dábamos crédito a lo que estábamos presenciando. Se estaban comunicando como los mongoles lo hicieron toda la historia. Beneficiados por la topografía del terreno, el sonido viajó por kilómetros sin que nada lo detuviera, y ante la necesidad, recurren a sus conocimientos ancestrales. Si me preguntan si se puede viajar en el tiempo, yo respondo que sí, en Mongolia. Bathuyga entró otra vez al auto, lo arrancó, dobló a la derecha y en menos de 15 minutos, llegamos al ger que estábamos buscando, en el medio de la nada. Una experiencia extraña pero única.

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¿Algunos momentos que recordéis de felicidad extrema? Esos puntos álgidos de alegría en los que uno se dice a sí mismo: “por momentos así merece la pena seguir en el camino”.

Dino: Definitivamente mi cumpleaños de 40 en la isla Olkhon, en medio del lago Baikal en Siberia. El de 39 lo pasé atrás de un escritorio, encerrado en una rutina que no me gustaba y que me abrumaba. Cené con la familia y al otro día todo seguía igual. El de 40 lo pasé en la isla Olkhon, donde hice magia para muchas personas de varios lugares del mundo, me cantaron el cumpleaños en varios idiomas y nos quedamos guitarreando hasta tarde. Estaba feliz, haciendo lo que quería y me daba cuenta que además podía vivir de eso, de hacer magia. Cuando uno viaja los días son todos distintos y, si bien se puede ir formando otra rutina, es una rutina diferente y que prefiero. Viajar hace que todos los días las experiencias puedan ser diferentes. Otro de los momentos es cuando hice magia en las calles del norte de Mozambique, o en las escuelas rurales de Latinoamérica. Cuando salimos de esos lugares con el alma llena de las sonrisas de los chicos, con Aldana nos miramos y decimos: todo el esfuerzo valió la pena.

“La libertad es un viaje de ida, de ahí no se puede volver. Una vez que le tomás el gusto a sentirte libre es muy difícil volver atrás”

Aldana: Uno de los momentos que recuerdos como más felices fue cuando estuvimos caminando por los pueblos tibetanos del oeste de China. Fue una sensación de plenitud y paz que jamás volví a experimentar en otro lugar del mundo.

¿Cuál es vuestro próximo gran viaje soñado?

Dino: Todos mis próximos viajes son soñados, mientras los haga con Aldana y con Tahiel.

Aldana: Siento lo mismo. Además, tengo el sueño de conocer Japón y hacer la ruta de la seda, pero para esto último prefiero que Tahiel sea un poco más grande.

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Hay gente que considera la aventura como unas grandes vacaciones. Estoy seguro de que en vuestro gran viaje tuvisteis que tomaros unas vacaciones dentro del viaje. ¿Fue así? ¿dónde decidisteis tomaros un respiro para reponer fuerzas?

En el gran viaje de 18 meses, decidimos “parar” 10 días en Lankawi, una isla en Malasia, y luego, unos 10 días en McLeod Ganj, en el norte de India. En el viaje de tres meses por el sur de África nos fuimos unos días a acampar a los montes Drakensberg, en Sudáfrica.

Tres personas anónimas que os hayan marcado en el camino.

– Filip. Un portugués que nos alojó en Mozambique y que nos demostró la solidaridad y hospitalidad extrema a la que puede llegar una persona. Y lo sigue haciendo.
– Los chicos de Aldeas Infantiles de Pemba, al norte de Mozambique durante un show de magia.
– Dipita. Una couch india que nos contó, estando embarazada, cómo y porqué se sacrificaba aún hoy en algunas partes de India, a las bebés mujeres cuando nacían. Lo contaba con una naturalidad que no condecía con su situación según mi subjetiva mirada.

Una vez uno se embarca en un tipo de vivencia así queda infectado por el virus del viajero. ¿Qué sensaciones habéis tenido al regresar a lo que consideréis vuestro hogar?

Dino: Ya no compartís muchos temas de conversación con los amigos de siempre. Comenzás a juntarte más con viajeros “en stand by” para sentirte cómodo al conversar.

Aldana: Una de las sensaciones que tuve cuando volví del primer gran viaje de 18 meses fue que nada había cambiado. Que nosotros habíamos pasado por un torbellino de cosas y que los demás seguían haciendo lo mismo que antes. Y eso es un poco raro. Comenzás a sentirte “sapo de otro pozo” en el lugar que antes era tu cotidianeidad. Pero creo que eso es parte de la adaptabilidad de la nueva vida nómada que uno elige. Como siempre decimos, la adaptabilidad es la base de la felicidad.

¿Uno termina convirtiéndose en nómada para el resto de su vida?

Puede ser. La libertad es un viaje de ida, de ahí no se puede volver. Una vez que le tomás el gusto a sentirte libre es muy difícil volver atrás. Una vez que lográs hacer en tu vida lo que te gusta hacer es muy complicado volver atrás. Creemos que uno se vuelve nómada, pero hay diferentes maneras de serlo. Lo importante es que uno sea coherente con lo que hace, con lo que siente y con lo que vive. Nosotros ahora que somos tres, que tenemos a Tahiel de 16 meses, vemos a los viajes desde otra perspectiva. Sabemos que nuestros viajes serán más lentos, que tendremos otros ritmos y prioridades, por lo menos hasta que él crezca un poco más, y que el nomadismo será también más lento. Sentimos más ganas de quedarnos por un tiempo en un lugar y de seguir después viajando por otros meses. Nuestro ideal ahora sería, por ejemplo, quedarnos “instalados” en algún lugar unos cuatro-cinco meses y viajar otros cuatro-cinco meses y así todo el tiempo.

“Los días no tienen que ser aburridos, tienen que tener vida”

Muchos se preguntan… ¿y el amor? ¿cómo es la vida sentimental de los viajeros?

Dino: Mis grandes viajes los hice casi todos acompañado por Aldana, mi compañera en la vida y en todo. El amor con ella no cambió en absoluto, al contrario, tanto tiempo juntos no permite conocernos mucho más, sobre todo debido a las situaciones a las que nos enfrentamos juntos.

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¿Qué os ha aportado el viaje a vuestra relación? ¿es importante encontrar los momentos de soledad para estar con uno mismo solo?

Dino: Sí es importante, pero a mí me ha pasado poco. No necesito alejarme mucho de Aldana para encontrar nada que no pueda encontrar con ella.

Aldana: A mí me pasa lo mismo. Los más de 16 años que estamos juntos nos hicieron amarnos de una manera en la que por ahora no necesitamos estar solos. Nos damos siempre el tiempo necesario y la libertad suficiente para que cada uno haga sus cosas.

¿Qué cosas has aprendido viajando sola?

Aldana: La única vez que viajé sola fue a un blogtrip, por lo tanto tampoco estuve sola.

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¿Qué cosas habéis aprendido viajando en familia?

Hasta ahora hemos hecho viajes cortos con Tahiel y han sido suficientes para ver de qué se trata la cosa. En esos viajes cortos aprendimos algunos tips básicos sobre cosas que nunca nos hubiéramos puesto a pensar. Por ejemplo, nosotros somos de dormir mucho en casa de personas a través de couchsurfing. Cuando llegamos a las casas las debemos convertir en kid friendly. Una de las cosas que hicimos fue tapar los enchufes con cinta. Tahiel va directo a todos los enchufes. Está en la edad. Ahora es cuando arrancamos realmente como “familia viajera” en un viaje largo de más de seis meses. Para este viaje nos preparamos, por ejemplo, un adaptador de cinturón de seguridad para Tahiel para poder hacer dedo con él de manera segura. Después de estos meses vamos a poder responder mejor esta pregunta.

Hay cientos de personas que no se han animado a viajar por multitud de dudas, miedos, inseguridades, presiones familiares, sociales… ¿Qué les dirías a esos soñadores que viendo tu aventura piensan que no son capaces de hacerlo o que eres un superhéroe?

Que la vida es una sola y que si como yo, no creen en la reencarnación, tomen las riendas de su vida y deben hacerse cargo de ella porque no van a tener otra oportunidad. Lo importante es que cada noche cuando se vayan a dormir tengan algo del día que valga la pena recordar, sea lo que sea, desde alguna experiencia en un viaje, hasta una charla con un amigo. Los días no tienen que ser aburridos, tienen que tener vida. Y somos nosotros los únicos que podemos hacer que nuestros días tengan vida. “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió” dice Joaquín Sabina, así que lo que importa es intentarlo y animarse a ir por su sueño. Si después no sale, por lo menos lo intentamos, sino, vamos a añorar algo que jamás sabremos si lo hubiéramos podido hacer. ¡A soñar y a intentar concretar los sueños! Nada es fácil y todo lleva mucha constancia.

Hay que animarse. Siempre les van a decir que están locos, pero hay que hacer oídos sordos y vivir la vida de la manera que queremos hacerlo. Una vez escuchamos a un orador español decir algo así como que “no hay sueño que se precie de tal si no hay alguien que te diga que es imposible hacerlo”. Y estamos de acuerdo con eso.

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