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¡Hola mochileros! Un nuevo texto de mi pluma, un nuevo país bajo mis pies y muchas anécdotas, aventuras y personas nuevas en mi corazón, en lo que ha sido ya mi decimosexto país: Malaysia. Entré un 7 de febrero proveniente de Tailandia a través del Tammalang Pier, en Satún, rumbo al archipiélago de Langkawi, precioso conjunto de 104 islas situadas en el estrecho de Malacca y bañadas por el mar de Andamán en el que pasé una semana. Recibí la invitación por internet de un chico llamado René, y estuve alojado en su barco, un velero blanco llamado “Little Do” fondeado en el puerto del Royal Yacht Club, acostumbrándome a lo que es vivir en una casa que se mueve. Mientras tanto, de la mano de Vijay, uno de los mejores guías turísticos de la zona, pude conocer los rincones más bonitos e interesantes de Langkawi, así como aprender de su cultura, historia y costumbres.

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Visité el Cable Car y pude disfrutar de las maravillosas vistas desde uno de los puntos más altos de la isla. Conocí el Under Water World, un centro con miles de especies marinas. Me bañé en el lago interior de la isla Dayang Bunting Marble. Di de comer a las águilas marinas. Comí la sabrosa barracuda preparada con salsa de pimienta y el rico Nasi Lemak envuelto en hoja de plátano, tome agua de coco viendo atardecer desde la playa de Pantai Cenang, me picó un jelly fish bañándome de noche en el mar a la luz de la luna, realicé entrevistas para el periódico Harian Metro y la cadena de televisión RTM1, conocí gente estupenda y poco me faltó para volar como el águila roja, símbolo de la isla como reza la tradición (Lang=águila, Kawi=roja) si hubiera tenido alas. Un lindo rincón del mundo, que está perdiendo su riqueza natural por culpa de un turismo cada vez mayor. Era mi merecido descanso para ir finalizando un largo y difícil continente, pero todo lo bueno se acaba y tenía que ponerme en marcha.

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El 15 de febrero volví a la península de Malaysia y retomé la marcha rumbo hacia el sur. Nada más abandonar Kuala Perlis, en uno de los ribazos de la carretera, vi un animal grande arrastrándose entre la maleza y desapareciendo. Me pareció un cocodrilo, y me preocupó cuando llegara la hora de acampar. Pero no era un cocodrilo, hablando con la gente local me dijeron que eran varanos, que había muchos en esta zona y pueden llegar a medir dos metros de longitud. Bueno, me tranquilizó algo, pero no mucho, sólo cambiaba de nombre el animalito. Y así, a través de Alor Star, Bedong y Butterworth llegué a Penang. Etapas de 50 kilómetros con mucho calor y bebiendo cerca de 5 litros diarios de agua. Algunas noches las pasé preguntando en las casas si me dejaban a campar en su jardín, teniendo la suerte de recibir una acogida calurosa, familias que me acababan invitando a cenar y desayunar.

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Cuando llegué a la altura de Penang tenía dudas sobre si detenerme y visitar esta ciudad, o continuar la marcha rumbo a Kuala Lumpur. Recuerdo que ese día cambié varias veces de opinión sobre la marcha, varias personas me habían recomendado conocerla, así que finalmente tomé la decisión de desviarme un poco y pasar en ella un par de días. Ciudad de gran historia e influencia inglesa al haber sido colonia durante largo tiempo. Casas coloniales, templos hindúes y budistas, iglesias cristianas, mezquitas árabes, el barrio chino…conforman la arquitectura variada de esta bonita ciudad. Además, pinturas callejeras de Ernst Zacharevic y una rica gastronomía pusieron la guinda a unos fantásticos y breves días en Penang. Por suerte, pude realizar también una entrevista para el periódico malayo en inglés de mayor tirada: The Star, por lo que mucha gente ya empezaba a conocerme y a saludarme desde los coches queriéndose hacer fotos conmigo.

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Proseguí hacia el sur atravesando las pequeñas poblaciones de Bagan Serai, Taiping y Sungai Siput hasta Ipoh. Al poco de pasar Ipoh, en Kampar más concretamente, pregunté en la iglesia si me dejaban acampar en el jardín y, tras asistir a misa, me invitaron a cenar, a hablar a un grupo de universitarios sobre mi viaje y me dejaron un lugar a cubierto donde dormir. De hecho, al día siguiente, dos de esos estudiantes, Leon y Jude me acompañaron durante 20kms bajo el sol abrasador como dos valientes, detalle que me hizo mucha ilusión y agradecí enormemente. Después vendrían Bidor, Slim River y Kuala Kubu Bharu hasta Kuala Lumpur a través de la carretera antigua Trunk Road 1, pues siempre atraviesa pequeños poblados y es más fácil proveerse de agua y comida y buscar un lugar donde pernoctar al caer la noche.

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En Kuala Lumpur me esperaba una persona importante: Javier, un español que contactó conmigo hace tiempo, afincado en Malaysia desde hace 20 años y gracias al cual mi paso por este país ha sido un verdadero placer. De hecho, fue él quien me presentó a Vijay en Langkawi. Y quien me cuidó durante mi estancia en la capital estando prácticamente a mi disposición para todo lo que necesitara. Y fue mediante él que el hotel Meliá me ofreció varias noches gratis. Y mediante quien conocí a Rosa, otra española que me acogió varios días en su casa. Y con quien volví a comer una tortilla de patata, una paella, unas albóndigas y un vino rioja como dios manda, preparadas por nuestro también buen amigo Pedro. Y muchos otros detalles de esos que te hacen sentir afortunado y agradecido con el mundo. Estuve tan a gusto que tuve que cambiar mi billete a Darwin (Australia), pues lo tenía el 16 y por mucho que corriera llegaba muy justo. Así que aproveché la ocasión para reorganizar mi itinerario y decidí recorrer también parte de Indonesia previo salto a Australia: el 24 de marzo volaría de Singapur a Jakarta (Java).

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Reanudé la marcha y abandoné Kuala Lumpur, tras una semana parado descansando, en compañía de Rahim, amigo iraní que conocí estos días y que quiso acompañarme hasta Singapur, es decir, lo que restaba de Malaysia. Pusimos rumbo a Malacca, ciudad a la que llegamos tras varios días acampando y caminando unos 35 kms diarios de media bajo el sol abrasador. Sin embargo, a pesar de haber disminuido el ritmo, la falta de costumbre hizo que mi amigo tuviera que abandonar la marcha al llegar a Malacca por culpa de las ampollas. Es más, cuando te salen ampollas tiendes a pisar mal para evitar el dolor, por lo que acaban molestándote también los tobillos y las articulaciones. Lo mejor en estos casos es parar, cosa que hizo Rahim. Fue un placer caminar con él, cada persona encierra enseñanzas, y me demostró ser todo un ejemplo de coraje, no sé quejó ni una vez de unas ampollas que a más de uno le habrían hecho parar el primer día. Yo me quedé un par de días conociendo la ciudad de Malacca, también con gran influencia inglesa, por lo que puedes encontrar iglesias como la de san Javier y casas de estilo colonial.

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Resulta que en este país he caminado más acompañado que en ningún otro. Así pues, una vez marchado Rahim, dio la tremenda casualidad de que estaba esos días por Malacca de nuevo mi amigo René de Langkawi. Quedamos en vernos y decidimos que vendría conmigo, esta vez patinando. Así, yo iba caminando y René patinando, curiosa pareja, llegamos en varios días de caminata hasta Johor Bahru, última población al sur de Malaysia y frontera con Singapur. Durante estos días volvió a llover, cosa que llevaba varios meses sin hacer provocando incendios, que las plantas amarilleasen y que llegaran incluso a cortar el agua en la capital. Es un país donde llueve mucho y no están preparados para la falta de agua, es decir, no han construido embalses ni pantanos donde almacenar el agua de lluvia. Sin embargo, estos días volvió a llover con abundancia hacia las 2 del mediodía, con rayos y truenos, obligándonos bien a protegernos, bien a caminar empapados bajo la lluvia.

Llevaba varias semanas tratando de allanar mi entrada en Singapur, pues hay que cruzar un puente que conduce a la isla pero está sólo habilitado para vehículos, no para el tránsito de peatones. No recibía noticias buenas por parte de la embajada de España, donde un tal Ivo estaba tratando de conseguir sendas cartas de las embajadas de Malaysia y Singapur permitiendo mi paso. Yo sabía de buena tinta que varios viajeros habían cruzado ese puente caminando, que incluso hay gente local que lo hace a diario, así que decidí hablar directamente con la policía de la frontera cuando llegué al lugar y, explicándoles en qué consistía mi viaje y enseñándoles recortes de entrevistas para la prensa, no sólo me dejaron pasar de muy buen grado, sino que acabamos haciéndonos unas fotos para el recuerdo.

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Crucé el puente ya bastante avanzado el día, repleto de coches por cierto, por lo que al otro lado, en Singapur, ya de noche tuve que acabar durmiendo en un parque. Es una ciudad bastante grande y desde el puente hasta el centro hay unos 30 kilómetros. Si le sumamos que ese día ya llevaba 60 caminados, se convertían en 90, distancia que ni me planteé recorrer. Eran ya cerca de la 1 de la madrugada y decidí pasar la noche como un vagabundo. Mañana sería otro día.

Desde entonces, es decir, desde hace 3 días, han venido a verme de nuevo amigos de Kuala Lumpur y estoy ocupado preparando mi paso a Indonesia, en concreto, a las islas de Java y Bali por las que voy a caminar antes de adentrarme en tierras australianas. Además, así le doy tiempo a que se vaya el verano austral, pues el 50% del territorio australiano es desértico y en verano hace mucho calor.

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Tengo ganas de conocer Indonesia, no tenía muy claro si la recorrería (llevo un itinerario abierto en función de las circunstancias) y sobre la marcha he decidido aventurarme. Una región del planeta muy interesante y desconocida por la distancia que nos queda desde España , pero aprovechando que me encuentro por estas latitudes y que no sé cuándo lo volveré a estar, voy a dejarme llevar y perderme en su encanto. Son ya 17 países caminando, más de 14.000kms y, lo mejor de todo, hace unos días esta Gran Caminata alrededor del mundo cumplía su primer año de vida: 21 de marzo de 2013-21 de marzo de 2014. Y la aventura continúa…

Nacho Dean





the author

Malagueño de 32 años, diplomado en Publicidad y RR.PP por la Universidad Complutense de Madrid y Técnico en Medio Ambiente. En marzo de 2013 partió desde Madrid a dar la vuelta al mundo. Su proyecto Earth Wide Walk consiste en una vuelta al mundo a pie y en solitario que cruzará durante los próximos 5 años los cinco continentes (Europa, Asia, Australia, América y África), y que lleva asociado un mensaje de amor y respeto por la naturaleza y el planeta Tierra.

3 comentarios

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  1. Laura Publicado: 24 Abril, 2014

    fuerza Nacho!! 🙂

  2. El Tio Chiqui Publicado: 25 Abril, 2014

    vamos crack! 🙂

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