Oasis de Mulegé

Prácticamente es imposible en lo que llevo de viaje por México comprar un billete de autobús con antelación. Normalmente la compra se hace el mismo día del viaje debido a que puede surgir cualquier imprevisto. Y así sucedió el jueves que había pensado irme de San Ignacio. Al parecer el autobús que llegaba a las 14 horas se estropeó en Guerrero Negro por lo que me quedaron dos opciones: estar un día más en San Ignacio o dirigirme a Santa Rosalía, la siguiente población, en taxi. Domingo Romero, el taxista con el que había realizado varios viajes en este pueblecito, me hizo una oferta que regateé hasta acordar 450 pesos (36 euros) por el trayecto.

De esta manera nos embarcamos en un trayecto que no duró más de hora y media durante el que Domingo me fue explicando cual guía turístico los lugares por los que pasábamos como el inactivo Volcán de las Tres Vírgenes. Tras un puerto de montaña ciertamente peligroso en donde se ha despeñado más de un camión, se convertía en un regalo para la vista el azulado Mar de Cortés a cuyas orillas se instaló la ciudad de Santa Rosalía.

TRAS LA SOMBRA DE EIFFEL

Localizada a 63 kilómetros de Mulegé, esta población pesquera en la que dormí una noche se ubicó a finales del siglo pasado en torno a la compañía francesa El Boleo, que había obtenido la concesión para explotar sus yacimientos de cobre. Entre sus atractivos destaca la Iglesia metálica de Santa Bárbara -patrona de los mineros- cuya construcción es atribuída por muchos estudiosos a Gustave Eiffel. Dicen algunos que esta iglesia prefabricada fue traída a Santa Rosalía en 1894 desde un almacén de Bruselas en el que se encontraba desmontada tras haberse expuesto en la Exposición Universal celebrada en París en 1889. Sus orígenes son un tanto inciertos e intrigantes. Otros opinan que la iglesia habría sido adquirida por una empresa minera norteamericana, propiedad de los Rockefeller, para ser instalada en sus minas californianas. El carguero que la transportaba sufrió una avería y tuvo que recalar en la Baja California, en donde se desembarcaron las cajas de la iglesia para facilitar la reparación. Abandonado en el lugar, el cargamento fue recomprado por la Compañía del Boleo.

LLEGADA AL OASIS

Sea como fuere, el caso es que tras pernoctar en Santa Rosalía tomé de nuevo un autobús en dirección a Mulegé. El paisaje que ofrece la carretera Transpeninsular mientras bordea la pendiente oriental de la Sierra de la Giganta es completamente desértico hasta llegar a esta especie de oasis de aspecto subtropical. El pueblo, que colinda al sur con los municipios de Comondú y Loreto, tiene cerca de 5000 habitantes y es el más extenso de los cinco municipios que conforman el estado de Baja California Sur.

El nombre de Mulegé se deriva de la lengua cochimí “Carmaañc galexa”, que significa “barranca grande de la boca blanca”. Este pequeño poblado se encuentra a orillas del mar de Cortés y fue descubierto por el padre jesuita Juan María de Salvatierra en 1702. Palmas datileras, olivos y árboles frutales como el mango, guayabo, naranjo e higuera permiten a quienes visitan este lugar la posibilidad de saborear deliciosos manjares de clima tropical en el desierto. Me alojé en el precioso Hotel Las Casitas (Tfno. 153 0019, C/ Madero 50), cuyas habitaciones con aire acondicionado y televisión (290 pesos) dan directamente a un sombreado patio cubierto por plantas tropicales en el que trinan periquitos y loros. En este relajante e inspirador lugar se hospedó el poeta mexicano Alan Gorosave.

Una de esas tardes mientras veía la televisión volví por un instante a mi feliz infancia. ¿Cómo? ¡Mira el vídeo!

A unos 3 kilómetros del pueblo se encuentra la playa de Punta Prieta en uno de cuyos extremos se alza el Faro de Mulegé. Hacia allí me dirigí caminando a un lado de la orilla del Río Mulegé bajo el abrasador sol de mediodía no sin antes proveerme de una botella de agua.

Junto al Faro de Mulegé

Durante el trayecto se unió a mi marcha un perro al que decidí llamar Tintín y que me obedecía más o menos como si nos conociésemos de toda la vida. Apunto estuve de adoptarlo.

Regresando de playa de Punta Prieta con Tintín

En Mulegé está la tercera misión de Baja California Sur: Santa Rosalía de Mulegé. Construída hace 300 años en piedra con forma de “L” y rodeada de cáctus, fue abandonada un siglo después por falta de población aunque en su interior todavía se conservan una estatua de Santa Rosalía y una campana, ambas del siglo XVIII.

Pocos kilómetros al sur de Mulegé se halla la Bahía de Concepción con algunos de los más espectaculares paisajes de la península de Baja. Sus numerosas playas de arena blanca (Coyote, El Burro, Coco, Requesón…) y sus caletas protegidas por enormes riscos y majestuosos cardones del desierto son el lugar perfecto para practicar buceo o snorkel. Desde Mulegé se pueden contratar excursiones desde 80 dólares con Cortez Explorers, empresa de buceo perteneciente a un gringo.

Dos días de relax y soledad aminorada por la lectura, mi breve amistad con Tintín y algún que otro rato tocando la guitarra. Al despedirme del lugar estuve conversando con dos mujeres del pueblo acerca de la inmigración mientras me tomaba una refrescante Manzanita (parecido al Kas Manzana). Cada vez me encuentro más próximo al final de la Península de Baja California lo que me alegra un montón por haber cumplido un largo trayecto dentro de México de unos 1400 kilómetros. Loreto y La Paz serán los dos últimos destinos de este tramo.


Fotos MULEGÉ

the author

Videoperiodista, documentalista y aventurero. Entre mayo de 2006 y junio de 2007 realizó uno de los grandes viajes de su vida: la ruta panamericana. De esta aventura nace el documental “La costura de América” que narra su viaje en solitario de 45.000 kilómetros, realizado íntegramente por tierra y más de 11 meses desde Prudhoe Bay (Alaska) hasta Bahía Lapataia en Tierra de Fuego (Argentina). Ha trabajado como corresponsal de la Agencia EFE en la India y realizado decenas de reportajes sobre turismo, cultura y sociedad para el canal de televisión español Telecinco. En enero de 2014 estuvo nominado en los Premios Goya con su cortometraje documental "La Alfombra Roja" rodado en un slum de India y que lleva acumuladas más de 130 selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Consulta mi perfil en G+: Iosu López

4 comentarios

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  1. Anonymous Publicado: 6 Septiembre, 2006

    Hola Iosu:
    Animo, estas cumpliendo el sueño de muchos.

  2. nomeacuerdo Publicado: 6 Septiembre, 2006

    La historia de la iglesia de Eiffel es exactamente la misma que nos contaron en Arica, al norte de Chile, frontera con Perú, hace ya varios años, respecto a la iglesia de la ciudad. O Eiffel construyó muchas iglesias iguales y todas viajaron en barco… o aquí hay iglesia encerrada.

  3. Dr. Livingstone Publicado: 6 Septiembre, 2006

    Gonza, mientras esté la Iglesia de por medio ahí debe de haber gato encerrado. En estos instantes me encuentro en Los Mochis (Sinaloa) donde mañana tomaré un tren hacia la Barranca del Cobre, el lugar en el que viven los tarahumaras.

    Intento seguir hacia adelante a pesar de las dificultades. Muchas gracias por hacerme el recado cuando te sea posible.

    Iosu

  4. nomeacuerdo Publicado: 6 Septiembre, 2006

    Josus, cuenta con el recado. Hablé ya con tu secretaria, que estaba limándole las uñas a Julián Muñoz o a Sara Montial, no recuerdo, y quedamos en intercambiar material comprometido esta semana. Ahora que se acaba el verano, empiezo a entender que tu viaje es de verdad. ¿Y qué tiene que ver el final del verano con eso? Ni idea.

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