En lo alto de la Pirámide de la Luna

No podía irme del D.F. sin visitar las ruinas de una de las civilizaciones más importantes que habitaron en el centro de México. Junto a los Aztecas, los teotihuacanos construyeron la que fue la ciudad más poderosa del antiguo México y capital de uno de los imperios más extensos de la era prehispánica. Para llegar a Teotihuacán, situado a menos de 50 kilómetros de la Ciudad de México, tienes dos opciones; tomar los autobuses que salen de la estación de metro Indios Verdes (línea 3) o bien ir a la Terminal Central del Norte –TCN– (metro Autobuses del Norte, línea 5), buscar la sala 8 y comprar un billete en el mostrador de la compañía Flecha Roja, por unos 27 pesos. Salen cada 15 minutos y tardan una hora en hacer el trayecto. Asegúrate por si acaso de que deja en las ruinas.

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987, Teotihuacán es uno de esos lugares de visita obligada para pasar al menos una mañana entera. Por un módico precio -45 pesos- se puede acceder a un vasto complejo arquelógico que comprende más de 24 kilómetros cuadrados. Una vez dentro, como me interesaba grabar en video la explicación de un guía, conversé con alguno de los que allí se encuentran a la caza del turista para acordar un precio que me pareciera justo -100 pesos-. Finalmente hice el trato con el guía federal Odilón Jiménez compartiendo las explicaciones con un par de chicas costarricenses.

En primer lugar nos dirigimos a La Ciudadela en la que se encuentra el templo de Quetzalcóatl, Dios representado por una serpiente emplumada que se encuentra acompañado de Tláloc, el Dios de la lluvia. Realmente se sabe muy poco de la cultura teotihuanaca. Como dato curioso hay que destacar que los nombres que llevan los monumentos, lugares y creencias fueron puestos por los aztecas cuando descubrieron la ciudad.

UN ESPACIO MÍSTICO

Para los mexicas -aztecas- Teotihuacán era un lugar sagrado. De ahí que su nombre quiere decir algo así como “donde los hombres se convierten en dioses”. Aunque un guía indígena al que encontré tocando la flauta y rezando en náhuatl en las escaleras de la Pirámide del Sol me dijo que esa apreciación es equivocada; realmente significa “lugar de las energías”. Quizás por eso, por su especial situación astronómica, cada equinoccio de primavera (21 de marzo) llegan en peregrinación a este lugar miles de personas y se suben -algunas ataviadas con túnicas blancas- a sus pirámides para captar las energías místicas que allí se concentran.

256 ESCALONES

Al salir de La Ciudadela, caminamos por el Miccoatli (Calle de los Muertos), inmensa avenida central que recorre Teotihuacán de norte a sur. En el trayecto hacia la imponente Pirámide del Sol, que se encuentra más o menos en la mitad del recorrido, visitamos lo que fueron las casas de las familias o clanes teotihuacanos formados por hasta 100 personas. ¡Imagináos el pedazo de mansión! ¡Con ducha rudimentaria y todo!

Hasta los más vagos no pueden poner excusas para dejar de subir a lo más alto de la Pirámide del Sol, la tercera pirámide más grande del mundo, tras las de Tepanapa en Cholula (México) y la de Keops en Gizah (Egipto). Cada uno de sus lados mide 222 metros, su altura es de algo más de 70 metros y pesa más de 3.000 kilos. Tiene mucho mérito haber construído semejante obra de colosal tamaño sin rueda, herramientas de metal y animales de carga. Aquí estoy yo, momentos antes de subir la pirámide, haciendo lo que podía para que se me entendiera con el vendaval que soplaba.

A los pies de la Pirámide del Sol

Un consejo importantísimo para no terminar hecho una piltrafa al subir a la pirámide es hacerlo en zig zag. No sé cual es la razón científica pero realmente te cansas menos. Un guía me dijo hace poco en Palenque que los mayas subían y descendían de esta manera para mostrar respeto -al subir- y no dar la espalda a los Dioses -al bajar-. Una vez en lo más alto de la Pirámide del Sol encontré a un grupo de señoras argentinas entonando cánticos religiosos y minutos más tarde se congregaron una decena de monjas asiáticas rezando con melodías operísticas lideradas por una solista muy graciosa.

Aunque uno sea a veces un tanto escéptico con eso de las energías -afortunádamente cada vez menos-, no desaproveché la ocasión para relajarme en la cima durante algo más de media hora y enviaros toda la energía positiva posible.

Ohmmmmmmmmm

En Teotihuacán hay que andar mucho y suele hacer bastante calor en las horas centrales del día. Por lo tanto es recomendable ir con calzado cómodo, llevar algo de comer y agua en abundancia. A la hora de subir a las pirámides no se puede olvidar que debido a la altura de la zona, unos 2.300 metros, el esfuerzo físico es superior al habitual. Es aconsejable ir muy pronto en la mañana, sobre las 9, para no pasar calor y sobre todo poder disfrutar a solas en lo alto de las pirámides del encanto de esta ciudad.

Descendí de esta pirámide y me dirigí por la Calle de los Muertos a la Pirámide de la Luna, cuyas proporciones son más armónicas, para coronarla a media tarde justo cuando comenzaba a llover a cántaros.

Pirámide de la Luna

En la cima de la pirámide, una chica me pidió si le podía sacar la foto de rigor con toda la vista panorámica de Teotihuacán que se divisa desde allí. Se llamaba Agnese, era lituana, y estaba viajando por México y Guatemala sola haciendo autoestop. Una artista del presupuesto ajustado. Se colaba en todas las ruinas saltando vallas o adentrándose por los bosques adyacentes y conseguía alojamiento en un par de webs en las que la gente de diversos países ofrece un hueco en su casa: Hospitality Club y Couch Surfing.

Antes de salir de las ruinas, un rápido paseo por el Palacio de Quetzalpapálotl y a esperar el autobús de regreso en la carretera principal. Un colofón perfecto para despedirme del Estado de México y poner la mira en el sur del país. Próximo destino: San Cristobal de Las Casas (Chiapas).


Fotos TEOTIHUACÁN



the author

Videoperiodista, documentalista y aventurero. Entre mayo de 2006 y junio de 2007 realizó uno de los grandes viajes de su vida: la ruta panamericana. De esta aventura nace el documental “La costura de América” que narra su viaje en solitario de 45.000 kilómetros, realizado íntegramente por tierra y más de 11 meses desde Prudhoe Bay (Alaska) hasta Bahía Lapataia en Tierra de Fuego (Argentina). Ha trabajado como corresponsal de la Agencia EFE en la India y realizado decenas de reportajes sobre turismo, cultura y sociedad para el canal de televisión español Telecinco. En enero de 2014 estuvo nominado en los Premios Goya con su cortometraje documental "La Alfombra Roja" rodado en un slum de India y que lleva acumuladas más de 130 selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Consulta mi perfil en G+: Iosu López

Sin comentarios todavía

Deja un comentario