Casi no llego. Sí, estás leyendo bien. Por un mísero trámite casi no logro entrar en Tierra del Fuego. Recapitulemos. Partí de El Calafate por la mañana desde la terminal de autobuses rumbo a Río Gallegos. Allí cambié de autobús con dirección a Ushuaia haciendo escala en Río Grande. 900 kilómetros de recorrido que realiza la compañía Tecni Austral, única empresa de transporte terrestre que une regularmente la Isla Grande de Tierra del Fuego con el continente. Hay otras compañías que también viajan a Ushuaia como Tolhuin.

Poco tiempo después de haber partido de Río Gallegos arribamos al Estrecho de Magallanes. Para cruzarlo el autobús se adentra en un ferry cuyo recorrido no es excesivamente largo y que opera la empresa Transbordadora Austral Broom. Para acceder a Tierra del Fuego se puede hacer bien desde el lado chileno en Punta Arenas o en mi caso, estando en el extremo oriental en territorio argentino, el paso más angosto de unión entre isla y continente es Punta Delgada. Antes de llegar a la primera población importante en territorio argentino hay que atravesar una pequeña porción de territorio chileno lo que significa que es necesario realizar los trámites aduaneros correspondientes.

No me esperaba lo que me iba a suceder minutos después. Rellené el formulario de inmigración y cuando me tocó el turno para que sellaran mi pasaporte el funcionario de aduanas me dijo que me denegaban la entrada. Es cierto que quedaba menos de un mes para que mi pasaporte expirase. Me quedé petrificado. Llevaba más de 40.000 kilómetros encima y por un mísero sello no iba a poder terminar mi viaje íntegramente por tierra. Salí desolado de la oficina. El conductor del autobús me dijo que debía sacar mi equipaje. Iván, mi compañero de viaje desde Honduras, me dijo que lo intentásemos otra vez. Volví a ponerme en la cola y diez minutos después me volvió a atender el mismo policía. Durante la larga espera dí con una posible solución. Mes y medio antes había entrado por el puesto fronterizo del norte cerca de San Pedro de Atacama. Sólo había estado un día en Chile y tenía muy poco más de validez en mi pasaporte. Le dije eso al policía y por hartazgo o divina providencia, terminó estampando el deseado sello con el que podía seguir viaje.

Parte del recorrido por la última tierra del continente americano la realicé en 4×4 manejado por la excelente empresa de aventura Canal Fun & Nature con base en Ushuaia. Nos adentramos en bosques a través de caminos embarrados imposibles, divisamos alguna que otra castorera y bordeamos uno de los lagos más grandes de América, el Fagnano.

4×4

Este imponente espejo de agua se encuentra a unos 100 kilometros de Ushuaia dividido entre Chile y Argentina. En el lago se pueden avistar aves autóctonas como los petreles, albatros y cauquenes; y se practica la pesca deportiva. Fue llamado Khami por la tribu Selknam que habitaba la región. Recibe su nombre actual en honor al sacerdote católico Monseñor José Fagnano, que fue el primer administrador Apostólico de la Patagonia.

Lago fueguino

A parte del majestuoso lago Fagnano, en el camino nos topamos con un maravilloso lago oculto en la cordillera, al pie del Paso Garibaldi, el lago Escondido. Se encuentra al otro lado de los Andes Fueguinos, 60 kilómetros al norte de Ushuaia. Desde la Hostería Petrel, ubicada en la cabecera del lago, se pueden realizar caminatas por las montañas que lo circundan y practicar la pesca deportiva. De allí, ascendemos hacia el Paso Garibaldi (450 metros de altitud) desde donde se puede ver una bonita panorámica del Lago Escondido, y al fondo, el Lago Fagnano. Finalmente llegué a las puertas del final de mi aventura: Ushuaia.


Vista de Ushuaia

Cuando casi estás a punto de concluir un viaje en el que has depositado todas tus energías no puedes creerte del todo que estás a un paso de la meta. La ciudad más austral del mundo nos recibió con un día soleado. Curiosamente un par de días más tarde se pondría a nevar copiosamente. En un lugar como éste aquello era un regalo para sumar encanto al final de mi aventura. Se nota que las condiciones de vida en el fin del mundo han cambiado notablemente desde que los primeros pobladores llegaron a estas tierras. Ushuaia es hoy una ciudad con todos los servicios. A pesar de todo, el hecho de sentir que uno está en un extremo del continente, en una isla y que toda muestra de civilización se encuentra a varias horas de viaje… te hace sentir por un momento aislado y privilegiado.

Bahía de Ushuaia

Durante todo el descenso por la patagonia argentina una de las cosas que más he disfrutado aparte de sus paisajes es su gastronomía. La cocina patagónica es una de las cocinas más variadas del país. Truchas, mariscos, ciervos, jabalíes, cordero patagónico, centolla y una riquísima variedad de postres son algunas de sus suculencias. Dependiendo de la región los platos varían. Por ejemplo en la costa atlántica se cocinan meros, congrios, abadejos, merluzas, cholgas, mejillones y almejas. Entre los crustáceos, las centollas -de un metro de largo- se suelen hacer en forma de crepes y con salsa de azafrán. Es uno de los mejores platos a probar en Ushuaia. Esta variedad de centolla se da sólo en el canal de Beagle y en el otro extremo contrario del mundo, en Alaska. Otro plato típico es la merluza negra preparada con salsa de limón y manteca.

En otros lugares de la Patagonia, más al norte, como San Martín de los Andes, Bariloche y El Bolsón se prepara el jabalí a la borgoña, el ciervo a la cazadora, en escabeche o en diversas formas de paté y las truchas de río se sirven enteras o en filete. Una especialidad de estas latitudes australes es la variedad de ahumados: Ciervo, jabalí, trucha y quesos. Como podéis ver a uno se le abre el apetito solamente con hablar de semejantes platos. Probé algunos de ellos y me quedo con las ganas de volver algún día a paladearlos.

Entre las delicatessen patagónicas hay que destacar la carne del cordero patagónico, plato que ha adquirido renombre en la cocina internacional. Rica y tierna como pude comprobar un día para cenar. Se cocina en el asador, a fuego lento hasta que la carne y la piel estén bien crujientes. Para los más golosos existen dos referencias que uno no puede dejar de probar: Las frutas finas y secas hechas en forma de dulces y mermeladas de fresa, rosa mosqueta, guinda, grosella y moras. Esta zona también destaca por la elaboración de un riquísimo chocolate artesanal. Con el estómago saciado, sólo falta ponerle la guinda al corazón después de casi 11 meses en la carretera.

Ushuaia, el fin del mundo

HACIA EL FIN DEL MUNDO

Ushuaia tiene un montón de sitios que visitar tanto dentro como fuera de la ciudad: El Presidio y Museo Marítimo, el Parque Nacional Tierra de Fuego, el Tren del Fin del Mundo, el Glaciar Martial… Si hay algo imprescindible que uno no puede obviar es explorar el Canal de Beagle. Si decidís hacer esta excursión os recomiendo que lo hagáis con Patagonia Explorer SRL (Cel: +54 15-465841 / 42 / 603181). Al lado del muelle turístico están las casetas de las diferentes empresas que realizan los paseos por el canal. Este viaje en barco de media jornada o completa te permite conocer la extraordinaria geografía y fauna fueguina por las islas y bahías circundantes.

Isla de los Pájaros

La mayoría de itinerarios se detienen en la isla Alicia para observar una colonia de lobos marinos y luego se acerca a Isla de los Pájaros donde se aprecian los cormoranes reales e imperiales que podéis ver en el video que hay en la parte superior. La navegación continúa hasta la Isla de los Lobos donde se pueden avistar ejemplares de estos mamíferos, en sus variedades de uno y dos pelos.

Isla de los Lobos

El punto más alejado de esta excursión es el simbólico Faro Les Éclaireurs (“Los iluminadores” en francés), una buena postal del fin del mundo. La mayoría de agencias turísticas utilizan en sus folletos el reclamo de llegar al Faro del Fin del Mundo sin embargo, la novela homónima escrita por Julio Verne se inspiró realmente en el Faro San Juan de Salvamento, enclavado en la Isla de los Estados, más al este.

Faro Les Éclaireurs

De regreso a Ushuaia desembarcamos en la isla Bridges para dar un paseo interpretativo sobre la flora y la avifauna local.

Isla Bridges

Los escasos restos arqueológicos que quedan en la isla cuentan cómo vivían estos indígenas 7000 años atrás. Sobreadaptados a las bajas temperaturas, andaban desnudos y se alimentaban de lo que obtenían con la pesca en el mar. En el siglo XIX llegó el hombre blanco y en sólo 70 años las enfermedades que con ellos trajeron acabaron con todos ellos.

AL FINAL DEL CAMINO

He logrado hacer realidad uno de mi sueños. Me siento feliz. Cuando partí hace casi 11 meses desde el norte de Alaska no imaginaba que finalmente fuera a llegar al destino que me había propuesto. En el camino he hecho muy buenos amigos, he vivido experiencias felices y otras muy difíciles como pasar casi un mes enfermo al contraer la fiebre tifoidea. Viajando he aprendido a valorar mucho más las cosas que tengo, a amar más aún a la gente que me rodea, que nada paga la suerte que tengo de contar con todo lo necesario y mucho más, algo con lo que no cuentan muchos millones de personas en este continente. He aprendido a no quejarme por cosas que realmente no merecen la pena, a intentar no entrar en el absurdo juego del consumismo, a vivir con mayor intensidad cada momento feliz y ver lo positivo en los malos momentos. Viajando aprendes, ríes, lloras, caminas, cantas, sufres, paladeas nuevos sabores, conoces otras costumbres, conversas, te enfadas… Es vivir al 100%. Esta droga engancha y te hace crecer como persona. Aquí estoy, a orilla de Bahía Lapataia.

Dicen que la felicidad sucede en instantes más o menos fugaces, más o menos intensos… que se saborea en el corazón y se siente por todo el cuerpo. Sé que uno de los momentos más felices de mi vida estará ligado a este apartado lugar del mundo a orillas de Bahía Lapataia. Tengo la sensación de que estoy infectado con el virus del viajero y ésta no va a ser la única aventura.


PARQUE NACIONAL TIERRA DEL FUEGO


LAGO FAGNANO Y LAGO ESCONDIDO


PRESIDIO DE USHUAIA


USHUAIA


CANAL DE BEAGLE

the author

Videoperiodista, documentalista y aventurero. Entre mayo de 2006 y junio de 2007 realizó uno de los grandes viajes de su vida: la ruta panamericana. De esta aventura nace el documental “La costura de América” que narra su viaje en solitario de 45.000 kilómetros, realizado íntegramente por tierra y más de 11 meses desde Prudhoe Bay (Alaska) hasta Bahía Lapataia en Tierra de Fuego (Argentina). Ha trabajado como corresponsal de la Agencia EFE en la India y realizado decenas de reportajes sobre turismo, cultura y sociedad para el canal de televisión español Telecinco. En enero de 2014 estuvo nominado en los Premios Goya con su cortometraje documental "La Alfombra Roja" rodado en un slum de India y que lleva acumuladas más de 130 selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Consulta mi perfil en G+: Iosu López

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