Tren recorriendo el interior de Alaska

Es difícil encontrar taxi a las 7 de la mañana en una ciudad desierta y tranquila como Anchorage. La providencia estuvo de mi parte y pude llegar a tiempo a la estación del Alaska Railroad para realizar el checking de maletas. Mi tren salía a las 8:15 con rumbo al Denali National Park, situado a unos 233 kilómetros, y cuya espectacular extensión de bosque boreal y tundra acoge la montaña más alta de Norteamérica, el McKinley -conocido también como Denali- con 6.194 metros de envergadura. Alaska, palabra de la lengua aleut que significa «el gran territorio», es un lugar extrañamente acogedor. Como podéis ver en las fotos, el color verde y marrón prevalece en sus paisajes y llama la atención el permanente silencio en el ambiente tan sólo interrumpido por el ruido de las aguas de algún río aislado. Durante las 7 horas que dura el viaje dediqué mi tiempo a admirar los diferentes parajes y echar alguna que otra cabezada necesaria para recuperar parte del cansancio acumulado. El tren realiza un par de paradas en dos pequeñas localidades: Wasilla (una de las escasas poblaciones de Alaska en las que se cultivan vegetales, el resto generalmente se importan) y Talkeetna, punto de partida de aquellos osados que pretenden ascender al McKinley.

Un par de anécdotas reseñables del trayecto. Entre vagón y vagón pedí a Danny, un señor que se encontraba sacando fotos, si podía grabarme con mi videocámara para tener algún plano en el que saliese yo. Lo gracioso del momento fue que cuando la cogió me percaté de que el pobre señor tenía un acentuado tembleque. Afortunadamente, todo queda bien disimulado con el traqueteo del tren. Por otro lado, no sé muy bien por qué, el revisor me otorgó la estrella de sheriff y agente junior del Alaska Railroad. Si la memoria no me falla, creo que es la primera condecoración que me otorgan. Un buen comienzo de viaje, sí señor.

Alaska-Railroad-tren-Iosu-Lopez-ventana

Lo más engorroso de llegar a un lugar que no conoces es la odiosa sensación de sentirte perdido como un pez fuera del agua. Tras recoger mi pesada mochila y la guitarra española que me he traído para alegrar los momentos de soledad, me dirigí al Visitor Center -Centro de Visitantes- para ver si alguien me aclaraba cómo podía llegar al hostal que previamente había reservado por teléfono desde Anchorage. Una amabilísima señora me solucionó el agobio con un par de llamadas y me metió de nuevo en la pecera en un santiamén. Tras hora y media de espera con autobús de por medio hasta el Wilderness Access Center, apareció la furgoneta del hostal conducida por un chaval de Texas llamado Seth. Para mi sorpresa, en el interior se encontraban Fran, un chico madrileño que trabaja como profesor de español en Oakland y que tras 15 días en Alaska volverá a España, y Patricia, antropóloga de la Universidad de Morelia (Méjico). No sabría muy bien cómo describir la alegría que supone poder expresarse sin trabas y con relajación en tu propio idioma. Curiosamente Seth es un tío que ha viajado con pocos más de 30 años por un montón de países, entre ellos estuvo trabajando como profesor de inglés en España. Me eché bastantes risas oyéndole imitar el acento gaditano y contarme historias de borracheras en Salamanca con una francesa y sus servicios de relaciones públicas, como él mismo lo definía, tomando día tras día miles de vinos con los abueletes de Cádiz.

Unas 12 millas al sur del parque, en el punto 224.5 de la Parks Highway cerca de Carlo Creek, se encuentra el Denali Mountain Morning Hostel. Al contrario de lo que me imaginaba, el alojamiento era fascinante. Situado en medio de un bosque junto al río, bajo dos espectaculares montañas nevadas, con varias casitas de madera, duchas limpias, tienda de comestibles y un trato amable, por unos 27$ me alquilaron una tienda de campaña -lo único disponible en ese momento- ya montada y bien dispuesta sobre una plataforma de madera. Al otro lado de la carretera, tomé una cerveza y una sabrosa hamburguesa en un coqueto restaurante mientras charlaba con Patricia sobre su trabajo, viajes y el conocimiento de uno mismo a través de ellos. Después a dormir como los Lunnis porque a la mañana siguiente tocaba probar suerte para ver si quedaban plazas libres para uno de los autobuses que se adentran en el parque y para el que Fran tenía ticket a las 7:30.

GALERÍA ALASKA RAILROAD

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Anónimo the author

Videoperiodista, documentalista y aventurero. Entre mayo de 2006 y junio de 2007 realizó uno de los grandes viajes de su vida: la ruta panamericana. De esta aventura nace el documental “La costura de América” que narra su viaje en solitario de 45.000 kilómetros, realizado íntegramente por tierra y más de 11 meses desde Prudhoe Bay (Alaska) hasta Bahía Lapataia en Tierra de Fuego (Argentina). Ha trabajado como corresponsal de la Agencia EFE en la India y realizado decenas de reportajes sobre turismo, cultura y sociedad para el canal de televisión español Telecinco. En enero de 2014 estuvo nominado en los Premios Goya con su cortometraje documental "La Alfombra Roja" rodado en un slum de India y que lleva acumuladas más de 130 selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Sigue mis viajes en mi perfil de Twitter, Facebook e Instagram.