Centro de Lima

Fueron dos jornadas de viaje apasionantes pero fatigosas desde que salimos Iván y yo de Máncora en dirección a Lima con una parada en Trujillo para visitar Chan Chan, la ciudad de adobe más grande de América. Llegamos con Ormeño a la capital peruana sobre las 7:30 de la mañana. Desde la terminal de esta compañía de autobuses tomamos un taxi por 10 soles a Los Álamos de Monterico, la urbanización en la que viven Pecas y Quique Ascenzo que son los tíos de mi amigo Miguel Ascenzo. Fueron unos magníficos anfitriones y nos trataron como si fuéramos de su propia familia. Después de dormir un rato para recuperar el sueño perdido en el largo viaje de 9 horas entre Trujillo y Lima, saboreamos una suculenta comida consistente en una rica ensalada de aguacate, arroz con pollo y de postre durazno -melocotón en España- con papaya. Mi intención inicial era pasar al menos dos o tres días en Lima pero el tiempo apremiaba si quería llegar el sábado a Arequipa. Aproveché mi estancia en la capital peruana para ir a una oficina de UPS y enviar un paquete de cintas del documental que estoy grabando sobre mi propia aventura a través de la ruta panamericana.

TIERRA DE NIÑOS

A mediodía había quedado con Joaquín Leguía, fundador de la ONG Ania (Asociación para la Niñez y su Ambiente), para obtener más información sobre su proyecto Tierra de Niños. Una Tierra de Niños (TiNi) es un espacio entregado a niñas y niños donde criar todo tipo de vida y diversidad. En este proceso de autogestión y aprendizaje los chavales fortalecen su autoestima e identidad con el medioambiente. Según la extensión y el tipo de ecosistema elegido esta Tierra de Niños podrá adoptar diversos nombres como «El Bosque de los Niños», «La Montaña de los Niños», «La Laguna de los Niños» o «La Maceta de los Niños». Cualquier microecosistema puede participar en esta interesante iniciativa. El proyecto piloto del Programa “Tierra de Niños” fue el “Bosque de los Niños” (BoNi). Esta experiencia se desarrolló por primera vez en las selvas de la región de Madre de Dios entre 2001 y 2004 gracias al apoyo de organizaciones como Ashoka, AVINA, la Fundación Matthiessen y ACCA. La experiencia se implementó por primera vez en Boca Amigo, un pequeño poblado rural de 100 personas ubicado en la cuenca del río Madre de Dios. En este pueblecito viven peruanos emigrados del altiplano que se dedican al comercio, la minería y la tala de árboles.

Joaquín Leguía, director ejecutivo de Ania, transmite una energía positiva e ilusión por lo que hace que no se encuentra fácilmente. Cree profundamente en su proyecto nacido de un sueño de infancia. Cuando era niño corría a refugiarse en el jardín de su casa cuando sus padres se enzarzaban en largas discusiones. No pasaría mucho tiempo hasta que se divorciasen. De esta experiencia habitualmente traumática, el pequeño Joaquín soñó un mundo propio en compañía de vegetales, flores y árboles. Eso sirvió años más tarde para luchar por algo que bullía en su interior, la necesidad de educar en la protección del medioambiente y cuidar el único hogar que tenemos. «El futuro de este planeta son los niños. Son nuestro legado y heredarán la Tierra en el estado en que la dejemos», me dice Joaquín. Habíamos estado hablando largo rato sobre Tierra de Niños y el valor de adoptar la postura de escribir tu propio guión de vida y no el que dictan a veces de manera cuasi automática las costumbres, las relaciones, la sociedad o el propio inconsciente. Al despedirme de Joaquín me regaló una semilla del Bosque de los Niños deseándome un feliz fin de viaje. Desde ese día la llevo colgada de mi cuello con la ilusión de culminar mi aventura en Bahía Lapataia y que todos aquellos a quienes quiero tengan un buen deambular por esa gran ruta que es la vida. No me puedo olvidar de Yllari Chaska, la persona encargada de comunicación en esta ONG, que nos atendió estupendamente. Muchas gracias y suerte con todos tus proyectos.

ANTICUCHOS: SUEÑO CUMPLIDO

La gastronomía peruana tiene a mi juicio algunos platos exquisitos. En mi anterior viaje a este país probé muchos de sus platos y bebidas típicas (ceviche, papa a la huancaína, mazamorra, chicha morada…). Sin duda el que más me gustó fueron los anticuchos, una especie de pincho moruno asado cuyo ingrediente principal es el corazón de vaca. A pesar de que dicho de esta manera no suene muy sabroso os puedo asegurar que está delicioso. Soñaba con volver a encontrar el puestecillo callejero en el que los probé por primera vez. Desde hace unos años ese puesto ambulante al que me refiero se ha hecho famoso en el centro de Lima por preparar este suculento manjar acompañado de papas sancochadas y choclos al que acuden día tras día decenas de limeños. Se trata de GRIMA Anticuchos (Esquina Enrique Palacios con 27 de Noviembre – Miraflores / Celular: 9849 3137). Todos los días hay filas de coches aparcados en doble fila esperando su turno e incluso el negocio ha evolucionado de tal manera que puedes realizar tu pedido por teléfono. Además del éxito adquirido a través del boca a boca entre los limeños, la recomendación de este puestecito callejero por parte del famoso cocinero peruano Gastón Acurio en su programa de televisión «Aventura culinaria» ha disparado la lista de clientes. Aunque todavía la tecnología no permite probar comida a través de internet ahí va un video explicativo del proceso para que os hagáis una idea.

Anticuchos paso a paso

El centro de Lima no tiene fama de ser un lugar muy seguro aunque en los últimos años algunas zonas son perfectamente transitables de día. Como en toda capital es mejor estar siempre atento a la mochila o el bolso para evitar robos al descuido. En un área no muy extensa el visitante se topa con la Estatua de San Martín, la Catedral, el Palacio de Gobierno, la Iglesia de La Merced y algo más lejos en el bohemio barrio de Barranco se puede pasear por el Puente de los Suspiros o ver la Iglesia de la Santísima Cruz ubicada junto al Parque Municipal. Y como no, no podía faltar en una zona turística como la Plaza de Armas la estampa típica de un grupo de japoneses sacándose fotos con policías antidisturbios. Hasta allí nos había traído desde casa de los Ascenzo un taxista-sexólogo muy instruido en las tareas de proporcionar placer a las mujeres.

Placer femenino

Regresamos a casa para recoger el equipaje, nos despedimos de Pecas y Quique agradeciendo su hospitalidad y tomamos un taxi a la terminal de la compañía Cruz del Sur. Salimos a las 20:30 hacia Arequipa. Por delante más de 11 horas de viaje y algo más de 1000 kilómetros. El billete de bus incluía cena ligera acompañada del refresco nacional: La Inka Kola. La curiosa historia de esta bebida originaria de Perú la resumen brillantemente Marco Avilés y Daniel Titinger en un reportaje publicado en la revista Etiqueta Negra. Dice así: «Color orina y sabor a chicle. Él no lo dijo, pero quizá lo pensó. Muchos lo piensan. En abril de 1999, el recién llegado a Lima presidente del directorio de The Coca-Cola Company, M. Douglas Ivester, tuvo que probar en público -para el público- la gaseosa que los peruanos preferían. Entrevista de rigor. La prensa esperaba el trago definitivo. Él no lo dijo, pero quizá lo pensó: la gaseosa más bebida en todo el mundo había sido derrotada, lejos de casa, por una desconocida. El brindis fue la claudicación: Coca-Cola no podía competir con Inca Kola, así que sacó la billetera y la compró.

Perder, comprar, todo depende del envase con que se mire. Lo cierto es que la compañía que había hecho añicos a la Pepsi en Estados Unidos, y que en menos de una semana desbarató el imperio de esta bebida en Venezuela, que facturaba más de diez mil millones de dólares al año, que pudo conquistar el enorme mercado asiático, que auspiciaba en exclusiva los mundiales de fútbol y las olimpiadas, que distribuía botellas etiquetadas en más de ochenta idiomas, que alguna vez hizo de Buenos Aires la ciudad más cocacolera del mundo, que se había adueñado de Columbia Pictures, que estuvo a punto de comprar American Express, que fue publicitada por The Beatles y Marilyn Monroe, y que hacía que el emperador de Etiopía, Haile Selassie, subiera a su avión sólo para ir a comprarla a países vecinos, es decir, la Coke, nunca logró convencer del todo el paladar de un país tercermundista llamado Perú». Al final el pez grande se come al chico pero al menos éste ha plantado batalla.

AREQUIPA, LA CIUDAD BLANCA

Nada más llegar tomamos un taxi hacia el alojamiento Hostal El Caminante Class Inn (15 soles, habitación doble, TV cable, agua caliente). En realidad buscábamos el hostal Caminante Class pero el taxista decidió llevarnos a este con nombre parecido y así cobrar su comisión. De todos modos el hospedaje estaba limpio y bien de precio -negociando claro-. Los colores de la bandera de Perú (rojo y blanco) dan una idea del contraste paisajístico que ofrece la tierra en la que reinaron los Incas. No es un país monocolor. La costa peruana de norte a sur mantiene un clima caluroso y desértico que contrasta conforme se asciende la cordillera de los Andes cambiando hacia un verde y marrón intenso salteado con las pinceladas blanquecinas de sus cumbres nevadas o el azul reflectante de lagunas y lagos como el Titicaca. El resto del colorido lo ponen los trajes y vestimentas tradicionales del altiplano. Por su parte Arequipa, segunda ciudad del país, se encuentra rodeada de majestuosos volcanes, en uno de los cuales se halló la mundialmente famosa momia «Juanita», una niña sacrificada en la época del Imperio Inca conservada en muy buenas condiciones. La ciudad blanca es además el centro más importante de producción de lácteos del país en el que tiene base la conocida empresa Gloria. Aunque lo de ciudad blanca nada tiene que ver con la leche.

Misti, Chachani y Pichu-pichu

Arequipa conserva en perfecto estado una arquitectura colonial con un centro histórico que transporta a la época de la conquista. Entre sus atracciones turísticas a parte de la mencionada momia «Juanita» están el Monasterio de Santa Catalina, la Iglesia de San Francisco o la Iglesia de La Compañía. Si lo que se quiere es tener cierta perspectiva del lugar en el que se emplaza la ciudad puede resultar interesante visitar el Mirador de Sachaca (1 sol por subir a la torre y otros tantos soles el taxi de ida y vuelta) desde donde hay una bonita panorámica de la campiña arequipeña. Después del oportuno paseo turístico era el momento de regresar al hostal para tomar una ducha y quedar al atardecer con Wilson, amigo que conocí hace dos años en mi anterior visita a Perú. Salimos a conocer la zona de marcha, probé de nuevo el pisco sour y terminamos la noche en la discoteca Casona Forum. Al día siguiente para hacer más leve la resaca recuperé mis dotes culinarias transformándome en Chef Guevara y preparar mi única especialidad: Pollo Strogonoff. Los comensales quedaron satisfechos y asentamos la cena con un mate de coca hervido con hojas naturales. Antes de partir y comenzar el ascenso hacia el altiplano andino compramos cuentos, cuadernos, pinturas y bolígrafos para llevar a una familia en la que Iván tiene un niño apadrinado con InterVida. La mochila que cargo a mi espalda no va cargada de piedras sino de regalos y Sonrisas Viajeras. Próximo destino: Ayaviri.


LIMA


AREQUIPA