Familia de Ronal

En primer lugar disculpar estos dos meses de ausencia sin crónicas en esta bitácora virtual reflejo de las experiencias de un viaje personal fraguado a través del continente americano desde Alaska a la Patagonia argentina siguiendo el trazado de la ruta panamericana. Todavía quedan muchas aventuras por contar en el camino hacia la ciudad más austral del mundo: Ushuaia. Os agradezco enormemente a todos aquellos que habéis visitado en alguna ocasión este rincón viajero, aquellos que me habéis enviado mensajes de apoyo o consultas diversas. Espero haberos podido ayudar en la medida de lo posible.

Nos quedamos en Arequipa, la ciudad blanca del sur peruano en la que tuve el placer de volver a ver a mi amigo Wilson. Desde esta ciudad rodeada por los majestuosos volcanes Misti, Chachani y Pichu-pichu, con una altitud de 2500 metros sobre el nivel del mar, partí en un atutobús desvencijado con Iván, compañero de viaje originario de Valencia que me acompaña desde Honduras, hacia un pequeño pueblecito del altiplano peruano llamado Ayaviri. Allí acudimos con la intención de visitar a una familia en la que Iván tiene apadrinado un niño a través de la ONG Fundación Intervida. A pesar de los escándalos acaecidos hace unos meses por el supuesto desvío de fondos recaudados del apadrinamiento para inversiones en construcción y fondos bancarios, la impresión que me llevé de la gestión de los recursos por parte de Solaris (empresa peruana encargada de utilizar el dinero proveniente de Intervida España en este país) fue excelente.

Tomamos el bus sobre las 15:30 horas con una compañía local. El trayecto se antojaba largo y pesado, más aún si tenemos en cuenta que nos brasearon con la trilogía de Rambo con interrupción del audio cada medio minuto. El paisaje conforme se asciende al altiplano comienza a transformarse en puna, gélido desierto salpicado de arbustos aislados característico de la Cordillera de los Andes entre los 3500 y 4.500 metros de altura sobre el nivel del mar. A esta altitud el clima se torna muy frío, con escasas precipitaciones y una temperatura media anual de 0 °C a -7°C.

En el ascenso hacia Juliaca, la nieve decidió acompañarnos durante un buen rato haciendo más peligroso el rodaje por el asfalto. En pleno puerto de montaña nos topamos con un autobús de la misma compañía que bajaba hacia Arequipa y se había salido de la carretera, accidente que no había causado heridos por fortuna. Llegamos de noche sobre las nueve a Juliaca donde cambiamos de bus con Destinos Express, vehículo destartalado sin calefacción y que prometía un viaje de lo más incómodo. Recomiendo para trayectos nocturnos en este tipo de buses locales doble ración de calcetines ultragruesos, saco de dormir o manta y complementos de invierno para el resto del cuerpo(gorro, forro polar, bufanda y guantes). El conductor se pasó nuestra parada en Ayaviri recorriendo cerca de 50 kilómetros más. Menos mal que nos dimos cuenta porque si no terminamos en Cuzco. Bajamos en Sicuani a la 1:30 de la madrugada -la noche era oscura y llovía copiosamente- sin saber a ciencia cierta si tendríamos algún lugar para hospedarnos. Por suerte el Hospedaje Jose´s tenía una habitación libre con cama de matrimonio y sin calefacción por 12 soles (4US$). Allí descansamos Iván y yo como pudimos refugiados en nuestro saco de dormir unas pocas horas para dirigirnos pronto por la mañana de vuelta a Ayaviri con Power Bus. La altura comienza a notarse en el ascenso al altiplano cuando sientes que la cabeza empieza a embotarse, a veces con una leve sensación de náusea y cansancio físico al menor esfuerzo. De alguna manera mi cuerpo ya se había habituado al mal de altura cuando enfermé al llegar a Quito (Ecuador). Para evitar repetir esta desagradable situación tomé hoja de coca en infusiones así como mascada a modo de profilaxis.

HOJA DE COCA: REGALO DE LOS DIOSES

Cuenta Paulina Arce en la revista Ser Indígena que la Koka Kintu es el regalo que hizo el Dios Inti al pueblo andino. Durante muchos siglos ha sido sagrada y los pueblos andinos la han utilizado como sustento del alma y del cuerpo. Para los indígenas del altiplano la coca es mucho más que una planta. Se transforma en su alimento, en su consuelo, en la llave de su existencia. En estas tierras utilizan esta hoja sagrada en ceremonias, fiestas, pues son premonitoras del destino y, mediante el acto de acullicar –mantenerlas en la boca entre la mejilla y los dientes sin masticar- se transforma en un alimento, en un tónico revitalizante, que combate el cansancio, el frío y el hambre.

Sin duda, el mundo occidental difiere abiertamente del consumo de la hoja de coca y se ha transformado en un problema para la forma de vida moderna. Y, la primera razón de este rechazo es la gran confusión que causa la palabra, pues la coca se confunde con cocaína, concepto que ha provocado la reglamentación de los cultivos, la han considerado una droga y la han hecho caer en decadencia. La segunda oposición a ésta, es que se desconoce su verdadera utilidad y su uso tradicional.

Es importante entender la diferencia entre coca y cocaína. La coca, cuyo uso doméstico data de unos cuatro a seis mil años, es la hoja sagrada del pueblo andino. La cocaína, por su parte, es una invención europea de hace 140 años. Se necesitan 41 productos químicos para poder extraer la cocaína de la hoja de coca y se requieren 110 kilos de hojas para producir 600 gramos de cocaína pura.

KILÓMETROS DE SONRISAS

Cuando viajaba por México me vino a la mente la idea de dotar a mi viaje de un matiz solidario. Así nació Sonrisas Viajeras un pequeño gesto de ONG personal ambulante con el que evidentemente no cambiaré el mundo pero que merece la pena al menos por ver reflejada en el otro una sonrisa. Agradezco el apoyo en especial de Esperanza Cortés ya que con su donación se fraguó la mayor parte de una de las sonrisas viajeras más emotivas. Esta humilde iniciativa también contó con el apoyo desinteresado de Alejandro -creador de la web- y mi amigo Migueltxo Molina que editó este breve clip de presentación.

Para llegar desde Sicuani a Ayaviri es necesario pasar por paso Abra La Raya que se encuentra a 4338 metros de altitud. Esta mismo recorrido lo cubre paralelo a la carretera el trazado del tren de Peru Rail que une Cuzco con Puno. Llevo tallado en el corazón el recuerdo de aquel día vivido en Ayaviri con Ronal, un niño tímido y callado apadrinado por Iván. Miguel Araujo, coordinador de auspicio de Solaris en Ayaviri, nos recibió en la terminal de autobuses con un imponente 4×4 de la organización. Antes de acercarnos a la base de la ONG pasamos por una tienda de abarrotes y comestibles para comprar algunos alimentos básicos que pretendíamos entregar a la familia de Ronal.

Acopio de víveres

Una vez hecha la compra, pasamos un momento por las oficinas de Solaris para conversar con el coordinador general y conocer a fondo las labores que realiza la ONG en la zona. Hecho esto, cargamos los alimentos y material escolar (cuentos para colorear, pinturas, bolígrafos, cuadernos…) y nos acercamos a casa de Ronal.

Ayuda para la familia de Ronal

Antes de acudir a visitar a la familia de la que Iván es padrino, Miguel nos llevó a visitar una de las escuelas de Ayaviri financiadas por Intervida donde nos recibió el director de la escuela cordialmente cual si fuéramos autoridades políticas. Y como buen embajador de esperanzas, Iván se vio en el brete de dar un discurso ante la chavalería.

«El padrino»

En el patio como habéis podido comprobar en el video se alineaban más de 100 niños uniformados que desfilaban al ritmo de marchas marciales antes de entrar a las aulas. Curioso método.

Escolares desfilando marcialmente

En la escuela comprobamos de primera mano la calidad de las aulas, mobiliario escolar y el material didáctico que usan los niños. Al despedirnos, el director del centro educativo nos regaló a cada uno una escultura de barro típica del lugar. Sólo nos quedaba entregar todo el material que habíamos comprado a la familia del niño. Nuestra visita a su hogar fue especialmente emotiva. Sus padres nos recibieron con un abrazo y cierta vergüenza.

Entrega de la ayuda

Soy consciente que este gesto no solucionó sus carencias pero de alguna manera hizo que durante dos o tres semanas no tuviesen carencia de alimentos básicos y productos de higiene. Tanto el padre como la madre, cuyos rostros ajados por la dureza de tener que sacar adelante a una familia de ocho hermanos apenas con un trabajo de bicitaxi, leyeron a Iván un breve escrito que habían preparado agradeciéndole el apoyo de su donativo para la educación de Ronal.

CAÑÓN DEL DIABLO

Tras compartir un tiempo con la familia nos despedimos con un fuerte abrazo y fuimos con Miguel, Ronal y su hermano en 4×4 al alejado pueblecito de Umachiri para conocer el trabajo de la unidad móvil de salud que tiene Solaris allí desplazada. A doce kilómetros, al sureste de la ciudad de las huallatas y el cancacho: Ayaviri, se encuentra también la comunidad de Tinajani, ubicada a poco más de 4000 metros. Muy cerca de allí se encuentra el Cañón de Tinajani, también conocido como Cañón del Diablo. Este bosque de piedras es un lugar soñado para quienes practican el trekking y la escalada. Las rocas, erosionadas hasta adquirir formas sugerentes, pueden alcanzar más de cincuenta metros de altura y caminar entre ellas es toda una experiencia. Al mirarlas descubrimos formaciones distintas que pueden recordarnos a figuras humanas, saurios, fantasmas de granito, esfinges aladas… Este bello lugar no es muy frecuentado por turistas.

Las fábulas y leyendas generadas en el imaginario del los habitantes de la zona nos cuentan que en tiempos muy remotos no hubo sol ni luna y los habitantes de estas tierras a quienes llaman gentiles, eran tanto o más gigantes que estas rocas, siendo algunas de ellas sus palacios, utensilios de caza, sus mujeres y niños. Para desgracia de estos Davides pétreos un día salió el sol (Tata inti) y los petrificó, acabando con esta generación de gigantes que poblaron todo el altiplano. Actualmente al pie de estas gigantes rocas los “yatiris” (adivinadores de la suerte), durante el mes de agosto acuden a efectuar los pagos a la tierra (mesadas), convirtiendo este lugar en mítico y sagrado.

A estas formaciones rocosas los habitantes de la zona les han puesto nombres como Toldoqaqa, Qomerkiqllo, Tinaja, Hongo, La torre o Catedralqaqa. Todo es resultado de la erosión del viento, el granizo, las nevadas y la lluvia; muy frecuentes en esta zona. Todos los años al pie del majestuoso Tinajani se celebra el Festival de Danzas Autóctonas que suele congregar más de 3 mil bailarines de la provincia de Melgar, Ayaviri. otras provincias de la región de Puno y grupos de baile extranjeros.

Próximo destino en la ruta panamericana: Puno y las islas Uros y Taquile del Lago Titicaca.


AYAVIRI


CAÑÓN TINAJANI