Desde Lamanai continué mi ruta primero hasta Orange Walk Town por una pista de tierra en un 4X4 conducido por el dueño del lodge. Una vez allí desayunamos en el restaurante Juanita situado junto a la gasolinera Shell y retomamos el viaje por carretera hacia Belize City. Nos acompañaban Blanca, su relaciones públicas y una compañera de la empresa. En algo menos de 40 minutos atravesamos Ladyville, población aledaña a la capital, cruzamos el puente metálico sobre el caudaloso Río Belice que vierte sus aguas al Mar Caribe y tras callejear por el centro de la urbe me despedí de mi anfitrión en la puerta del Sea Side Guest House (Tfno: 227 83 39, Prince Street). Esta acogedora casa de huéspedes está atendido por dos simpáticas negritas, Therese y Artise. Siempre obediente y dócil, estaba su perrita Bella tumbada en la terraza del hostal. Con ambas solventé muchos momentos de soledad debido a que tuve que quedarme en Belize City alrededor de dos semanas porque la bacteria de la salmonella tifoidea volvió a aparecer de nuevo con más fuerza. Tuve que acudir al hospital de nuevo, hacerme análisis de todo tipo, tomar antibióticos de nuevo, estar ingresado un día con suero intravenoso, hacerme un ultraosnido y seguir una dieta estricta. Tanto tiempo detenido en la Ciudad de Belize ha minado mi moral bastante pero nadie dijo que fuera fácil atravesar el continente americano. En estos momentos luchan en el interior dos Iosus; el del «tengo las tripas chungas y me siento de asco» y el que dice «a mí una bacteria no me jode el viaje». Espero que gane el segundo.

Durante decenas de horas conversé con Therese sobre infinidad de temas de la vida, vimos concursos de televisión de los años 80 a los que es muy aficionada en un canal que emite concursos retro (desafortunadamente al ser en inglés no reponían «El Precio Justo»), reality shows como The Flavor of Love en el que el rapero adicto al crack de Public Enemy busca novia entre más de 20 histéricas o American Idol, el Operación Triunfo estadounidense del que salió vencedora en la primera edición Kelly Clarkson o un programa de radio de karaoke al que la gente llama para desafinar como bellacos. Así que terminamos haciéndonos amigos. Therese me decía: «Cuando te cases si me invitas a la boda iré a conocer España». Ya puede ir esperando sentada de momento.

WELCAM TO BELIZE CITY

Lo primero que llama la atención de Belize es su diversidad étnica (mestizos, criollos, garífunas, blancos, hindúes, chinos…) aunque más llamativo aún es que es el único país de Centroamérica en el que se habla inglés. Quizá debiera decir criollo porque salvo palabras sueltas que captas al vuelo, normalmente no te enteras de la mitad de lo que están diciendo. En lugar de pronunciar All Right como Ol Rai dicen algo así como Aa rait o sustituyen chikin por chicken. Una forma de hablar muy rastafari que comparten algunos países caribeños que fueron colonias británicas en el pasado: «Ya´ man, yur milioner wit tausans of dalar».

El país que conocemos actualmente como Belize fue, antes de su independencia de los anglosajones, un territorio conocido como la Honduras Británica. Su capital era la propia Ciudad de Belice (Belize City) ubicada en la desembocadura del río Belize y a orillas del Mar Caribe. Tras dejar de ser colonia británica, el gobierno regente decidió trasladar la capital a Belmopán, en el interior del país. Belize City la ciudad más grande con diferencia en un país que apenas supera los 230.000 habitantes y centro de paso obligado para el viajero se dirija hacia donde se dirija. Desde aquí se puede tomar un autobús para ir al norte y visitar Orange Walk Town, las comunidades de menonitas, las ruinas de Lamanai, el Santuario Comunitario de Babuinos (Community Baboon Sanctuary), el Santuario de Fauna de Crooked Tree (Crooked Tree Wildlife Sanctuary) y otras atracciones. También se puede tomar una lancha para ir a los cayos paradisíacos que emergen frente al arrecife de coral por toda la costa del país o tomar un autobús en dirección sur hacia las comunidades garífunas de Dangriga o Placencia para relajarse a ritmo de reggae bajo los cocoteros, la aventurera Cuenca de Cockscomb (Cockscomb Basin), la Reserva de Jaguares (Jaguar Reserve) única en el país, hasta los misteriosos sitios arqueológicos mayas como Caracol y Xunantunich.

La arteria principal de Belize City es Albert Street, un universo humano en el que conviven homeless, vendedores de fruta y discos piratas, puestos ambulantes de comida rápida, taxistas al grito de «Hey buddy, yu nid a taxi» y donde se concentra el mayor número de bancos y tiendas por metro cuadrado de todo Belize. Para acceder a la zona que se conoce como Downtown -el centro de toda la vida- se accede cruzando uno de los canales de la ciudad por el único puente manual giratorio del mundo que todavía funciona. Junto a él se encuentra la Belize Marine Terminal & Water Taxi desde la que se toman las lanchas para ir a Cayo Caulker y Cayo Ambergris y desde donde parten algunos autobuses hacia Flores (Guatemala). Dando un paseo cruzando el Swing Bridge llegas a lo que en el pasado fue el antiguo mercado principal, ahora Centro Comercial. En su interior hay algunos puestos de aspecto decadente y subiendo al primer piso se encuentra Big Dinner donde sirven uno de los rice&beans más sabrosos de la ciudad acompañado de puré de patata, ensalada, plátano frito y salsa a elegir.

Siguiendo por Regent Street en dirección hacia el muelle me topé con el bello edificio del Court House, frente al Battlefield Park. Al sur de Albert Street, dejando a mano izquierda un pequeño templo hindú, se alza la catedral anglicana más antigua de Centroamérica, St. John’s Cathedral, que fue construída en 1812 con ladrillos traídos como lastre desde embarcaciones europeas. Desde la terraza del Sea Side Guest House se podía admirar el faro de Fort George Point que se eleva sobre la entrada del puerto y fue construído con dinero donado al país por el benefactor más grande de Belize, el Barón Bliss. Su tumba se encuentra enfrente del faro que él mismo diseñó antes de fallecer.

La Ciudad de Belice, siendo franco, es bastante fea, de ahí que muchas guías de viajes recomienden pasar en ella el menor tiempo posible. Aún así hay lugares muy recomendables como el restaurante Dit´s (50 King Street) en el que sirven unos bizcochos y puddings de pan y arroz deliciosos. Brodies, en pleno Albert Street, es el supermercado con el surtido más variado de alimentos. Compré nuevas variedades de refresco para degustar como Gatorade de Mango Eléctrico -riquísimo- y Gatorade Melón -no tanto-, Fanta con sabor a piña -no estaba mal- y tres variedades muy marcianas también de Fanta: Fruit Punch, Soda Water y Root Beer.

Próximo destino: Altun Ha y el cayo Spanish Lookout.


Fotos BELIZE CITY