El Castillo o Pirámide de Kukulcán

Después de unas cuantas horas de autobús llegué a la estación de autobuses que gestiona el grupo ADO (Mayab, ADO Primera, Oriente…) en Cancún. Allí precisamente hice mi buena acción del día. Mientras compraba mi billete con antelación para ir a Pisté, oí como un isrealí intentaba explicar en inglés al vendedor de al lado que en el autobús de Playa del Carmen a Cancún, alguien les había robado una cartera con el pasaporte, el billete de avión de regreso y cierta cantidad de dinero, a no ser que se les hubiese caído a ellos. El vendedor, además de no entender ni papa de inglés, permanecía impertérrito y pasaba del asunto. En ese momento aparece en escena un servidor. Con un par de gestiones y averiguaciones, acudimos al mostrador de Atención al Cliente en el que por fortuna -vaya suerte que tuvo el israelita- estaba la cartera con el pasaporte y el billete de avión en su interior. Del dinero nunca más se supo.

ÑIKI ÑIKI

Para pernoctar había elegido el Hotel Cotty, sin embargo, cambié mi elección de alojamiento siguiendo la recomendación de un taxista. Al parecer, este lugar es elegido por muchas parejas para dar rienda suelta a su pasión durante unas cuantas horas. El taxista no era demasiado explícito: «Pues, es así como un hotelito para estar poco tiempo». Y continuaba con las medias tintas: «Hay como mucho ajetreo yo le recomendaría que fuera a otro». ¿No es más fácil decir que es un hotel en el que las parejas van a hacer ñiki ñiki?

Así que nos dirigimos no muy lejos de allí, al Hostal Punta Allen. Como me esperaba, mi «amable» conductor se llevó su correspondiente parte del pastel -comisión- por traer a un turista. Al final más hubiese valido hotel desconocido que bueno por conocer. El hostal tenía un precio sangrante -45 dólares-, un aire acondicionado que metía más ruido que un martillo neumático y era un horno crematorio. Lo único bueno que tenía era el restaurante Vagamundos, ubicado en sus bajos y propiedad de una estilista mexicana de renombre. Sus paredes estaban repletas de fotografías de la dueña en infinidad de lugares del planeta, entre ellos mi punto de destino: Bahía Lapataia (Tierra del Fuego). Al día siguiente cargué con mi mochila, guitarra y maleta y me trasladé al Hotel Colonial (Tulipanes 22 con Avenida Tulum). Por 35 dólares obtenías una habitación doble con televisión por cable y aire acondicionado.

MOLE TURÍSTICA

Cancún es el enclave turístico por excelencia de México. Por un lado está la ciudad y por otro la zona hotelera con más de 22000 habitaciones disponibles para los más de 3 millones de turistas de todo el mundo que llegan cada año. Todavía quedan muestras de la devastación que ocasionó el año pasado el huracán Wilma, el ciclón más poderoso que ha afectado a México en toda su historia. Bañada por el apacible y cristalino Mar Caribe, la ciudad ofrece todo tipo de servicios y divertimentos para sus visitantes: Restaurantes, cines, conciertos, playa, gimnasios, tiendas… A diferencia de otras ciudades y estados de México, Cancún, mejor dicho su zona hotelera, refleja los beneficios -según para quien- del turismo en sus calles perfectamente asfaltadas e iluminadas, resorts de lujo a pie de playa, centros comerciales gigantescos…

Personalmente no soy nada amante de los lugares turísticos a lo bestia por lo que lo mejor era pirarse lo más pronto posible. Tomé un autobús de Oriente -segunda clase- rumbo a Pisté, pequeño pueblecito ubicado a poco más de 3 kilómetros de las ruinas de Chichén Itzá. El viaje resultó un tanto infernal. Hicimos cientos de paradas en municipios escuchimizados. Todos ellos tienen atravesados en su calle principal decenas de topes -guardias tumbados- que son un verdadero incordio. Cada vez que se pasa sobre ellos parece que a uno le están agitando como a un tetra brik de zumo. Los topes son a México lo que las rotondas a Pamplona. Una plaga. Como viene siendo habitual, seguí las indicaciones de la Lonely Planet y busqué alojamiento en la Posada Olalde. Atención al mural que fotografié de este hospedaje con una particular traducción del inglés. ¿Aceptamos la expresión tranquil setting como «lugar tranquilo»?

CENOTE IK KIL

No se trata ni de un restaurante ni de la mayor cena jamás cocinada. La península de Yucatán está llena de estos fantásticos depósitos de agua y cavernas que se inundaron durante la última glaciación, para convertirse en verdaderas cápsulas del tiempo en las que se pueden observar increibles estalactitas y estalagmitas, además de ser la principal fuente de agua dulce de la región, pues en la superficie no hay ríos y toda el agua proviene del subsuelo.

Ik Kil está localizado en un parque ecoarqueológico a pocos kilómetros de Pisté. Su Cenote Sagrado Azul es espectacular. Se encuentra a 26 metros del suelo y está rodeado de espesa vegetación y aguas cristalinas ideales para nadar.

Piscina natural

Los cenotes varían en su forma y tamaño según donde se ubican. Pueden ser tan dispares como esos hundimientos que los hacen posibles: los hay abiertos a manera de lago u ojo de agua; los semiocultos en cavernas; los cerrados que por lo general tienen algunas aberturas por donde se filtra la luz del sol; y algunos a los que solo es posible acceder después de una caminata por pasillos subterráneos. Ik Kil es del primer tipo.

Cenote Sagrado Azul

Se calcula que en el Estado de Yucatán hay más de 2500 cenotes, aunque al parecer hay infinidad sin catalogar por lo que esta cifra puede ascender a cerca de 6000. Si a éstos les sumamos los 2500 que hay en el vecino estado de Quintana Roo, nos dan un total de 10.000 en toda la península. Pero… ¿a qué había venido yo? Pues a pegarme un buen chapuzón.

¿Probamos que tal está el agua?

A veces tengo la impresión de que nací con un pan debajo del brazo. Hace falta tener suerte para llegar y encontrarme el cenote completamente vacío. Si obviamos al vigilante. El agua estaba fresquita y plagada de pequeños pececitos negros. Sobre esta piscina natural caen además un par de cascadas y cientos de raíces de más de 20 metros cuelgan desde el exterior hasta tomar contacto con el agua. Un paraje inolvidable. El segundo chapuzón, ejecutado desde la parte más alta de la que se puede saltar, tocaba brindarlo a la «Ruta Panamericana».

Al agua Josus

En la superficie, el lugar está equipado con todo tipo de servicios: Restaurante con buffet a 120 pesos por persona, duchas, baños, tienda de souvenirs así como un puestecito para alquilar toallas y salvavidas. También por lo que parece se puede alquilar una de las preciosas cabañas que hay a lo largo del camino Para acceder al cenote hay que bajar por unas largas escaleras que conducen a la base de éste. En el camino hay un par de balconcitos desde los que apreciar este regalo de la naturaleza.

Vista superior del cenote

La entrada cuesta 60 pesos y abre a diario de 8 de la mañana a seis a 18:00 horas. Para otro viaje queda pendiente visitar algunos de los cenotes más importantes de Yucatán: Cuzamá, Dztnup, Xlacah, Lukunchán (cenote tierno), X-Azul (niña azul), Mumundzonot (pequeño lodazal) y Sac-nicté (flor blanca). Una ruta ineludible.

CHICHÉN ITZÁ, ENCANTO MAYA

Pisté, mi centro de operaciones, es un pueblecito pequeño carente de interés. La carretera lo atraviesa de un lado a otro sin siquiera inmutarse. En esta arteria principal abundan decenas de restaurantes caseros que no sé ni si tendrán permiso de venta al público. Muchos de ellos ofrecen platos económicos de la gastronomía yucateca así como un riquísimo pollo asado con arroz, tortillas y cebolla al carbón. Para ir a las ruinas de Chichén Itzá se puede ir en un colectivo que sale de la plaza del pueblo y te deja en la carreterita de acceso al complejo o bien tomar un taxi por 25 pesos. Si tienes la suerte de poder visitar las ruinas en domingo, en lugar de pagar 95 pesos, pagarás 50. El precio incluye el espectáculo de luz y sonido que se realiza cada día a las 19 horas en invierno y una hora más tarde en verano.

Juego de pelota

Junto a esta cancha se pueden admirar otras estructuras como el Templo de los Jaguares y los Escudos, la tétrica Plataforma de los Cráneos (tzompantli en náhuatl) decorada con cráneos esculpidos y la Plataforma de las Águilas y los Jaguares, que retrata a estos animales con sus garras ferozmente clavadas sobre corazones humanos.

El nombre de Chichén-Itzá significa en maya «en la orilla del pozo de los itzáes». Es uno de los lugares más visitados y controvertidos del mundo Maya. Su historia y su cronología todavía a día de hoy es un verdadero rompecabezas. Declarado Patrimonio de la Humanidad en 1988, este complejo arqueológico combina grandeza histórica y naturaleza. Antes de visitar este impresionante complejo arqueológico conviene aprovisionarse de un buen sombrero, un par de litros de agua, algo de comida y crema para el sol. Nada más entrar uno se topa con su estructura más importante: El Castillo. Desde hace un tiempo se ha prohibido subir a lo más alto debido al daño que estaba generando el turismo.

El Castillo

La Pirámide de Kukulcán -Quetzalcóatl para los aztecas-, con sus más de 30 metros de altura, es la construcción más imponente. Los números de sus medidas están relacionados con las cifras del calendario solar maya. Por ejemplo, 91 escalones multiplicado por sus cuatro lados nos da un total de 364, más el templo de la plataforma superior hacen 365, los días del año. En este edificio se plasma la exactitud del profundo conocimiento de los mayas.

Pirámide de Kukulcán vista desde el Grupo de las Mil Columnas

En El Castillo, como en muchas otras construcciones mayas, aztecas y teotihuacanas, se da un curioso fenómeno acústico. Si uno se coloca frente a la pirámide, alineado con el centro de la escalera, y grita o da una palmada se escucha como eco un chillido agudo similar al emitido por un ave. Por otro lado, si una persona se encuentra de pie en la plataforma superior -actualmente imposible-, donde se encuentra el templo del castillo, al hablar con voz normal puede ser escuchado con claridad por los que están a nivel de la tierra a gran distancia.

Vista sur de El Castillo

Frente al Castillo está la Plataforma de Venus. Desde ahí a través de un sacbeoob -más conocido como sacbé- (calzada maya elevada hecha de piedra cálcica) de 300 metros en dirección norte se accede al Cenote Sagrado. En 1900 Edward Thompson, profesor de Harvard y cónsul de los Estados Unidos en Yucatán, compró por 75 dólares la hacienda en la que se hallaba Chichén Itzá. Intrigado por las leyendas sobre jóvenes doncellas que fueron arrojadas al cenote en honor de las deidades mayas, Thompson decidió dragarlo, y de sus aguas salieron huesos humanos, así como joyas de oro y de jade de todas partes de México y de lugares distantes, como Colombia. Gran parte de estos objetos se encuentran en el Peabody Museum de Harvard, aunque muchas piezas han sido devueltas a México.

Cenote Sagrado

El paseo por Chichén Itzá, sin demasiado detenimiento, viente a durar cerca de 6 horas. Todavía nos queda por ver el Grupo de las Mil Columnas formado por el Templo de los Guerreros, Templo de Chac-Mool, Templo de las Grandes Mesas y el Baño de Vapor. Más allá, en dirección sur, uno se topa con el Cenote Xtoloc, El Osario, El Caracol -también conocido como Observatorio-, el Edificio de las Monjas, una estructura llamada La Iglesia que curiosamente tiene un pene esculpido (a ver si lo encuentras) en uno de sus relieves o el Templo de los Tableros Esculpidos.

Quien no ha oído hablar a estas alturas de las famosas 7 maravillas del mundo: Pirámides de Gizeh, Jardines Colgantes de Babilonia, Templo de Artemisa en Efeso, Estatua de Zeus, Mausoleo de Halicarnaso, Faro de Alejandría y el Coloso de Rodas. De ellas solamente quedan en pie las pirámidesde de Gizeh. Para aquellos que no lo sepáis el próximo mes de julio de 2007 se anunciarán en un gala retransmitida por televisión para todo el planeta, las nuevas 7 maravillas del mundo.

Chichén Itzá se encuentra nominada, entre 21 finalistas, para ser una de las nuevas 7 maravillas modernas. Si quieres votar por ella puedes hacerlo a través de la web New 7 Wonders. En mi ruta panamericana quedan muchas maravillas más por descubrir. ¿Te animas a seguirme? Próximo destino: Cobá.


Fotos CHICHÉN ITZÁ