El sábado 23 de diciembre, después de despedir a Edel en el aeropuerto de Ciudad de Guatemala, regresé a casa de Maite donde había dejado algunas de mis cosas. Con ella vive Nacho, zaragozano afincado en Guatemala desde hace 7 años, quien me invitó a pasar con él mi primera Nochebuena fuera de Pamplona. Desde hace unos años siempre he bromeado con mi amigo Dani que alguna Nochebuena me iba a comer una pizza de Telepizza en lugar del tradicional cordero y cardo de mi mami. Esta ocasión se presentaba como la más adecuada dadas las circunstancias. Más aún teniendo en cuenta que esta empresa española se ha aliado con la cadena de fast chicken food Pollo Campero que según me ha dicho un pajarito pronto abrirá sucursales en España. Lamentablemente Dani, este año tampoco ha podido ser porque la morriña fue más fuerte que mi hambre de pizza. Aprovechando que en Guate hay varios supermercados de productos españoles, compré algunas delicias de la patria como jamón serrano ibérico (manjar de Dioses), boquerones en vinagre, una lata de bacalao a la vizcaína, pimientos del piquillo y chorizo pamplonica.

Desde hace años tengo cierta aversión por las fechas navideñas aunque, en esta ocasión lejos de mi hogar, eché mucho de menos a mi familia y no volví a casa como cada año hace el turrón El Almendro. A pesar de todo, Nacho y su novio Renato me hicieron sentir como en casa. Comimos turrón, bebimos vino, tuvieron el detalle de darme un regalo y disfrutamos del espectáculo de fuegos artificiales más impresionante que he visto hasta el momento en mi vida. Subidos a una colina desde la que se divisaba toda la ciudad, vi como el cielo se llenaba de destellos durante más de media hora. Miles de personas diseminadas por todos los rincones de Ciudad de Guatemala lanzaban desde la calle o la azotea de sus casas cohetes, petardos y estruendosos y coloridos fuegos artificiales sin cesar.

Antigua fue capital hasta que en el año 1773 un terremoto destruyó la mayor parte de la ciudad. Nueva Guatemala de la Asunción fue el nombre que le dieron al nuevo asentamiento que en la actualidad se divide en zonas numeradas del 1 al 16 -si la memoria no me falla-. Guate, como la llaman los lugareños, no tiene demasiadas cosas que ver. Si se dispone de tiempo merece la pena visitar el Palacio de la Cultura, la catedral, el mercado de artesanías, el Palacio Presidencial o salir de juerga por la Zona Viva donde se aglutinan decenas de hoteles, restaurantes y discotecas. En el poco tiempo que pasé en esta ciudad con fama de peligrosa e insegura y en la que se estima que viven la mayoría de los 65.000 pandilleros que calcula el gobierno guatemalteco, no tuve ningún susto. Cruzo los dedos por si acaso.

COPÁN: ESTELAS A TUTIPLÉN

Copán Ruinas es un oasis calmado que ofrece al viajero un torrente de cultura maya y frondosa naturaleza. Este pueblecito se encuentra a escasos 12 kilómetros de El Florido, puesto fronterizo que marca los límites políticos entre Guatemala y Honduras. Hay otros modos más baratos de viajar desde Ciudad de Guatemala hasta Copán Ruinas con buses locales pero decidí elegir la empresa de autobuses Hedman Alas que ofrece un excelente servicio de primera clase entre Guate y Tegucigalpa (Honduras) con paradas en Tela, La Ceiba y San Pedro Sula. Me alojé en el Hotel Copán Clásico en una habitación privada con televisión por 200 lempiras. Lo primero que me llamó la atención al entrar en Honduras es el carácter agrio de sus habitantes en contraposición con la amabilidad comedida de los guatemaltecos. Aunque seguramente me equivoque, esa es la impresión que me he llevado de este país. Entre las novedades en el apartado gastronómico degusté la Mirinda de banana cuyo sabor era pasable.

Después de recorrer los principales vestigios mayas (Chichén Itzá, Palenque, Uxmal, Tulum, Cobá…), tan sólo me quedaba pendiente una última ración de piedras: El suculento Copán. Antes de entrar en consideraciones históricas, hay que reclacar primero que la entrada a este complejo de ruinas es realmente cara si lo comparamos con otros yacimientos de Guatemala y México. Hay que pagar 15 dólares por visitar Copán y 15 más si se quiere recorrer los túneles subterráneos.

Hace más de un siglo que unos intrépidos exploradores se toparon por primera vez con las ahora famosas estelas de esta ciudad maya que había permanecido oculta por la densa selva del oeste de Honduras. La importancia principal de Copán reside en sus estelas excelentemente conservadas y la imponente Escalera de Jeroglíficos en la que queda patente que la cultura maya posee un complejo sistema de escritura que nada tiene de primitivo. Algunos arqueólogos opinan que si se les hubiera ocurrido escribir una novela, podrían haberlo hecho sin dificultad. En tercer lugar en importancia de este complejo arqueológico, se encuentra junto a la escalera de jeroglíficos el campo de juego de pelota.

Juego de pelota

La entrada al recinto arqueológico recibe al visitante con varios guacamayos apostados en la verja. Desde ahí, siguiendo por un bonito paseo flanqueado por árboles llegas a la Gran Plaza, una explanada con hierba en cuyo centro se alza una pequeña pirámide circundada por altas estelas. La mayoría de los jeroglíficos y esculturas de las estelas y altares hace referencia a 18-Conejo (¡Menudos nombres que se ponían estos mayas!), uno de gobernantes más importantes de Copán. Inicialmente los historiadores creían que las grandes ciudades como Copán eran centros ceremoniales donde sólo vivían los sacerdotes, mientras el resto de la población vivía en pequeños pueblos e iba a visitar los templos sólo cuando tenía lugar celebraciones solemnes. Sin embargo, gracias a los avances en el desciframiento de la escritura jeroglífica, se sabe que los relieves y signo tallados en las estelas hablan de importantes sucesos históricos y de la vida y hazañas de los reyes mayas cuyo retrato está labrado en las estelas.

Copán puede alardear, además, de poseer el texto labrado más largo de América: la famosa Escalera Jeroglífica. Muchos de los peldaños se han caído y sólo una porción de los más de mil 250 bloques de piedra esculpida fueron hallados en su orden original. A pesar de todo se ha conseguido ordenar lo suficiente como para saber que esta escalera fue construída por Humo Concha -el que lo bautizó era un verdadero cabrón- con el fin de conmemorar las vidas de sus antepasados.

En la actualidad las ruinas de Copán no se encuentran inmersas en una frondosa selva como sí ocurre en Tikal. Rodeada por vastos campos de maíz y tabaco, esta zona arqueológica de 120 hectáreas acoge temprano o al atardecer a docenas de venados de cola blanca que acuden a la Gran Plaza para pacer. En los cientos de árboles como gigantescos guanacastes o ceibas se posan durante todo el día una ingente variedad de aves como periquitos y tucanes.

Vista panorámica de Copán

La soledad, la nostalgia o la morriña por el jamón serrano siguen haciendo mella en mi corazón día a día. Sin embargo, la ilusión por regar mis ojos de nuevos paisajes, colores, olores y personas de momento puede más. No dejo de imaginar cada día que pasa mi regreso a España y eso me hace feliz, llegue o no a Ushuaia. Por recomendación de César, el pamplonica que conocí en Tikal, mañana tomaré de madrugada un autobús que va a La Ceiba para coger el ferry hacia la isla de Utila (Honduras). Allí tengo la intención de relajarme durante unos días, sacarme el curso Open Water PADI de buceo y celebrar mi primera Nochevieja fuera de España.


Fotos CIUDAD DE GUATEMALA


Fotos COPÁN