Seguir avanzando por los caminos de la ruta panamericana, costura cosida a base de pespuntes hilvanados entre el extremo norte y sur de América, sería de otra forma sin ese feedback que mantengo con algunos de vosotros gracias al globalizador invento de internet. Esas muestras de apoyo, ánimo, consultas y curiosidades alimentan mi espíritu viajero. Últimamente me siento, valga la redundancia, bastante sentimental. No es malo. Todo lo contrario. Aunque la tristeza a veces quiere pegarse al corazón de uno como un lapa, los momentos de reflexión y acción la distraen y despegan durante algún rato.

Hace un par de días recibí un e-mail de Adolfo Rovayo de Fuengirola muy reconfortante: «A pesar de nacer y vivir en puntos diametralmente distintos de España, creo que compartimos muchos sentimientos y sobre todo una visión de las cosas muy personal, alejada muchas veces del sentir general, y sobre todo responsabilizándonos de cada acto que nace desde dentro de nosotros. A pesar de nuestros miedos, siempre optamos por seguir el camino que nos dicta el corazón, que es un camino tan sumamente personal, que si lo oímos con detenimiento y calma, nos dará todas las respuestas que necesitamos a lo largo de nuestra vida. El gran problema es la sociedad que nos rodea y que está diseñada de tal forma, que los sentimientos son vistos como algo ridículo y luchar contra esa actitud generalizada, sólo te provoca un inconformismo interior en contraposición con el sentimiento mudo y robotizado que nos marcan estos tiempos. Por mi forma de ser me resigno a esta dinámica, por eso te digo que tienes una suerte grandísisma por hacer lo que estás haciendo y sobre todo por tener oídos para tu corazón». Adolfo, gracias por tu reflexión en la que me veo plenamente reflejado. Me alegro de que en este mundo en el que vivimos haya gente como tú Adolfo, con ese ahínco de búsqueda interior -sin perderse completamente en ella- y con la fortaleza necesaria para comandar tu vida siendo tu propio patrón.

URGANDO EN LA NARIZ DE SATÁN

¡Que no cunda el pánico! No, no me he adherido a una secta satánica ni nada por el estilo. La razón de un titular tan freak y escatológico es debido al insólito viaje que he realizado recientemente por el sur de Ecuador en uno de los pocos trenes que quedan con vida en América del Sur, el tren de la Nariz del Diablo. La vía férrea en cuestión une las poblaciones de Riobamba y Alausí a través de un sinuoso recorrido que cruza el río Chanchán y continua su rumbo hacia los parajes más altos de la cordillera de los Andes. Para llegar a Riobamba desde Quito, capital de Ecuador, tomé un autobús en dirección sur desde la terminal con la compañía Ecuador Ejecutivo por 3’75US$.

El viaje estuvo de lo más apasionante si tenemos en cuenta la original teletienda que nos tocó vivir a los pasajeros. Fue como si uno hubiera comprado una entrada para una función de teatro del absurdo. Los artefactos en venta y las revolucionarias acciones de marketing ambulantes de lo más raro: Una cadena de la mejor plata del mundo con su colgante en forma de delfín que no podías rechazar, una señora cortando cochinillo asado con hacha de carnicera en medio del pasillo, un bolígrafo multicolor con regalos extra o el payasito Tomasito que da la brasa con una historia lacrimógena y te acaba endiñando chocolatinas nutritivas energizantes … Lo mejor de todo el arte dialéctico de estos vendedores ambulantes que terminaban convenciendo al personal más que los políticos de turno en campaña presidencial. Una vez llegamos a Riobamba tomamos un taxi por 1US$ al hotelillo que habíamos mirado junto a la estación de tren. Una de las ventajas de ser periodista, teniendo además en este caso interés en hacer un reportaje sobre el tren de la Nariz del Diablo, es poder acceder a lugares vetados normalmente para el usuario corriente. Tuve el lujo de subirme a la locomotora y acompañar en el trayecto al maquinista Sergio Luna.

Abordo de la locomotora

Durante el trayecto que realizamos a velocidad de caracol espídico dejamos atrás poblados como Durán, Yaguachi, Chobo, Milagro, Naranjito, Bucay, Cumandá, Ventura, Pistishí o Sibambe en cuyas estaciones o paraderos esperan algunos de su pobladores -niños y mayores- como agua de mayo para vender alimentos y artesanías a los turistas o recibir regalos de éstos. La seguridad de algunos puentecitos y el estado de la vía en general dejan mucho que desear.

Avanzando por el recorrido

Pero… os estaréis preguntando ¿por qué se conoce este singular recorrido ferroviario como La Nariz del Diablo? Lo mejor, echar un vistazo atrás a la historia sin extenderme demasiado. La construcción del ferrocarril en Ecuador impulsó el progreso del país no sin unas cuantas y serias dificultades que solventar. Tras algunos intentos el gobierno encargó al ingeniero norteamericano Sighald Muller el estudio de un trazado del tren entre la costa y la sierra ecuatoriana. Muller después de dos años de investigaciones denominó eñ proyecto como «el ferrocarril más difícil del mundo» debido a los obstáculos geográficos que debía enfrentar. Se encargó la construcción al también norteamericano Archer Harman que inició esta obra de ingeniería empleando decenas de trabajadores indígenas y cerca de 4000 jamaiquinos. El implacable clima, las mordeduras de serpientes y la fiebre producida por las picaduras de mosquitos se cobraron la vida de decenas de obreros. No era extraño ver cada cierto tiempo como varios cadáveres eran conducidos en plataformas y sepultados en fosas comunes.

Vías y raíles

Este ferrocarril se convirtió en aquella época en la obra de infraestructura más grande del Ecuador. El tren arribó por primera vez a la estación de Chimbacalle de Quito el 25 de junio de 1908. En la actualidad subsiste únicamente como atracción turística y poco a poco se hunde en el pozo de la más absoluta decadencia sin apoyo del gobierno, con sueldos lamentables para sus trabajadores y un cuidado nulo de las vías. El destino final del viaje es la ciudad de Alausí hacia donde nos dirigimos. Originalmente el trayecto finalizaba en Durán (provincia del Guayas) pero algunas partes de la vía resultaron seriamente dañadas por el fenómeno de “El Niño”.

Llegada Alausí

Unos kilómetros más adelante de Alausí, última estación del recorrido, el tren de la Nariz del Diablo avanza unos kilómetros más y desciende 800 metros en zig zag sobre una formación rocosa que, por su dificultad y forma, fue denominada con esta alusión al demonio. Esta bajada permite sentir el cambio de climas desde el altiplano hasta el litoral.

Entre vagones

Algunos datos de interés que os pueden interesar si alguna vez decidís visitar Ecuador y tomar este tren:

Riobamba – Nariz del Diablo – Riobamba
Días: Miércoles, viernes y domingos con autoferro
Hora: 07:00
Lugar de partida: Estación de Riobamba
Dirección: Avenida 10 de Agosto y Carabobo
Teléfono: (03) 2961-909
Costo general: 14.20 USD

El tren se detiene unos minutos en el fondo de la barranca para tomar fotos y rehace el camino andado en sentido contrario de nuevo hasta Alausí.

Nariz del Diablo

El tren ofrece al pasajero la posibilidad de viajar sentado cómodamente, dentro de los vagones de carga con puertas abiertas a ambos lados cual peli de indios y vaqueros del Oeste americano o acurrucado en el techo. Sí, has leído bien.

Sobre el techo

Para hacer más entretenido el viaje nos faltaba una cosa que suele pasar «siempre que el tren sale», me dice Sergio, su maquinista. Y es descarrilar. Así fue. Estaba subido en el techo mientras ascendíamos hacia Alausí cuando sentí un frenazo seco. Imaginaos el posterior espectáculo de flashes y clicks de las cámaras de fotos de todos los turistas retratando el trabajo de los operarios para encarrilarlo. No puedo olvidar añadir en esta crónica la letra de una de mis canciones favoritas: «Cerca de las vías» de Fito y Fitipaldis. Ha sonado infinidad de veces en mi Ipod en esos momentos de melancolía buscada y en esta ocasión se hace necesaria su presencia por las contadas referencias a estaciones, vías y diablos…así que viene al pelo.

Hay días que parece
que nunca se va a apagar el sol,
y otros son más tristes
que una despedida en la estación.

es igual que nuestra vida
que cuando todo va bien…
un día tuerces una esquina
y te tuerces tu también.

Esa telaraña
que cuelga en mi habitación
no la quito, no hace nada,
solo ocupa su rincón.

Yo he crecido cerca de las vías
y por eso sé,
que la tristeza y la alegría,
viajan en el mismo tren
¿Quieres ver el mundo?
Mira, esta debajo de tus pies.

Con el paso de los años
nada es como yo soñé.
Si no cierras bien los ojos,
muchas cosas no se ven.

No le tengo miedo al diablo
¿no ves que no puedo arder?
No hay más fuego en el infierno
del que hay dentro de mi piel.

Todo lo malo y lo bueno
caben dentro de un papel.
¿Quieres ver el mundo?
Mira, está debajo de tus pies.

Me despido de Ecuador visitando la bonita ciudad de Cuenca acompañado por Iván y Paco. Apenas disfruté de ella porque reaparecieron los habituales episodios de fiebre y diarrea con visita a urgencias de uno de los hospitales de la ciudad. Estoy muy cansado y harto.

Panorámica

Abandono tierras ecuatorianas rumbo a la tierra de los Incas en busca de nuevos horizontes. Próximo destino: Máncora y la milenaria ciudad de adobe de Chan Chan (Perú).


NARIZ DEL DIABLO


CUENCA