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¡Hola mochileros! Hace 9 días se cumplieron dos meses de esta caminata que me llevará durante los próximos años a atravesar los cinco continentes y dar la vuelta al mundo caminando. La última vez que os escribí lo hice desde Aix en Provence, en Francia. Hoy lo hago desde Latisana, a escasos 50 kilómetros de la frontera de Italia con Eslovenia, a la que calculo entraré en un par de días si la lluvia me lo permite.

Muchas cosas han ocurrido en este último mes, pues como digo, cada día es una aventura repleta de anécdotas, tantas que a menudo se me olvidarían si no las fuera registrando en mi cuaderno de viaje. He pasado por los paseos marítimos de la costa d’Azur, bonita pero demasiado ostentosa para mi gusto, repleta de mansiones y lujosos coches (Niza, cap d’Ail, Mónaco…), por la costa italiana de Liguria, más humilde y auténtica con sus pueblos de pescadores y sus casas de colores (Ventimiglia, San Remo, Laigueglia, Finale Ligure…) hasta Génova, donde un grupo de amigos me recibieron calurosamente tras una etapa de 65 kilómetros.

De ahí, dejando atrás la costa, me adentré por el bello valle del río Trebia, con sus verdes montañas y sus lindos rincones, dormí junto a ríos, avancé por estrechas y sinuosas carreteras y tuve el día más duro hasta la fecha: pinché tres veces debido a lo desgastadas que estaban las cubiertas de mi carrito, me quedé sin parches, cayó una tormenta, incomunicado al quedarme sin batería del móvil y sin comida por ser domingo y las escasas tiendas que había en los pueblos que salpicaban el curso del río estaban cerradas. Tuve que refugiarme en el porche de una iglesia en un pueblo abandonado y, al día siguiente, acercarme hasta el siguiente pueblo inflando cada poco la rueda pinchada, donde pude recargar el móvil y llamar a mis amigos de Génova, quienes me trajeron parches y comida. En cuanto llegué a Piacenza cambié las cubiertas de mi carro y celebré así mis dos primeros meses de marcha, unos 2000 kilómetros.

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Después proseguí hasta Verona, hermosa ciudad en la que pasé un día entero, y continué hasta Vicenza y Treviso. Ayer dejé atrás Portogruaro y, como os digo, en uno o dos días me adentraré en tierras eslovenas a través de Monfalcone. En la capital, Liubliana, me esperan dos amigas, alguna entrevista para algún medio de comunicación y, seguro, más de un buen momento.

He atravesado Mónaco los días anteriores al Gran Premio de F1, por lo que trascurrí por sus calles como quien camina por un circuito, curiosa sensación. Hace unos días mi itinerario se cruzó con la última etapa del Giro de Italia, caminé por carreteras desiertas que habían cortado para el paso del pelotón, pudiendo campar a mis anchas en medio de la carretera. En Génova me topé con dos caminantes que venían con un carrito naranja desde Rumanía rumbo a Tarifa, intercambiamos las palabras y abrazos típicos de los caminantes solitarios faltos de conversación. Me he refugiado en remolques de camiones, he dormido en viñedos, he escuchado ruidos extraños de animales junto a mi tienda, me lavo los dientes en las fuentes de los pueblos, he pasado miedo en la noche bajo el resplandor de los rayos en mitad de la tormenta, estoy conociendo gente maravillosa y sigo hablando y cantando solo por los caminos y arcenes de las carreteras. La lluvia continúa cayendo tenaz y persistentemente, buscando mellar mi tesón pero, como decía Bruce Lee, no puede llover eternamente…

Un abrazo, y hasta pronto.


Anónimo the author

Malagueño de 32 años, diplomado en Publicidad y RR.PP por la Universidad Complutense de Madrid y Técnico en Medio Ambiente. En marzo de 2013 partió desde Madrid a dar la vuelta al mundo. Su proyecto Earth Wide Walk consiste en una vuelta al mundo a pie y en solitario que cruzará durante los próximos 5 años los cinco continentes (Europa, Asia, Australia, América y África), y que lleva asociado un mensaje de amor y respeto por la naturaleza y el planeta Tierra.