Parece mentira que ya haya atravesado todo Norteamérica (Canadá, Estados Unidos y México) pero así es. Cuatro meses de vivencias que han alimentado mi espíritu y mi estómago. Hablando de alimentación, si hay algo fundamental para la subsistencia del ser humano, aparte de oxígeno y agua, es precisamente la comida. La diversidad en esta materia es monstruosa. En cada lugar del planeta hay alimentos comunes y locales, productos elaborados bien distintos, diferentes maneras de cocinar y concebir el arte de comer. Vayamos paso a paso.

AMERICA: TRASH WAY OF LIFE

Es la tercera vez que visito Estados Unidos y doy fe de que, salvo excepciones -que las hay-, comen de asco. Un estilo de vida que evidentemente se ha extendido por todo el planeta con la cultura de la comida rápida. No voy a ser demagogo ni falso, yo también participo de vez en cuando de esa cada vez más insana manera de comer. Hamburguesas, tex-mex, bocadillos prefabricados, pizzas… todo servido a la orden de ya e ingerido a igual o menor velocidad de la que ha sido «cocinado». Dice el dicho: «Somos lo que comemos». A este paso en lugar de seres humanos de carne acabaremos siéndolo de pizzamburguesa. Es parte de la cultura de los grandes centros comerciales –malls– donde pasarse la vida macroconsumiendo, megalimentándose y maxialienando nuestros cerebros. Aquello de «Pan y circo» que los romanos utilizaron para mantener a la masa dócil, continúa a día de hoy. Todo se centraliza en un mismo lugar; ocio y consumismo. En los centros comerciales podemos comprar de todo: Ropa, móviles, flores, comida, muebles, artículos de electrónica, entretenimiento… ¿Perdurará dentro de una década la fabada tradicional hecha por la abuela, el marmitako de la amatxi, el dulce de membrillo del Eusebio o los chuletones a la brasa de Patxi? Espero que sí. De todos modos ya nos están vendiendo las pizzas hechas hipotéticamente por palleses, arroz con leche más rico que el de Sor María del Convento de las Dominicas o un pan como el que hace El Miguel en la pastelería del pueblico.

Pero… a lo que iba. Por poner un simple ejemplo, encontrar un bote de tomate frito (tipo Orlando) en un supermercado de Estados Unidos es una ardua tarea. Y es que son muy dados a las mezclas imposibles. No vale una salsa de tomate a secas, tiene que venir preparada con ajo, cebolla, cilantro, pimiento y bien de grasa. Esto sucede en todo tipo de alimentos: yogures de piña y kiwi con trozos, agua mineral con sabor, filetes con condimentos añadidos… ¡Ah!, y muchos de ellos envasados en paquetes tamaño familia numerosa: Botes de helado de un par de kilos, hueveras de 24… Quizás lo que más me enervó fue descubrir que en un gran hipermercado de Anchorage no había ni una sola fruta o verdura. Tuve que investigar en un polígono industrial hasta encontrar finalmente una tienda de asiáticos donde tenían tomates y lechuga.

Unas semanas más tarde, descubriría en el hostal Green Tortoise de San Francisco la ignorancia culinaria de un par de inglesas. Estaba preparando un bol de fresas con leche y azúcar cuando se acercaron estas dos chicas de Gales con cara de extrañadas y me preguntaron si el plato que estaba haciendo se metía en el horno o si era un pastel muy elaborado. ¡Si es que con la basura de comida que ingieren cualquier cosa les parece alta cocina! Me hizo sentirme como el Ferrán Adriá del Green Tortoise.

No es entonces de extrañar encontrarse habitualmente por la calle decenas de obesos. No son personas con unos kilos de más, parece que están inflados con una bomba de aire y que van a reventar de un momento a otro. Hasta he estado tentado de pincharles con una aguja para ver si son de mentira. Todavía no puedo borrar de mi mente la imagen de una chica que ocupaba dos asientos de autobús y sorbía con ansiedad los últimos restos de un tanque de café cargado de nata.

G-ASTRONOMÍA: RARO, RARO, RARO

No hay que hacer ascos a nada y no ser un mindundis con la comida. Primero se prueba y si no te gusta pues a otra cosa mariposa. En Alaska probé una deliciosa y sabrosa hamburguesa de Caribú así como un jugoso halibut a la plancha -Blas, realmente tenías razón, es un exquisito pescado-. Si observáis la imagen es un pedazo de pez, para nada pezqueñín, y menos mal que no te lo sirven todo en el plato. Cerca del Denali National Park me reí bastante al descubrir las diferentes elecciones que debe hacer uno para configurar su desayuno: Puedes pedir los huevos Sunny side up (El lado del sol hacia arriba), vamos, los huevos fritos de toda la vida -que en México me llegaron a preguntar si los quería fritos por los dos lados-, scrambled eggs(revueltos), poached eggs y alguna otra versión más que no atino a recordar. Igual ocurría con el pan: Blanco, oscuro, con cereales… Divertido pero un tanto complicado cuando uno todavía tiene las legañas pegadas.

En Los Ángeles, mis amigos Nacho y Belén me iniciaron en unos extraños heladitos de té verde con forma de bola, recubiertos de pasta de arroz llamados algo así como Moccis o Mokis. Imposible olvidar también la excelente comida italiana y los sabrosos panes de ajo de la Trattoria «C and O» situada en el número 31 de Washington Boulevard en la que un plato individual parece una fuente para 3 comensales.

Ya en México, hace pocos días vi en televisión una anuncio muy divertido que publicitaba una marca de cacahuates -como les llaman aquí- hechos al estilo español (no sé muy bien qué significa esto). El caso es que en este anuncio aparecía un mozo vestido con el traje típico de San Fermín, con un periódico en la mano, escapando de un toro. En otro plano veíamos un cartel con el diseño que se usa en las corridas de toros en el que se leía «Pamplonada», que es como llaman en México a las tan conocidas fiestas de San Fermín de Pamplona.

Con su particular gusto por añadir picante a todo tipo de comida conocida, en el norte de México tuve el ¿placer? de probar un Tama-Roca, dulce de tamarindo enchilado.

Tama-Roca: Dulce de tamarindo enchilado

El año pasado, durante mi viaje a Perú, cerca de la frontera de Brasil degusté un refresco de Fanta con sabor a piña. Es curioso como, según los países, la misma marca estima que el mercado aceptará mejor unos productos que otros. Véase el caso de algunos productos que no triunfaron en España como la Cherry Coke o Tab. Sin embargo, durante lo que llevo de viaje, en el apartado de bebidas se lleva el premio a lo exótico la Fanta Fresa. ¿Se distribuirá algún día en España? Veamos lo que opina el experto.

Catando una lata de Fanta fresa

Como podéis apreciar en el momento de grabar estos videos -me encontraba en Tijuana- todavía era una persona decente, sin las barbas que gasto ahora. Entre las excelencias culinarias de la región de Chihuahua -puede que se venda en otros estados de México-, no me olvido del puesto que encontré en una calle de su capital, no muy lejos de la Plaza Hidalgo, que preparaba un receta «carente de colesterol»: Los Dori-Nachos.

Dori-Nachos

G-ASTRONOMÍA: RICO, RICO, RICO

Rememorando exquisiteces de la Ruta Panamericana, muy cerca del Hotel Hidalgo de Los Mochis (Sinaloa), a una cuadra más o menos, recuerdo un puesto llamado Hot Dogs Venezia con los perritos calientes más sabrosos que he comido hechos con aguacate, jamón, salchicha, cebolla frita, mayonesa, lechuga y tomate. Las salsas quedaban al gusto del consumidor. No muy lejos de ahí, en la sierra Tarahumara, tomé en el desayuno crema de olote -maíz blanco- caliente con piña. Tenía un aspecto muy parecido a la avena.

El tradicional Menú del Día que se ofrece en miles de bares y restaurantes españoles cada día, recibe en México el nombre de Comida Corrida. Diferentes platillos entre los que elegir a un precio muy económico. Tampoco me olvido de otras suculencias mexicanas como los tacos de camarón, nachos, enchiladas, chilaquiles, fajitas, tamales, sopes, pulpo a la veracruzana, pollo pibil, poc chuc… A diferencia del pan que acompaña a nuestras comidas, los mexicanos consumen tortillas de maíz o harina, esas con las que se hacen los tacos o burritos. El equivalente del tan español bocadillo sería lo que aquí llaman torta. Respecto a mis esfuerzos por aprender a hacer una tortilla española, he de decir que todavía se me resiste. Mi último intento en Morelia, a pesar de no contar con todas las herramientas necesarias, no resultó demasiado acertado.

En la sección de bebidas alcóhólicas, a mi paso por México me he convertido en un gran catador de cervezas rubias: Corona (la coronita es pequeñita; ¿la habrán llamado así en España para no tener conflictos con la monarquía?), Sol, Indio, Modelo, Dos Equis, Tecate… Todas ellas refrescantes con un sabor suave que quizás, a los amantes de la cerveza con cuerpo, les sepan casi a agua. Respecto al tequila (en sus variantes destilado, reposado y añejo) nada de sal y limón, se toma o chupa en pequeños vasitos a pelo. ¡Ándele! Y por supuesto uno no puede abandonar los Estados Unidos Mexicanos sin echarse un trago del cóctel nacional por excelencia: Margarita.

Llamativa también es la riqueza frutal del país que se refleja en cientos de puestecitos que ofrecen raspados (granizados), macedonias y jugos de frutas como la papaya, guayaba, toronja, fresa o el mango. Una marca imprescindible de zumos envasados que hay que probar es Jumex, que presume de ser una empresa 100% mexicana. En el apartado de refrescos, además de la mundialmente consumida Coca Cola -dicen que México es el país del mundo que más consume este refresco-, aparecen marcas autóctonas como el Boing de mango y otros sabores, la Manzanita Sol, Cristal de manzana -parecido al Kas Manzana-, bebidas energéticas como Red Bull e isotónicas como Gatorade. Siguiendo un método más tradicional, si vienes alguna vez a México no puedes dejar de probar el refresco de jamaica. Se consigue hirviendo la flor del mismo nombre y añadiéndole un poco de azúcar y hielo. ¡Riquísimo!

A pocos metros de la frontera con Belice, ante mi estómago se abre el horizonte culinario de Centroamérica. El frijol, las frutas y el arroz tendrán un papel predominante en los platos de estas regiones y ya sueño con probarlos. Sobre gustos hay mucho escrito y yo pretendo saber a qué saben Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Dentro de unas semanas os cuento.


Fotos G-ASTRONOMÍA