Desierto del Vizcaíno

Después de algo más de una semana con Tonalli, Tonatiuh y Dania había llegado el momento de recorrer Baja California. Salí de la Central Camionera de Tijuana sobre las 7 de la tarde rumbo a Guerrero Negro con la compañía de autobuses Autotrasportes Baja California (ABC). Para los ojos ortográficos no falta la N en Autotrasportes, así se llaman. El trayecto duraba 12 horas, así que no pude ver demasiados paisajes durante la noche. Según mi opinión algunos conductores de autobús -por lo menos los que me han tocado a mí- van un poco rápido para el estado que tienen aquí las carreteras. Tan sólo queda encomendarse a la suerte, el destino, Dios o en quien uno crea y esperar llegar sano y salvo.

San Vicente, San Quintín o Rosarito fueron algunos de los pueblos que atravesamos de madrugada por la carretera Transpeninsular, una ruta estrecha y llena de curvas que se inauguró en el año 1972. Compartí parte del viaje hasta Ensenada con Antonio Santacruz, un señor de unos 40 años que trabajaba como locutor en una radio local. Al ver que llevaba una guitarra, surgió una entretenida conversación en la que me desveló que era cantante aficionado y un apasionado de la música. Yo por mi parte le conté que había estado en un estudio de Tijuana grabando el violín con un grupo de Son Jarocho. Debió pensar que era alguien importante -ya que me habían traído de España a México para una sesión de grabación- y antes de bajarse en su parada me regaló un disco con 10 canciones que él mismo había editado.

CACA, CULO, PEDO, PÍS

El resto del trayecto transcurrió sin mayores problemas, aunque sobre las 4 de la madrugada comenzó a extenderse un hedor a caca muy intenso. Previamente, el conductor había recomendado no hacer popó en el servicio ya que la ventilación no funcionaba. Por ese motivo durante el camino iba a realizar diversas paradas por si alguien tenía una urgencia. Cuando el olor se hizo insoportable, detuvo el autobús en el arcén y descubrió el pastel: Un señor mayor se había cagado literalmente en el asiento. Aquello era tan desagradable que tuvimos que bajar del autobús, algunos incluso con náuseas. Diez minutos después continuamos la marcha, la caca yacía en el desierto, el señor al fondo del autobús soportando las miradas de odio de los viajeros, la escotilla del techo abierta y un poco de ambientador en el suelo.

Desierto del Vizcaíno

Amanecía sobre este vasto desierto que forma parte de la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno, la zona protegida más grande de América Latina con más de 25.000 kilómetros cuadrados de superficie. Poco antes de las 7 de la mañana llegué a Guerrero Negro, pueblo de unos 12.000 habitantes situado al borde del Desierto del Vizcaíno y la costa del Pacífico. Esta localidad es la entrada norte al Estado de Baja California Sur. A tan sólo un par de manzanas -cuadras le dicen aquí- de la estación de autobuses encontré un alojamiento económico: Motel Las Ballenas (Zona Hotelera – Tel/Fax 615 157 01 16), limpio, cómodo y con televisión por unos 220 pesos, unos 18 euros.

El orígen de Guerrero Negro proviene de la traducción al español de «Black Warrior», un barco ballenero estadounidense que se hundió cerca de la costa en 1850. En esa época el Capitán Charles Scammon, un ballenero, descubrió la entrada a una laguna que servía como lugar de apareamiento y nacimiento de miles de ballenas grises: La Laguna Ojo de Liebre. Scammon explotó la caza de estos mamíferos por su preciado aceite llevándolos al borde de la extinción.

Hoy en día esta laguna es un santuario restringido para mamíferos marínos y aves migratorias. Gracias a los esfuerzos del gobierno mexicano la ballena gris se ha salvado de la extinción y su número se ha incrementado de 2.000 a principios de siglo a más de 20.000 a mediados de los 90. Cada año las ballenas grises recorren algo más de 600 millas -marinas digo yo- desde las frías aguas del Mar de Bering en Alaska a las cálidas aguas del centro de Baja California en las costas del Pacífico. De enero a marzo, la Laguna Ojo de Liebre se convierte en un lugar fascinante en el que observar a estas criaturas parir, aparearse y chapotear en su hábitat natural.

La población de Guerrero Negro nació en el año 1957 cuando el empresario norteamericano Daniel Ludwig decidió instalar en este lugar una salina para abastecer la demanda de sal de la costa oeste de Estados Unidos. «Antiguamente, hacia finales del siglo XIX, comenzó la primera explotación salinera del lugar, cuando algunos carritos jalados por mulas llevaban sal de los depósitos naturales salinos hasta los barcos balleneros», me cuenta Jorge, mi improvisado guía en la salina de Guerrero Negro que es dueño del motel en el que me alojo y con el que me puse a charlar en la sala de ordenadores que tienen al costado. Según me cuenta, su padre trabajó más de 30 años en la extracción de sal por lo que se conoce el lugar como la palma de su mano. Además, debido a que apenas hay turistas en la zona en esta época, en una de las pocas empresas que hacen tours llamada Malarrimo, por ir uno solo te cobraban 500 pesos. Yo me apañé el tour por 130 con guía exclusivo. Uno ha de estar muy vivo si quiere abaratar costes.

La salina se instaló a orillas de la laguna Ojo de Liebre aprovechando los salitrales naturales del lugar sin imaginarse que años después esta pequeña empresa llamada Exportadora de Sal se convertiría en la salina más grande del mundo.

Exportadora de Sal

Esta salina no es sólo un negocio rentabilísimo, emplea a alrededor de 1.000 trabajadores de la zona y respeta el entorno ecológico puesto que está ubicada dentro de la Reserva de la Biosfera Vizcaíno. Exportadora de Sal destina una parte del presupuesto anual para la conservación y estudio de las aves migratorias que visitan cada año Guerrero Negro. Cerca de su entrada se encuentra este bonito Refugio de Aves en el que uno puede pasarse toda una tarde disfrutando viendo volar, zambullirse en el agua o corretear por sus orillas a cientos de aves migratorias.

Cuentan los lugareños que uno no puede dejar de ir al restaurante “Malarrimo”, cuyo propietario, Enrique Achoy, en los años setenta fue el chef del comedor de la empresa salinera y que ahora deleita a todos con sus deliciosas especialidades: Almeja mano de león, langosta, almeja chocolata, pulpo, camarón, pescado cabicucho y unos buenos ostiones.

Guerrero Negro es un lugar tranquilo, ventoso, no excesivamente bonito por sus construcciones al que seguro merece mucho la pena regresar en la época de ballenas. Mi estancia en este pueblecito se resumió en algún que otro paseo por su calle principal -el Bulevar Emiliano Zapata-, algunas horas colgado de internet (gran aliado para combatir la soledad y los momentos desocupados), breves conversaciones para pedir comida o bebida y un diálogo constante conmigo mismo. Había llegado la hora de afrontar el regreso a la soledad del viaje. Puedo decir que es duro, hay momentos difíciles, de tristeza por echaros de menos pero un señor muy pequeñito que tengo en el corazón me pincha para seguir de momento adelante.

VIDEOIOSING, SUMANDO PUNTOS

Mis amigos Gonzalo y Bea van ganando puntos hasta el momento con una participación continuada y una calidad en sus videos dignos de cualquier instalación de videoarte freak. ¿No crees que ya va siendo hora de atreverte a demostrar tus cualidades como reportero dicharachero?

Gonzalo y Bea, dos freakies en Nueva York

Te invito a participar en el Concurso de Videoiosing. Tan sólo tienes que enviar un video desde cualquier lugar del mundo cual reportero de un canal de televisión contando lo que te apetezca a la siguiente dirección de e-mail: info@rutapanamericana.com. El ganador se llevará un premio exclusivo que el viajero entregará personalmente -en el caso de que el triunfador sea español- o vía correo. ¡Participa!


Fotos GUERRERO NEGRO


Anónimo the author

Videoperiodista, documentalista y aventurero. Entre mayo de 2006 y junio de 2007 realizó uno de los grandes viajes de su vida: la ruta panamericana. De esta aventura nace el documental “La costura de América” que narra su viaje en solitario de 45.000 kilómetros, realizado íntegramente por tierra y más de 11 meses desde Prudhoe Bay (Alaska) hasta Bahía Lapataia en Tierra de Fuego (Argentina). Ha trabajado como corresponsal de la Agencia EFE en la India y realizado decenas de reportajes sobre turismo, cultura y sociedad para el canal de televisión español Telecinco. En enero de 2014 estuvo nominado en los Premios Goya con su cortometraje documental "La Alfombra Roja" rodado en un slum de India y que lleva acumuladas más de 130 selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Sigue mis viajes en mi perfil de Twitter, Facebook e Instagram.