9 meses de caminata en solitario y 11.000 kms hasta Bangladesh


¡Hola mochileros! Os escribo desde Dhaka, la capital de Bangladesh, ciudad a la que llegué justo el 31 de diciembre para celebrar el fin del 2013 con buen pie, tras más de 9 meses de caminata en solitario, haber atravesado 14 países y cerca de 11.000 kilómetros en mis piernas. Y digo “celebrar” a título personal, pues Bangladesh es un país eminentemente musulmán y, salvo unos fuegos artificiales que pude oír esa noche, la Nochevieja es algo que no se celebra. Además, hay una situación política algo convulsa, por lo que a las 8 de la noche recomiendan no transitar por las calles de Dhaka.

Abandoné Katmandhú en torno al 10 de diciembre tras haber aprovechado para descansar, renovar algo de material (Nepal es un país barato con buena oferta en material de montaña), conocer la ciudad y obtener mi visado de tránsito de India para cruzar un estrecho corredor de 100 kms. a través de este país y que separa Nepal de Bangladesh. Además, estos días que paro y disfruto de conexión a internet, suelo trabajar también: actualizar contenidos en redes sociales, realizar alguna entrevista, responder mensajes y, en especial, dar los últimos retoques a una campaña de crowdfunding en indiegogo.com que estábamos preparando y que sacamos hace unos días para recaudar fondos.

El visado de tránsito tiene una duración de 15 días desde el día en el que te lo expiden, dentro de los cuales puedes pasar 3 en India. Este requisito me obligó a caminar con cierta presteza y sin interrupción desde Katmandhú hasta Kakkarvitta, en la frontera de Nepal con India y, posteriormente, desde Kakkarvitta hasta Changrabandha, punto de paso de India a Bangladesh. Recorrí una pequeña carretera interior en Nepal desde Dhulikhel hasta Bardibas y Dhalkebar, con algún tramo “off-road” en construcción, y paisaje de montaña duro y bonito, atravesando pequeñas aldeas con cabañas y gente pacífica. A partir de Dhalkebar retomé la “autopista” de Nepal que recorre el sur del país de este a oeste. Crucé el gran puente sobre el río Sapta Koshi, bordeé la Wildlife Reserve de Koshi Tappu y alcancé Kakkarvitta a los 12 días de salir de Katmanmdhú… me quedaban todavía 3 para atravesar ese estrecho corredor de 100kms a través de India y que me separaban de Bangladesh. Dejaba atrás Nepal con cierta morriña, pues tenía un visado de 3 meses de los cuales sólo había disfrutado uno. Además, sitios como Pokhara o algún trekking por el Himalaya quedaban en la lista de “lugares pendientes de visitar”, pero el hecho de tener el visado de Bangladesh desde Teherán y el visado de tránsito para India fueron los responsables de que tuviera que darme cierta prisa.

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Era la segunda vez que me adentraba en India en este viaje. La primera vez lo hice por Delhi y Uttar Pradesh. Esta vez era la región de Darjeeling la que verían mis ojos en mi avance hacia Bangladesh, entre plantaciones de té. El paso de Fulbary era el que me quedaba más cercano, sin embargo, al estar sólo abierto para indios y bengalíes, tuve que caminar hasta el de Changrabandha y adentrarme en Bangladesh por Burimari. Pasado el rudimentario control de la frontera, apenas unos puestos de madera y una barrera de bambú, ponía mi primer pie en Bangladesh ante la curiosa mirada de gente que se acercaba a mí y me rodeaban atraídos por el carro. El viaje continuaba, y esta vez era un país completamente nuevo y desconocido para mí.

La primera noche la pasé en una guesthouse de Burimari llamada “Some times”, y al día siguiente apenas avancé unos kilómetros hasta Patgram. Los días anteriores me había dado unas buenas palizas, y tenía el propósito de tomarme con más calma estos días. Ahora, Bangladesh es un país bastante pobre, más en las zonas rurales, por lo que os podréis imaginar en qué tipo de lugares me vi obligado a pernoctar al finalizar de cada etapa. Por poner un ejemplo gráfico, lo de cambiar las sábanas es algo que no se estila mucho, y alguna mañana me levanté acribillado por los chinches.

Los primeros días caminé por pequeñas carreteras sin tráfico, entre árboles, aldeas y plantaciones de patata y tabaco. Perfecto, ideal para descansar y disfrutar del camino. Niños que salían de sus cabañas corriendo al verme pasar, siguiéndome con las bicis, tratando de hablar conmigo y haciéndome todos las mismas preguntas: ¿Cuál es mi país?, ¿cómo me llamo? y ¿qué es eso? (refiriéndose al carro). Cada vez que paraba en un sitio a comprar una botella de agua o a comer arroz con pollo, un corro de gente se formaba en torno a mí…hay que tener algo de paciencia, relajarse y asumir que es así. Son buena gente, pacífica, curiosa y simpática, respetuosa y hospitalaria, con ganas de aprender y relacionarse con la gente de fuera.

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A partir de Rangpur abandono las carreteritas tranquilas y cojo la N5 hasta la capital, a través de poblaciones cada vez mayores conforme me voy acercando a Dhaka, como Pirganj, Bogra, Sherpur y Sirarganj. Atravieso el gran río Jamuna a través del “Bangabandhu bridge” inmerso en la niebla y sin posibilidad de hacer unas buenas fotos. Poco después me enteraría de que este río baja con muy poco caudal. Bangladesh estaba surcado por los ríos hasta hace unos años, ríos provenientes del Himalaya. Sin embargo, en la parte alta, a su paso por India, se recoge mucha agua y estos llegan con menor caudal a las tierras de Bangladesh. También coincide que estoy atravesando estas latitudes en la estación seca, es decir, en invierno, afortunadamente para mí no llueve estos meses y, consecuentemente, los ríos llevan también menos caudal.

En Bangladesh hay seis estaciones, una estación cada dos meses. A las cuatro que conocemos en Europa, hay que añadirles los monzones (julio-agosto) y un otoño tardío que distinguen entre un otoño temprano (septiembre-octubre) e invierno (enero- febrero). Gracias a estos monzones hay una exuberante y variada vegetación entre la que destacan las plantaciones y cultivos, las plataneras y un bambú con infinidad de usos, desde la construcción de cabañas a infinidad de inventos e ingenios muy curiosos y llamativos con los que los habitantes de las aldeas se facilitan la vida.

Actualmente hay una situación algo inestable en el país. Para el 5 de enero había convocadas elecciones, sin embargo, la oposición (BNP) no se presenta hasta que el gobierno no realice una serie de cambios en la Constitución. Esto provoca enfrentamientos en las calles y zonas rurales entre partidarios de uno y otro bando que ya se han cobrado más de 100 víctimas. El otro día viví una situación algo peligrosa debido a estas tensiones.

Earth-Wide-Walk-Nepal-Bangladesh-8Iba en “risha” (rickshaw), las bicicletas-taxi que surcan la ciudad, en compañía de mi amigo Kamrul por una de las grandes avenidas. Los coches, motos y autobuses circulaban con normalidad, a nuestro lado pasaba una camioneta con policía armada con fusiles, y en el otro sentido desfilaba una manifestación en pro del gobierno cuando, de repente, empezaron a caer explosivos provenientes de ningún sitio llenando la calle de humo y ruido, y provocando una estampida de gente, los coches reculando marcha atrás para abandonar la zona, la policía cargando sus fusiles y tratando de descubrir de dónde caían los artefactos, y yo encima de una risha más lenta que el caballo del malo con mi amigo tratando de salir de ahí. Yo estaba preocupado, inmerso en apenas unos instantes en una situación en la que no sabes muy bien cómo reaccionar. Al final, conseguimos alejarnos, hasta que volvió la calma y pudimos acercarnos de nuevo a la zona. Eran explosivos llamados cócteles inofensivos, sólo humo y ruido, lanzados por simpatizantes de la oposición en moto con la única finalidad de causar miedo. Pero claro, yo no sabía eso, y por unos instantes legué a temer por mi integridad.

Por lo demás, Bangladesh y, en concreto Dhaka, es un país con una población estupenda, abierta y generosa. Tuve la suerte de que unos estudiantes se pusieron en contacto conmigo para ofrecerme techo y comida los días que estuviera en la capital, y he conocido de su mano la ciudad, algo de su historia, cultura y costumbres. He conocido la figura de Bangabandhu, el movimiento Shabhagh, el World Literature Center con interesantes iniciativas culturales, el museo de la liberalización, el Independence monument entre otros… He realizado entrevistas para periódicos de Bangladesh (Kalerkantho y Bonikbarta), prácticamente todos los días me han invitado o bien a comer o a cenar, nos hemos hecho fotos, la gente venía a conocerme impresionados por la gesta, yo me sentía abrumado y pequeño ante gestos y detalles tan bonitos, y he pasado unos momentos muy buenos de los que me va a costar despedirme. Es una población en la que palpitan las ganas de un Bangladesh nuevo, culto y abierto, libre de dictaduras y tiranías, y con un gran futuro. Una población de más de 160 millones de habitantes con una gran cantidad de gente joven así lo augura.

Yo, por mi parte, sigo con este viaje, un viaje muy largo en pro de la naturaleza y el planeta Tierra en el que, a pesar de que la mayoría de los gastos los cubro de mi propio bolsillo, estos se van acumulando, por lo que cualquier contribución por pequeña que sea será bienvenida. Os dejo el enlace de la campaña de Crowdfunding en Indiegogo que hemos sacado, para todos aquellos que queráis ayudar a que esta vuelta al mundo se siga haciendo realidad.

Un abrazo, ¡y os deseo un feliz Año repleto de sueños, alegrías y sonrisas desde Dhaka!


Anónimo the author

Videoperiodista, documentalista y aventurero. Entre mayo de 2006 y junio de 2007 realizó uno de los grandes viajes de su vida: la ruta panamericana. De esta aventura nace el documental “La costura de América” que narra su viaje en solitario de 45.000 kilómetros, realizado íntegramente por tierra y más de 11 meses desde Prudhoe Bay (Alaska) hasta Bahía Lapataia en Tierra de Fuego (Argentina). Ha trabajado como corresponsal de la Agencia EFE en la India y realizado decenas de reportajes sobre turismo, cultura y sociedad para el canal de televisión español Telecinco. En enero de 2014 estuvo nominado en los Premios Goya con su cortometraje documental "La Alfombra Roja" rodado en un slum de India y que lleva acumuladas más de 130 selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Sigue mis viajes en mi perfil de Twitter, Facebook e Instagram.