Hace unos días os informamos en nuestro primer artículo sobre qué es y qué recorrido realiza el Trans Canada Rail. Hoy emprendemos nuestro viaje desde la céntrica estación de tren de Toronto, Union Station, en pleno corazón financiero de la ciudad. Son las 9 de la noche y tan solo queda una hora para montarnos en el mítico Trans Canada Rail. Rápidamente hacemos las últimas compras de comida, pues vamos en la clase económica y estas no están incluidas, partimos en busca de lo que será nuestra vivienda durante los próximos tres días con sus tres noches, tiempo que dura el viaje. Facturamos las mochilas grandes y nos quedamos como equipaje de mano una pequeña mochila donde meter un poco de ropa para cambiarte, el neceser y la comida. En la otra mano llevamos nuestro saco de dormir, algo que nos hizo pasar las largas noches en el tren bastante más confortables.

Son las diez de la noche y ya estamos sentados en nuestros asientos, no están numerados en la clase económica, así que buscamos los que parecen más cómodos. El tren se pone en marcha, las luces de la ciudad de Toronto se van quedando atrás mientras nos adentramos en los oscuros bosques de la provincia de Ontario. Tras todo el estrés de la preparación del viaje, ya nos podemos relajar, la aventura comienza pero ahora es tiempo de abrir los sacos y dormir un poco. La luz de la mañana ilumina un espectacular paisaje de bosques y lagos en todo su esplendor otoñal. Cualquier estación del año es ideal para viajar, pero otoño probablemente sea una de las mejores épocas para realizar este recorrido porque se aprecia la naturaleza en todo su esplendor de colores. A media tarde el tren hace una parada de unos 40 minutos, en un pequeño pueblo de Ontario llamado Hornepayne que vive de la industria maderera, lo justo para comprar algo de comida y estirar las piernas.

De nuevo en el tren nos preparamos para pasar la segunda noche, esta vez ya conocemos la posición para poder dormir mejor, pero antes nos acercamos al coche panorámico para tomar un vaso de vino y ver las estrellas. En el cielo despejado de repente notamos una fuerte luz verde que se mueve de manera rápida, como una serpiente, lo que estamos viendo es una aurora boreal, no nos lo podemos creer, es una de las sensaciones más mágicas que cualquier persona puede experimentar. Normalmente para ver este tipo fenómenos naturales es necesario estar más al norte y en pleno invierno, pero nunca se sabe cuando puede aparecer ante tus ojos.

El tren llega temprano a Winnipeg (Manitoba) y hacemos una parada de 4 horas, en las que podemos visitar un poco la ciudad y comer algo caliente a la orilla del río. A media tarde pasamos la frontera de Saskatchewan, una enorme provincia de Canadá del tamaño de Francia, donde se puede viajar durante horas sin ver a nadie. El lugar nos regala una increíble puesta de sol en los infinitos cielos abiertos de sus interminables praderas, adornadas por pequeñas manadas de bisontes, hoy en peligro de extinción.

Es el tercer día en el tren y ya tenemos ganas de llegar a nuestro destino, la Montañas Rocosas, pero antes hacemos una parada en la ciudad de Edmonton (Alberta). Si se quiere visitar Edmonton, hay dos lugares que todas las guías recomiendan, el barrio de Old Strathcona donde se puede encontrar la zona con más vida de la ciudad y el centro comercial más grande del mundo, West Edmonton Mall, el infierno para los que odien estos lugares. Subimos de nuevo al tren y ya nos queda una última parada, uno de los paraísos naturales más impresionantes del planeta, el Parque Nacional de Jasper y Banff.

Finalmente llegamos al montañoso pueblo de Jasper, un lugar encantador y tranquilo que nos recibe con la primera nevada del año, el tiempo nos impide ver las majestuosas montañas que nos rodean, pero se percibe su presencia. Tendremos que esperar hasta la mañana siguiente para poder apreciar el entorno en el que nos encontramos, pero primero es hora de tomar una ducha caliente y dormir en una cama.