Bloggers de viaje en apuros

BLOGGERS DE VIAJE EN APUROS (PARTE 1)

Viajar es una de las mejores experiencias que se pueden hacer en esta vida, pero incluso hasta a los más expertos bloggers de viaje les suceden cosas cuando viajan. Llevarse un buen seguro nunca está de más, pero nada mejor que aprender de la experiencia de los que más viajan, y hacerse eco de los problemas de algunos bloggers de viaje que un día también estuvieron en apuros durante su aventura.

UN BOCADO QUE PUEDE CAMBIAR TU VIAJE

Bloggers de viaje en apuros

A WORLD TO TRAVEL
Inma Gregorio y Jose

Mucho antes de lanzar nuestro blog de viajes A World to Travel y convertirnos en bloggers de viaje a finales de 2012, el virus viajero ya había hecho mella en nosotros. Hoy os contaré una pequeña anécdota de hace ya casi diez años. Por aquel entonces, no es que hubiésemos decidido viajar sin seguro de viaje, ¡es que ni siquiera éramos conscientes de su existencia y la necesidad de contratarlo!

Así fue, que mientras recorríamos la distancia entre las dunas marroquíes de Erg Chebbi y Fez, nuestro taxi compartido paró y yo compré una brocheta de carne de un puesto callejero donde la refrigeración brillaba por su ausencia. Horas más tarde, caía enferma en lo que serían tres de los peores días de mi vida. O al menos eso me dijeron, pues no me acuerdo de mucho. Por lo visto, sufrí fiebres altísimas que me hicieron delirar entre otras lindeces.

Gracias a las casualidades de la vida, en aquel viaje me acompañaba Jose, mi compañero de vida y viajes cuando no voy sola Él se las arregló para conseguir médico y medicinas en un país en el que nadie hablaba su idioma y cuya moneda de cambio eran paquetes de cigarrillos y, por supuesto, dinero. No volvimos a viajar a un país fuera de la Unión Europea sin seguro de viaje.

NIÑO DOS DÍAS HOSPITALIZADO EN KO PHA NGAN

bloggers de viaje en problemas

EL PACHINKO
Pau García Solves

En mi caso fue un problemilla de salud de uno de mis hijos en Ko Pha Ngan (Tailandia), visto ahora a toro pasado nos parece una tontería pero al tener que ingresarlo en ese momento nos fastidió el final del viaje.

La salud es un tema que preocupa muchísimo a los bloggers de viaje y especialmente a los padres que viajamos. Por ello nosotros siempre nos hemos marcado como líneas rojas que los lugares que visitamos sean seguros y tengan buenas infraestructuras hospitalarias. La distancia nos daba un poco igual y sobre el papel, Tailandia cumplía ambos objetivos. El viaje fue como la seda y tras dos semanas moviéndonos de Bangkok al norte y luego al sur, llegaba el momento de disfrutar de unos días de playa como colofón del viaje. Habíamos escogido Ko Pha Ngan porque las islas del Mar de Andamán estaban en plena época de lluvias y nuestra estancia no coincidía con la famosa Full Moon Party. La isla sólo tiene unos 12.000 habitantes y esos días estaba tranquila, así que el relax estaba asegurado. Además, habíamos reservado un hotel idílico junto al mar en el norte de la isla, en lo que eran unas vacaciones de nuestro trabajo como bloggers de viaje.

La primera tarde allí nuestro hijo Oriol (que tenía 3 años por entonces) empezó a no querer comer y su temperatura corporal era más alta de lo normal. Fuimos a una farmacia a comprar un termómetro y la fiebre fue subiendo cada vez más. Decidimos esperar a ver cómo pasaba la noche antes de tomar otras medidas. Pero la cosa no mejoraba y desayunando vomitó lo poco que había comido el día anterior. En esa zona de Tailandia hay poco riesgo de malaria y dengue, pero no quisimos arriesgar ni un ápice y decidimos que lo viera un médico. Llamamos a nuestro seguro médico y a pesar de que era de madrugada en España actuaron muy rápido y nos pusieron un taxi del hotel al hospital más cercano que se encontraba a una media hora. A pesar de ser una isla muy pequeña, Ko Pha Ngan cuenta con una clínica privada adscrita al Bangkok Hospital con buen equipamiento y médicos de primera.

Lo primero que nos dijeron fue que el crío tenía unas anginas galopantes que le impedían comer y beber y que presentaba principio de deshidratación. Además los síntomas coincidían con los del dengue, por lo que decidieron hacerle las pruebas para descartar esa enfermedad tropical. Afortunadamente el test dio negativo, pero tuvieron que ingresarlo para bajarle la fiebre e hidratarlo por vía intravenosa. En unas 48 horas empezó a encontrarse mejor y le dieron el alta. Respiramos aliviados aunque el final idílico del viaje se fue al garete. La factura de aquellas 48 horas de incertidumbre nos hubieran costado 2.000 dólares, así que menos mal que estábamos cubiertos por nuestro seguro. Tanto el seguro, como el personal de la clínica y del hotel Anantara Rasananda como nuestra agencia con los que habíamos reservado el viaje respondieron de 10. Constantes llamadas, soluciones inmediatas y una atención excelente provocaron que unos momentos difíciles lejos de casa se resolvieran de la mejor forma posible.

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PARÁSITOS QUE SE VAN CONTIGO DE VACACIONES

bloggers de viajes en apuros

VIAJEROS 3.0
Rebeca Serba Saiz

Mis padres lo tenían claro: «Con esta niña hay que tener un cuidado tremendo de viaje». Extremo cuidado que no siempre he tenido conmigo misma cuando comencé a viajar sin su compañía. Me ha pasado de todo. Y si hay algo que haya aprendido de mis experiencias es que, no sólo hay que contratar un seguro de viaje cuando salimos de Europa, también es algo más que recomendable dentro de la Unión Europea incluso como bloggers de viaje. En muchas ocasiones lleva costes añadidos que desconocemos, pero es que os puede suceder algo similar a lo que me ocurrió en Rumanía hace 3 años.

Me encontraba ya en mi penúltimo día de viaje (afortunadamente) disfrutando de la ciudad de Bucarest. Era pleno mes de agosto y el calor apretaba. Los mosquitos hicieron de las suyas. Nada fuera de lo común si no fuese porque a las pocas horas de las picaduras (unas 20 por cara, brazos y piernas) comenzaron a salirme unas ampollas de tamaño descomunal. Y cuando hablo de tamaño descomunal, hablo de ampollas de hasta 5 centímetros de perímetro, a las que hay que añadir cara y brazos hinchados como si me hubiesen pegado una paliza. Os podéis imaginar el susto que me llevé. Al día siguiente casi no podía abrir un ojo y muchas de las ampollas habían reventado y no paraban de supurar. Decidí ir al hospital con mi resguardo de la Tarjeta Sanitaria Europea, el que te dan cuando tienes un contrato de trabajo temporal. En admisión no hablaban inglés, y me miraban a mí y a mi papel con cara de pocker. Pasaban las horas y nada. Ni siquiera me cogían los datos o me decían que esperase. Nada. Me tuve que ir, estaba claro que allí no sabían qué hacer conmigo.

Fui directa a una farmacia porque las heridas estaban empezando a infectarse. Los farmacéuticos no daban crédito cuando me vieron aparecer por la puerta y, aunque me ayudaron a desinfectarlo, tenía que coger un vuelo en pocas horas y estaba segura que en los controles me retendrían y me harían muchas preguntas. Curiosamente no fue así aunque os aseguro que llamaba mucho la atención. En cuanto aterricé en Barcelona, respiré aliviada y me fui al hospital más cercano. Allí me tuvieron toda la noche pinchándome medicamentos en vena y curando unas heridas de las que aún hoy en día me quedan marcas en la piel de recuerdo. Meses más tarde me enteré que todo fue una reacción provocada por un parásito que llevaba en el cuerpo desde un lejano viaje que había hecho a Camerún. Muy desagradable.

VIAJA SIN PERDER LOS PAPELES

Bloggers de viaje con problemas

MI AVENTURA VIAJANDO
Javier de la Cruz

¿Hay algo peor para un viajero que le roben el pasaporte fuera de su país? Pues sí, que ese país no tenga embajada de tu propio país. ¡Un infierno! Eso fue lo que me ocurrió cuando me robaron la mochila en Camboya con absolutamente todo lo de valor. Cámara de fotos, 400 dólares en efectivo, tarjetas de crédito… y entre todas las cosas estaba, efectivamente, también mi pasaporte.

Mil trámites me esperaban, empezando por unos policías corruptos que me pidieron dinero en el momento de presentar la denuncia del robo. Me presentaron solamente dos soluciones. Volver a España (algo que bajo ningún concepto concebía) o acercarme a la embajada española más cercana, que estaba en Tailandia. Pero… ¿y cómo salgo de Camboya sin pasaporte? En ese caso, la embajada francesa es la que se hace cargo de los españoles y otras nacionalidades, y pagando las oportunas tasas en la propia embajada francesa por los trámites, me hicieron una especie de pasaporte provisional (un papel cutre vaya…). Luego volví a la embajada tailandesa para obtener un visado (sí, los españoles no pagamos visado para entrar a Tailandia, pero yo, sin pasaporte, ni era español ni era nada…). Y después pagar en la inmigración camboyana el visado de salida.  Finalmente conseguí, un mes y medio después del robo, tener mi nuevo pasaporte conmigo. Pagándolo, claro.

En resumidas cuentas, el disgusto y el dinero que me gasté por el simple hecho de que 2 malnacidos me robasen la mochila. ¡Desde entonces el pasaporte se ha convertido en una auténtica obsesión! Y yo me pregunto como bloggers de viaje que somos… ¿Para cuándo un pasaporte electrónico? ¿Hasta cuándo vamos a seguir llevando ese libreto prehistórico que vale más que nuestra vida como si fuera nuestro hijo de lo valioso que es? Que sí, que los sellitos en el pasaporte quedan muy bien, pero creo que es hora de modernizarnos un poco.

LA NATURALEZA NO AVISA DOS VECES

bloggers de viaje en problemasRinocerontes vía Shutterstock

TROTAMUNDOS
Arturo Brullard

Considero que en mi vida y la de mi mujer hay un antes y un después como bloggers de viaje debido a un momento que casi nos cuesta la vida. Mi esposa y yo entramos caminando a la selva de Chitwan en Nepal. Luego de caminar cerca de 3 horas divisamos un rinoceronte de la India. Nos escondimos tras unos árboles y luego de unos minutos, el inmenso mamífero de mas de 2.5 toneladas, bajo a tomar agua. Para nuestra sorpresa estaba con una cría.  Lo observamos a menos de 40 mts de distancia, la emoción era enorme, disfrutábamos de un bello espectáculo que solo la naturaleza nos puede regalar. Pero de repente, Siba nuestro guía, golpea fuertemente con un palo al suelo y grita a todo pulmón, ¡¡RUUUUN!! RUUUUN!!

Mi mente se quedo en blanco. Y solo atinamos a correr despavoridos para salvar nuestras vidas. Corrimos, corrimos y corrimos, no se si por dos , cinco o diez minutos, solo se que fueron eternos; y mientras escuchaba gritos y los pasos de un gigante detrás de mí. Y cuando apenas me alcanzaban las fuerzas escuché la palabra que pensé nunca escucharía, ¡¡STOP!!. Y paramos unos segundos cuando nuevamente Siba gritó ¡¡RUNNNN!!. Y con mas ganas de vivir que fuerza arrancamos nuevamente a correr. Gracias a dios este segundo y último round duró poco. Pasado el peligro nos detuvimos a descansar. Estábamos confundidos, no sabíamos bien que nos había pasado. Lo único que teníamos claro es que de milagro salimos con vida de Chitwan.

Un mes después, ya en Lima, nos enteramos que íbamos a ser padres por primera vez. La felicidad mas grande de mi vida. Estoy seguro que lo que vivimos fue una advertencia y una gran lección como bloggers de viaje para lo que se nos venía.

ESCUCHA A TU CUERPO, SALUD SÓLO HAY UNA

bloggers de viaje en apuros

UNA IDEA UN VIAJE
Eva Abal

Durante el año que estuve viajando dando la vuelta al mundo tuve varios problemas de salud, como es normal en nuestra vida cotidiana y en la de cualquiera de los bloggers de viaje también. Lo que no esperaba es que un pequeño golpe que me di en las costillas mientras practicaba sandboarding en las dunas de Huacachina (Perú) me provocase tantos problemas durante tantos meses. Había pasado más de 7 meses seguidos en Asia sin ningún indicio de malestar de barriga ni diarreas. Había comido en restaurantes que Chicote (del programa “Pesadilla en la cocina”) clausuraría a la de tres y jamás había caído enferma de viaje. Pero cuando a uno le toca le toca. Y no darle demasiada importancia no hizo más que empeorarlo. Además, el hecho de cargar con la mochila día tras día tampoco ayudó.

Pero el peor problema del dolor en la costilla es que iba y venía, llegando a veces a ser tan agudo que no podía ni salir de cama. Ahí fue cuando ya no hubo vuelta atrás: Me quedé sin bucear, me perdí trekkings que me hacían muchísima ilusión y acudí al médico y al hospital (¡¡importantísimo tener seguro de viaje!!). Me dieron pastillas, me hicieron pruebas, radiografías… pero aún es el día de hoy en que no estoy recuperada al 100%. Son gajes del oficio, supongo. Y mi error de no darle importancia a algo que acabó dándome días muy duros en mi viaje. Así que (¡y lo diré aunque suene a señora madre! 😀 ) si os lastimáis estando de viaje, tened en cuenta que vuestra salud es lo primero y acudid al médico o al centro de salud lo antes posible.

EL ATAQUE DE LOS CHINCHES EN LAOS

bloggers de viaje en apuros

365 SÁBADOS VIAJANDO
Virginia y Fran

Uno suele temer torcerse un tobillo mientras está de viaje, sufrir de graves intoxicaciones (tan comunes) o incluso padecer la temida malaria. Durante nuestra vuelta al mundo como bloggers de viaje no padecí ninguno de estos serios problemas, aunque sí de uno muy real y mucho más común, aunque no tan mencionado. Me atacó una horda de chinches. Puede que le haya ocurrido a más de uno, lo que yo no sabía era que soy más sensible a la picadura de estos desagradables bichitos que la mayoría de viajeros. Así que cuando me levanté aquella mañana en Ventiane con una buena erupción en toda la espalda y parte de los brazos, no sabía qué hacer. El picor era tal que me iba a producir una infección por las heridas, así que decidimos ir hasta el hospital más cercano. Sabíamos que no era urgente, pero en el hospital querían hacerme mil pruebas e incluso ¡me asustaron diciéndome que podía ser gripe aviar!. Finalmente, les convencí yo misma de que se trataba de una alergia a las picaduras de los chinches, me recetaron una pomada antiinflamatoria y en unos días todo volvió a la normalidad. Eso sí, viajando como bloggers de viaje aprendimos muchísimo sobre cómo detectar si había chinches o no en los lugares donde nos alojábamos.

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