¿Qué ver en Saint Tropez?

Vista aérea del puerto de Saint-Tropez con edificios de colores pastel, una torre medieval y yates amarrados en aguas turquesas
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Si estás preparando tus próximas vacaciones en Saint-Tropez estás en el lugar adecuado: una guía donde te cuento qué ver y qué hacer en el municipio, además de los pequeños pueblos con encanto que deberías visitar en su entorno. Deja atrás los prejuicios porque, sí, no nos engañemos, es un destino muy relacionado con altos poderes adquisitivos, pero lo cierto es que también ofrece opciones muy accesibles para disfrutar de un ambiente incomparable. Ve preparando la maleta, que te cuento.

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Qué ver en Saint-Tropez: lugares imprescindibles

Además del glamour y el lujo a raudales, Saint-Tropez tiene mucho que mostrar a sus visitantes, teniendo en cuenta su larga historia como pieza clave de la Costa Azul desde la época medieval, su posterior evolución hacia el pueblo de pescadores que siempre fue y su explosión final en los últimos 50 años como destino turístico para grandes personalidades. Una amalgama que ofrece todas estas maravillas:

El puerto viejo –Vieux Port–

Vista aérea del puerto viejo de Saint-Tropez con yates amarrados y tejados ocres del casco antiguo junto al mar turquesa

El puerto viejo de Saint-Tropez es el corazón de una localidad repleta de vida. Como epicentro de tu destino, debe ser el punto de partida en la visita –y al que, sin duda, volverás una y otra vez durante tu estancia–. Y es que es el lugar perfecto para dar un paseo, y si miras hacia las embarcaciones amarradas, te encontrarás una variopinta amalgama de embarcaciones tradicionales locales –los coloridos pointus– combinadas con yates de un valor incalculable.

El contraste en Vieux Port también tiene lugar fuera del agua: por las mañanas es un sitio especial donde desayunar y ver cómo despierta el municipio desde las terrazas de los cafés en el paseo Quai Suffren, mientras por la noche, al encenderse las luces, explota como centro social de la ciudad repleto de restaurantes, bares y bistrós combinados con clubes y locales de fiesta. Mi recomendación es que trates de disfrutar de ambos ambientes en esta zona de Saint-Tropez en concreto.

La Ciudadela de Saint-Tropez

Vista aérea de la Ciudadela de Saint-Tropez con sus murallas y baluartes, rodeada de vegetación y con la bahía al fondo

La Ciudadela de Saint-Tropez, construida a finales del siglo XVI, es una de las estructuras defensivas más innovadoras de su época, ya que incorpora la inclinación en sus paredes y la edificación de baluartes ubicados en los ángulos de la muralla. No obstante, lo mejor de esta visita son las vistas hacia la bahía de Saint-Tropez.

Además de esa mirada hacia el paisaje mediterráneo, esta experiencia ofrece un paseo por las murallas –cuyo nivel de conservación es notable– y el acceso al Musée d’Histoire Maritime, que ayuda mucho a comprender la historia de una localidad permanentemente ligada al mar, que ha sabido sacar el máximo partido de esta relación en varios momentos clave de su historia.

La entrada a la galería tiene un coste de 5 euros y un horario de visita que varía según la temporada: de abril a septiembre abre todos los días de 10:00 a 18:30 horas; de octubre a marzo, de 10:00 a 17:30 horas –la última entrada, media hora antes del cierre–.

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El barrio de La Ponche

Fachadas de colores pastel del barrio de La Ponche junto a la playa de la Ponche, con bañistas y rocas en primer plano

El barrio de La Ponche es el que más se ajusta al adjetivo de tradicional, si es que queda algún rincón de Saint-Tropez que se pueda calificar como tal. Al menos a nivel estético sigue siendo fiel a su historia, con un entramado de calles estrechas flanqueadas por fachadas de colores pastel. En esto no ha cedido ante la masificación turística, aunque sí se ha modernizado a nivel ambiental y cultural.

Pero la nostalgia no es lo único que te acercará al casco antiguo del pueblo, especialmente si te gusta viajar con calma: dos de las playas más pequeñas, solitarias y tranquilas de Saint-Tropez, la plage de la Ponche y la plage de la Fontanette, se encuentran en el barrio de La Ponche, exactamente donde los pescadores amarraban sus barcas antaño y donde tú podrás darte un baño lejos de la masificación turística.

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Playa de Pampelonne

Pero, hablando de playas, cuando viajas a Saint-Tropez no puedes dejar de ir a la plage de Pampelonne, una de las más emblemáticas, no sólo de la ciudad tropézienne, sino de toda la Costa Azul. Está ubicada en la reserva natural de Ramatuelle, a unos 10 minutos en coche del centro de la localidad aproximadamente, y repleta de beach clubs de alto nivel.

Y es que la popularización de esta playa a mediados del siglo XX por parte de la gran Brigitte Bardot no cayó en saco roto: es una zona masificada donde resulta complicado aparcar y encontrar un espacio en la arena más allá del mediodía. Esto, además de por su gran confluencia, se explica porque los 4,5 km de longitud de la playa de Pampelonne se dividen entre espacios privados de pago y tramos de acceso libre, que lógicamente están mucho más saturados.

Museo de l’Annonciade

El Museo de l’Annonciade es la perfecta demostración de que Saint-Tropez es mucho más que playas, turismo y lujo. Fue inaugurado en 1922 y trasladado definitivamente a la capilla de l’Annonciade en 1955, una ubicación que lo llevaba al centro del pueblo y muy cerca del pueblo. En su interior se exhiben obras, principalmente de los movimientos puntillista, nabis y fauve, firmadas por autores de la talla de Bonnard, Seurat, Dufy, Vallotton, Maillol y De Vlaminck.

Muchos de los turistas que escogen este destino para sus vacaciones desconocen que Saint-Tropez fue un municipio importante en la pintura vanguardista a principios del siglo XX. Uno de sus principales precursores fue Paul Signac quien adquirió La Hune, una residencia en la que también se encontraba su taller, al que invitó a autores del nivel de Matisse.

El precio de la entrada es de 5 euros –6 en caso de que haya una exposición temporal relevante– y el horario de acceso es de 10:00 a 19:00 de julio a septiembre, de 10:00 a 18:00 de abril a junio y en octubre, y de 10:00 a 17:00 de noviembre a marzo.

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Mercado de Place des Lices

Place des Lices de Saint-Tropez, una plaza arbolada con plátanos bajo los que se juega a la petanca y se celebra el mercado provenzal

Uno de los lugares más céntricos del municipio tropézien es la Place des Lices, uno de los centros neurálgicos a nivel social y cultural en el municipio. Su principal atractivo es puntual: los martes y los sábados por la mañana –de 8:00 a 13:00 horas aproximadamente–, tiene lugar uno de los mercados provenzales más importantes de toda la costa azul, donde podrás encontrar productos típicos de la zona en forma de frutas, verduras, quesos, especias, flores, ropa y artesanía local.

¿Y qué mejor manera de conocer el ambiente, la cultura y las costumbres de un lugar que su mercado? En este caso llama especialmente la atención su contraste –otro más– con el lujo de los yates atracados en el puerto. Pero este rincón de Saint-Tropez va un poco más allá cuando se trata de entender el aspecto social de la localidad, ya que es un espacio donde se juega a la petanca a diario, a la sombra de los plátanos, y está repleta de cafeterías típicas.

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Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

Vista de Saint-Tropez enmarcada en una ventana de piedra, con el campanario de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y la bahía al fondo

La Iglesia de Nuestra Señora de la AsunciónNotre-Dame-de-l’Assomption en francés– fue declarada monument historique en 1981 por el Ministerio de Cultura del país –el equivalente a Bien de interés cultural en España–. Su construcción se inició en el siglo XVI y culminó en el último cuarto del siglo XVIII sobre una iglesia anterior construída en 1056.

En el templo destacan principalmente, desde el exterior, su famosa cúpula color ocre, como uno de los planes generales más repetidos de Saint-Tropez, con el mar y los yates de fondo; en el interior, se conservan los bustos de San Pedro y de Torpes de Pisa –Saint-Tropez en francés–, en este caso un relicario del patrón del municipio y protector de los marinos, como no podría ser de otra forma. En honor a este último se celebran anualmente las fiestas y la procesión de la Bravade entre el 16 y el 18 de mayo.

Qué hacer en Saint-Tropez para disfrutar al máximo

Ha quedado claro que Saint-Tropez es un gran destino por todo lo que ofrece para visitar. Pero los viajeros inquietos buscamos más y también nos interesa saber qué hacer en cada lugar que visitamos. En este caso, la gastronomía, la vida nocturna, las compras de lujo y los paseos en barco son la línea habitual, aunque nunca está de más recorrer alguna de sus espectaculares rutas de senderismo para mantener la humildad. Apunta todo esto:

Paseos en barco y excursiones marítimas

Viajar a Saint-Tropez y no vivir la experiencia de la típica excursión en barco es prácticamente un delito. Si bien no deja de ser una turistada, es una excursión que te permitirá presenciar lo más mágico de este enclave en la Costa Azul, como es la propia bahía vista desde el mar, las calas de difícil acceso por tierra y, en algunos servicios concretos, conocer ciudades cercanas como Port Grimaud o las Îles d’Or.

Para quien se lo pueda permitir, por supuesto, la mejor idea es alquilar una embarcación pequeña por unas horas, que es lo más habitual entre las grandes fortunas –no tan grandes como para tener yate propio– que visitan Saint-Tropez. No obstante, para viajeros con objetivos más económicos, en temporada alta salen catamaranes a diario a un precio mucho más accesible, ¡así que no hay excusas!

Rutas de senderismo y vistas panorámicas

Aunque no es el propósito más habitual y destacado entre los turistas que se desplazan a este rincón de la Costa Azul, lo cierto es que bajo mi punto de vista merece mucho la pena practicar el senderismo en los alrededores de Saint-Tropez. Yo lo he hecho y se trata de un entorno natural infravalorado para mi gusto, tanto por las vistas hacia el Mediterráneo como por el propio paseo.

Le Phare du Cap Camarat es un faro ubicado aproximadamente a un cuarto de hora de la localidad, el segundo más alto de Francia si tenemos en cuenta la altura de su fuente de luz sobre el nivel del mar. Las rutas costeras que lo rodean y que se alzan sobre las calas salvajes más importantes de la zona son una gran idea, tanto como el sendero que rodea la mencionada ciudadela hacia las playas de la cara norte de la población.

Vida nocturna: bares y clubes famosos

Torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción iluminada al atardecer, con el puerto de Saint-Tropez y sus veleros al fondo

En contraposición con la experiencia anterior, una actividad que sí se encuentra entre los objetivos principales de los visitantes a Saint-Tropez reside en disfrutar de la vida nocturna. La mayor parte de bares y clubes de la localidad se concentran en el puerto, cuyas terrazas se abarrotan en temporada alta, no solo alrededor de la fiesta, sino también para cenar buen marisco.

No obstante, la zona más exclusiva de Saint-Tropez para disfrutar de la noche se encuentra en la playa de Pampelonne –especialmente en los tramos privados de playa, donde es frecuente ver a multitud de famosos–. Algunos de los mejores locales ubicados aquí son Club 55, Verde o Gigi Ramatuelle, si bien es habitual que te encuentres con listas de esperas y precios desorbitados que dotan al entorno de una exclusividad propia de pocos lugares en el planeta.

Compras de lujo y boutiques locales

Y si algo no podía faltar en este listado de cosas que hacer en Saint-Tropez, eran las compras de lujo. En esta localidad casi cualquier adquisición podría alcanzar este nivel, teniendo en cuenta que estamos en un destino de alto standing. Sin embargo, en el Quai Jean Jaurès y sus alrededores –el centro neurálgico comercial más importante de la ciudad– también hay espacio para otras compras.

Porque, aunque es lo más destacable –y merece la pena la visita por el ambiente y la estética aunque no vayas a comprar nada–, en esta zona no solo encontrarás boutiques y marcas de lujo internacionales pertenecientes principalmente al sector de la ropa y la joyería, sino también algo de artesanía local que resulta algo más asequible –aunque no destaca por ser especialmente económica–.

Degustar la gastronomía provenzal

Otra de las sorpresas que guarda esta localidad al litoral del sureste francés es su gastronomía. Con un marcado carácter provenzal, la cocina de Saint-Tropez no se entiende sin el pescado fresco, las hierbas aromáticas, el aceite de oliva y las verduras de temporada, todos ellos alimentos típicos de la zona que coinciden con los nuestros. Dieta mediterránea, al fin y al cabo, pero con un enfoque distinto.

Tarta tropézienne, el postre típico de Saint-Tropez: pan brioche relleno de crema y cubierto de azúcar perlado
Tarta tropézienne, una especialidad local

Eso sí, si tuviera que quedarme con un único plato típico de Saint-Tropez sería la conocida tarta tropézienne, una especialidad local inventada en los años 50 que podrás conseguir en casi todas las panaderías y pastelerías del pueblo. En concreto, se trata de un pan brioche relleno de crema que no podrás probar sin repetir. En general, para comer bien sin gastar demasiado, te recomiendo que te alejes un poco del puerto.

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Qué ver en los alrededores de Saint-Tropez

El paso siguiente, una vez que ya sabes qué ver y qué hacer en Saint-Tropez, es conocer algunos de los pueblos de su entorno, especialmente si tu viaje se alarga más allá de un par de días. Mis recomendaciones –y las de la mayoría de turistas que se han movido por la zona– son Ramatuelle, Gassin, Grimaud y Port Grimaud, la pequeña Venecia. Deja que te hable un poco sobre ellos:

Ramatuelle y sus viñedos

Vista panorámica de Ramatuelle, pueblo medieval sobre una colina rodeado de vegetación y viñedos, cerca de Saint-Tropez

La primera parada en tu visita a los alrededores de Saint-Tropez debe apuntar a Ramatuelle, que se encuentra a menos de 10 km de tu destino principal. Se trata de un pueblo medieval construido sobre una colina, así que la recomendación en este caso no varía mucho con respecto a este tipo de municipios: callejea y piérdete entre sus suelos y fachadas de piedra.

Si te animas a visitar Ramatuelle, lo esencial es visitar una bodega y sus viñedos, y hacer una cata de vinos rosados, especialmente el Côtes de Provence, con Denominación de origen. También puedes practicar algunas actividades en la naturaleza, entre las que tiene mucho éxito la equitación, y asomarte a una de las playas más mencionadas en éste y cualquier otro artículo sobre Saint-Tropez: la de Pampelonne, que en realidad se encuentra aquí.

Gassin, uno de los pueblos más bonitos de Francia

Desde 1994, Gassin forma parte del club muy selecto de los Plus Beaux Villages de France y es el único pueblo bañado por el Mediterráneo que cuenta con esta calificación en el país vecino. Nuevamente hablamos de un pueblo medieval, por lo que el paseo entre calles empedradas se repite, en este caso con una estética más pintoresca protagonizada por los jazmines y buganvillas. En el pueblo, de apenas 2700 habitantes, destacan sobre todo la place Deï Barri –mirador incluido– y la rue de l’Androuno, considerada la más estrecha del mundo con un mínimo de 29 centímetros de ancho.

Pero Gassin, que se encuentra a menos de 20 minutos en coche desde Saint-Tropez, no es solo el municipio, sino también las vistas que ofrece hacia la Costa Azul, desde sus 200 metros de altitud. Si te interesa la historia, debes saber que esta comuna lleva habitada desde el Neolítico, aunque empezó a construirse tal y como es hoy en el siglo XVI y se convirtió en destino turístico a finales del XIX.

Grimaud y su castillo medieval

Si te preguntas qué visitar en Saint-Tropez y vas a pasar unos días en el destino, tienes que escaparte a Grimaud, que se encuentra a cerca de 25 minutos hacia el interior. Se trata de otro pueblo medieval, algo más grande y poblado –poco más de 4000 habitantes–, pero también más tranquilo –y menos masificado turísticamente– que los anteriores.

En definitiva, es una visita breve, pero altamente recomendada. En particular, te aconsejo que visites la iglesia románica de Saint-Michel y las vistas al Mediterráneo desde el que es, además, el principal atractivo para sus visitantes: las ruinas de un castillo que simboliza a la perfección el poder de esta región en la época medieval.

Excursión a Port Grimaud, conocido como la pequeña Venecia

Canales de Port Grimaud con casas de colores vivos y embarcaciones amarradas, la llamada pequeña Venecia cerca de Saint-Tropez

Por último, Port Grimaud es un pequeño pueblo costero relacionado con Venecia por su construcción entre canales, creada a mediados del siglo XX por el arquitecto François Spoerry sobre los marjales del río Giscle. Se encuentra también en la bahía de Saint-Tropez, por lo que es otra visita imprescindible a poco más de 10 minutos de nuestro destino principal.

Sin duda, se trata de una alternativa diferente a todas las demás visitas en esta zona de la Costa Azul, especialmente si paseas por sus canales cruzando sus llamativos puentes de colores. Por lo demás, aunque queda en un segundo plano, en Port Grimaud también se suele visitar la iglesia ecuménica de Saint-François d’Assise.

Preguntas frecuentes sobre qué visitar en Saint-Tropez

La mayoría de viajeros que escogen pasar sus vacaciones en Saint-Tropez se repiten las mismas preguntas en la planificación: el número de días adecuado para conocer el municipio, si el nivel de precios es tan alto como se comenta y qué es lo que hace a esta localidad destacable como destino turístico. Como siempre, cierro el artículo respondiendo a cada una de estas dudas.

¿Por qué es famoso Saint-Tropez?

El factor principal que ha colocado al municipio de Saint-Tropez entre uno de los destinos más relevantes del mapa turístico ha sido una transformación radical en poco más de 50 años: de un pequeño pueblo de pescadores a una de las capitales mundiales de las personalidades, el lujo y el glamour, en parte gracias al impacto de Brigitte Bardot y el rodaje de su película Y Dios creó a la mujer en la localidad.

Aunque todavía quedan vestigios de lo que fuera antaño, como el Vieux Port y el barrio de La Ponche, donde todavía puedes encontrar algunos barcos de pescadores entre los grandes yates de lujo, lo cierto es que Saint-Tropez se ha posicionado como un destino de vida nocturna y turismo de playas privadas. Eso sí, sin perder esa esencia provenzal tan característica de la Costa Azul y sus alrededores.

¿Saint-Tropez es caro?

No hay duda: Saint-Tropez es uno de los destinos turísticos más caros del viejo continente, aunque quien se traslada a la localidad lo hace sabiendo adónde va. Las playas privadas, los restaurantes del puerto y los beach club –especialmente en la zona de Pampelonne– están destinados a un tipo de turismo muy concreto, el de los yates y las excursiones particulares.

Sin embargo, Saint-Tropez también ha sabido posicionarse como destino para bolsillos algo más humildes, con multitud de opciones accesibles que permiten acoger a todo tipo de visitantes. Lugares como el mercado de la Place des Lices, las panaderías típicas del casco antiguo y los restaurantes de comida autóctona al alejarte un poco del puerto constituyen, junto a las playas públicas, una gran experiencia sin lujos. ¡Esto también incluye a los museos más importantes de la localidad!

¿Cuántos días hay que estar en Saint-Tropez?

Como siempre, el tiempo que dedicas a un destino depende mucho de tu forma de viajar y de tus intereses en torno a esa ciudad en concreto. Si te gusta viajar tranquilamente, probablemente te apuntes unos días de descanso en sus playas, clubes y restaurantes, sobre todo si viajas en julio y agosto, que es temporada alta y todo va mucho más despacio.

Sin embargo, si quieres conocer únicamente lo esencial de Saint-Tropez o se encuentra en una ruta que comprende varios destinos, con un par de días completos tendrás suficiente: el casco antiguo –Vieux Port y barrio de La Ponche-, la ciudadela, el mercado de la Place des Lices si llegas al pueblo un martes o un sábado, alguna de las playas –pública o privada– de Pampelonne y una excursión a alguno de los pueblos de los alrededores a elegir entre Gassin, Ramatuelle y Grimaud –si quieres visitarlos todos tendrás que alargar tu viaje un par de días más–.

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Videoperiodista, documentalista y aventurero. Entre mayo de 2006 y junio de 2007 realicé uno de los grandes viajes de mi vida: la ruta panamericana. De esta aventura nace el documental “La costura de América” que narra este viaje en solitario de 45.000 kilómetros, realizado íntegramente por tierra y más de 11 meses desde Prudhoe Bay (Alaska) hasta Bahía Lapataia en Tierra de Fuego (Argentina). He trabajado como corresponsal de la Agencia EFE en la India y realizado decenas de reportajes sobre turismo, cultura y sociedad para el canal de televisión español Telecinco. En enero de 2014 estuve nominado en los Premios Goya con mi cortometraje documental "La Alfombra Roja" rodado en un slum de India y que lleva acumuladas más de 130 selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Sigue mis viajes en mi blog de viajes o mis redes sociales: Twitter, Facebook, Instagram y LinkedIn

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