Yo sí, y ha pasado mucho tiempo. El vídeo que he colgado justo arriba resume de alguna forma lo que no quiero que me ocurra dentro de 20 años. Cambiarán los tiempos, las modas, la forma de viajar, mi situación económica y personal, pero nunca cambiará la pasión con la que me enfrento a cada nuevo viaje. Oficialmente, si mi memoria no me falla, mi primer viaje en solitario como mochilero lo hice allá por el año 2004, fui a Perú. Desde muy pequeño mis padres me inculcaron una pasión por descubrir lugares desconocidos en los viajes que cada verano realizábamos por Europa en nuestra caravana. La elección del destino fue fruto de la curiosidad y de la casualidad. Mi amigo Santi había viajado al país sudamericano el año anterior y la experiencia había sido tan gratificante que me recomendó que viajara allí. Nunca se olvida tu primera aventura en solitario. No fue fácil pero viví una experiencia apasionante e inolvidable. En aquel viaje de un mes en el que partí de Lima por toda la costa peruana rumbo al sur, sobrevolé las enigmáticas líneas de Nazca, ascendí por la cordillera andina, navegué en el Lago Titicaca y conocí gente local muy amable y hospitalaria con la que compartí conversaciones, mates de coca, partidos de fútbol y cervezas Cuzqueñas. En mi camino se cruzaron mochileros extranjeros que sembraron en mí en aquellos tiempos el sueño de realizar un gran viaje; un francés que dejó todo para recorrer mundo en solitario y una pareja de australianos, Richard y Jo, los Demeesters, que estaban dando la vuelta al mundo durante un año.


Adentrándome en la selva amazónica a decenas de kilómetros río adentro de Puerto Maldonado.

Perú es un país enorme y variopinto. En él puedes encontrar una paleta enorme de paisajes: desierto, playa, montañas, selva… También los tesoros históricos que guarda en sus tierras son extraordinarios. En aquel viaje recorrí la parte sur del país y por supuesto visité las principales ruinas de la civilización Inca, muchas de ellas ubicadas en el Valle Sagrado: la magnética Machu Picchu, Sacsayhuamán, Písac, Quenko, Tambomachay, Ollantaytambo… Junto a la joya del Imperio Inca, Machu Picchu, subí andando a lo más alto del monte Huayna Picchu, hice un trekking por el imponente Cañón del Colca, ascendí hasta la cumbre de la duna más alta del mundo para descenderla en una tabla haciendo sandboard… Riqueza geográfica y riqueza gastronómica. En mi opinión, Perú es uno de los países de América del Sur con tal variedad de platos que llevarse al estómago que uno no puede probarlos todos en una primera visita: picante de cuy, papa a la huancaína, ceviche, lomo saltado, olluquito con charqui, causa rellena de pollo o atún, ají de gallina, rocoto relleno o los deliciosos anticuchos (una especie de pinchos morunos con carne de corazón de vaca).


Antes de hacer sandboard en la duna más alta del mundo

Ha llovido mucho desde entonces, más de 8 años, y en ese viaje que también es la vida se han sucedido todo tipo de aventuras: viajé en un cochecito con mi hermano un mes por toda Costa Rica, he vivido y trabajado como corresponsal más de un año en la India, recorrí la ruta panamericana en solitario durante casi un año -fue la segunda vez que pisé tierras peruanas, esta vez entrando por el norte visitando Chiclayo y Máncora- y en 2012 he estado ocho meses fuera de casa en países como Estados Unidos, México, Japón y Egipto. ¿Me quedan muchas aventuras por vivir? Por supuesto, soñar con viajes futuros y proyectos que poner en marcha no cuesta dinero. Y tú, ¿qué recuerdos tienes de tu primer viaje como mochilero? ¿Qué ha cambiado después de tanto tiempo en ti y en tu manera de percibir el mundo gracias al viaje? Deja un comentario. Me encantaría conocer tu experiencia.