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Eran las 3 de la tarde de un viernes cuando dejé los 4 teléfonos que tenía a mi cargo y le dije a una compañera:

– Me voy. El lunes vengo y renuncio formal.
– ¿Y qué vas a hacer?, me preguntó sorprendida.
– Me voy a Hawaii, no sé.

La libertad tenía mucho gusto a miedo al principio, es por eso que me lo tomé con calma. Un año y medio después, me sentía más segura y convencida de que lo único que quería hacer era volar. Planeábamos un viaje familiar a los Estados Unidos cuando me comunicaron que ya no me podían pagar en el único trabajo que mantenía. Fue el empujón que necesitaba. Esa misma tarde vi la foto de un amigo viajero que estaba con la novia en Maui. Lo contacté: “En febrero voy a Hawaii. ¿En qué isla están? ¡Voy para allá!”. Tan solo la idea de estar en esas tierras volcánicas rodeadas por kilómetros y kilómetros de agua, me hacía temblar de alegría.

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Terminado el viaje familiar me quedé en EEUU. Luego de unos días en San Francisco conseguí un vuelo barato y volé a Maui. No tenía reserva, ni plan, ni idea, sólo dinero para una semana en Hawaii y muchísimo miedo.

Llegué al aeropuerto pensando, con una sonrisa gigante, que estaba haciendo la peor locura de mi vida. Y la estaba haciendo, pero era la mejor locura de mi vida y la suerte estaba de mi lado. Me encontré con mi amigo y estuvimos todo el día buscando alojamiento pero no encontramos. Ni couchsurfing, ni hostal, ni camping: nada. Ya cansada, estaba sentada en las escaleras del parking de un hostal mirando las estrellas (con la idea de que no estaba tan mal dormir en el coche) cuando apareció el manager del hostal que era de mis pagos. Hablamos más de una hora y me ofreció ser voluntaria: trabajar a cambio de alojamiento. De esa manera se me abrían las puertas de una isla increíble que me llenó de fuerza y confianza para seguir de viaje por el mundo.

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Sí, tuve suerte. Pero esta modalidad de trueque existe y se usa mucho para viajar. Acerca a todos los mochileros a los destinos más insólitos, impensados o costosos del mundo. Durante los primeros viajes, seguí apostando a la suerte: llegaba, golpeaba distintas puertas y me quedaba donde tuvieran un lugar para mi.

Hasta ahora, llevo un año y medio viajando gracias al intercambio, jamás me sentí “explotada” laboralmente

Meses después, decidí ser un poco más organizada y me registré en algunas páginas que funcionan como buscadores de estas oportunidades por todo el mundo (Workaway, Worldpackers y Helpx). Los trabajos son muy variados: cuidar niños, recepción en hostels, limpieza, construcción, decoración, cocina y hasta redes sociales o comunicación. Muchas familias abren sus hogares a los viajeros a cambio de algunas ayudas con los quehaceres cotidianos. Suelen estar muy reglamentadas las horas de trabajo, los días de descanso y algunos ofrecen dinero extra.

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Es muy sencillo. Lo primero, y lo más importante, es armar un perfil completo, preferentemente en inglés, con la lista de lugares a los que les gustaría ir, fotos, idiomas, experiencia, hobbies y todo lo que consideren necesario. Luego iniciar la búsqueda y mandar mensajes a todos los que quieran. Les recomiendo leer bien y aclarar todas las dudas por mail antes de ir. Preguntar si incluye las comidas, cuál sería el horario, los días libres, qué tipo de tareas tendrían que realizar y cómo es el lugar en el que van a dormir. También es importante tomarse el tiempo para leer los comentarios de los voluntarios que ya pasaron por allí.

Hasta ahora, llevo un año y medio viajando gracias al intercambio, jamás me sentí “explotada” laboralmente. Las tareas suelen ser sencillas (a menos que escojan algún trabajo de fuerza, construcción o jardinería que son más demandantes). Por lo general son jornadas de 4 o 5 horas por día con 1, 2 y hasta 3 días libres a la semana. Es importante tener el permiso para permanecer en ese país durante el voluntariado. En mi experiencia, siempre tuve tiempo libre ya sea para recorrer o para hacer algún trabajo complementario.

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He convivido con gente de casi todo el mundo, compartiendo aventuras, emociones y grandes charlas. Estando fuera de casa todo es un poco más intenso: los miedos se comparten y no se necesita mucho tiempo para ganar confianza y generar vínculos que son familia.

Si hay algo que sigo manteniendo a lo largo de este viaje, es la idea de que existe una cadena de ayudas y favores mundial e inconsciente pero, a la vez, muy generosa. Si ayudás (y no hablo de cosas materiales, puede ser una simple sonrisa en medio de la desolación del no saber qué hacer) siempre vas a encontrar a alguien que te ayude.

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Y lo último: siempre hay un lugar en el mundo en el que te están esperando con los brazos abiertos y una sonrisa para dártelo todo a cambio de casi nada. Día a día. Paso a paso y con confianza. A viajar.


Anónimo the author

Soy una periodista argentina de 29 años que viaja por cualquier destino que se le cruce. No muy organizada pero si apasionada. Huyendo de las formalidades de los trabajos demasiado formales, decidí viajar sin fecha de vuelta. Estuve en 16 países pero mi lista a futuro es infinita. Me gusta quedarme algunos meses en un mismo lugar y conocerlo como un local. Una idealista bastante realista y “entusiasmadora” nata a lanzamiento de locuras y aventuras viajeras. Por el momento estoy en San Sebastián armando mi blog y trabajando en un antiguo convento donde hoy funciona un hostal. Mi lado fotográfico lo expreso en Instagram.