Ruta de los 7 lagos

Rumbo hacia el sur de América el frío cada vez se hace más patente. Un frío que me recuerda al inicio de mi viaje en Alaska a orillas del Océano Ártico hace unos meses miles de kilómetros hacia el norte de donde me encuentro. Es curioso como el ciclo de la vida abre nuevos caminos, cierra otros y deja algunos de ellos a medio recorrer. En este viaje ha habido de todo. Norte y Sur en América son un espejo en lo natural (frío, nieve, espacios inmensos), dos opuestos en lo económico. Los días que he pasado en el norte de Argentina han sido maravillosos. Sus paisajes áridos, el contacto con sus gentes y sobre todo degustar la maravillosa carne de este país han sido regalos como caídos del cielo en esta etapa final. Tengo la sensación de que el fin de este viaje cada vez está más cerca. Entrar en Argentina ha sido como poner medio pie en Europa. Este país tiene una personalidad propia dentro de Latinoamérica pero hace que me sienta cada vez más cerca de casa.

MENDOZA, TIERRA DE VINOS

Si la carne es mi perdición, el vino una pasión. La vitivinicultura tiene una antigüedad en el mundo de más de siete mil años. Argentina, por su clima y cultura, es un país que ha desarrollado ricos caldos con personalidad desde hace más de cuatro siglos. Se ha ganado su hueco en el mundo del vino a pulso convirtiéndose en uno de los principales países productores por detrás de Francia, Italia, España y Estados Unidos. Para llegar hasta Mendoza, capital del vino argentino, tomé un bus en Salta con el que atravesé las provincias de San Juan y La Rioja.

Al noroeste de la primera de estas provincias argentinas se encuentra Ischigualasto, nombre de origen diaguita -tribus que habitaban originalmente esta región- que la mayoría de turistas conocen como el Valle de la Luna. Un fascinante lugar con una geografía de ciencia ficción cuyo paisaje parece de otro planeta. Fruto de la erosión del agua y el viento en este valle durante millones de años surgen esculturas naturales del período triásico. Resulta difícil imaginar que en el pasado este desértico paisaje fue una exuberante selva de acacias, ginkos y palmeras satinados de lagos y pantanos. Al emerger la Cordillera de los Andes, hace apenas 60 millones de años, cambiaron totalmente las condiciones de vida.

El tiempo apremiaba. Tan sólo quedaban dos días para mi cumpleaños y tuve que decidir entre celebrarlo en el silencio del valle lunar o hacerlo al calor de una suculenta parrillada acompañada de un excelente vino en Mendoza. La segunda opción ganó. No siempre hay tiempo para todo así que el Valle de la Luna queda anotado en la libreta de lugares pendientes por visitar. Cuando llegué a Mendoza con mis amigos Maurizio e Iván nos dispusimos a buscar un hostal para alojarnos. Imposible, todos los hoteles y hostales estaban llenos debido a las vacaciones de Semana Santa. Finalmente gracias a las gestiones de la Subsecretaría de Turismo nos buscaron una habitación para los tres en un tugurio de mala muerte que más que un hostal tenía pinta de prostíbulo. Las paredes de la habitación estaban decoradas con espejos, la iluminación era de un tenue rojizo y se oía permanentemente el hilo musical con melodías sensuales y acarameladas. No, no tuvimos sexo entre nosotros. Como dicen Def con Dos en una de sus canciones: “¡Sigo siendo heterosexual!”. Después de una noche en este antro encontramos sitio en el Break Point Hostel por 30$, un lugar tranquilo, cómodo y limpio. Otro hostal recomendable en Mendoza es Campo Base Hostel. Por la noche, cumplía ese día años, invité a Ivan y Maurizio a una parrillada en Facundo (Sarmiento 641, Mendoza / Tel: 261 420-2866). Luego nos fuimos a una discoteca llamada Alquimia (Chacra de Coria) situada a las afueras de Mendoza.

Por cuestiones de tiempo no me pude acercar a divisar en el extremo noroeste de la provincia de Mendoza se alza el Cerro Aconcagua, considerado uno de los paisajes más bonitos de Argentina. Con 6.959 metros sobre el nivel del mar la “montaña más alta de América”, también conocida el “Centinela de América”, el Aconcagua recibe cada año a escaladores de todo el mundo que llegan en busca de una dosis de adrenalina y riesgo. A falta de respirar aire puro en las inmediaciones de los Andes me conformé con imaginármelo viendo una postal. Pero… a lo que vamos: Al vino. Esta tierra exprime unos caldos excelentes y era obligatorio visitar al menos una de sus bodegas para ver in situ el proceso de elaboración. La excursión nos costó 30 pesos. El primer lugar al que llegamos fue la Bodega La Rural.

Mendoza

Esta tradicional bodega comenzó en el siglo pasado de la mano de Felipe Rutini. Con el paso del tiempo Rutini se convirtio en un importante viticultor que priorizaba la calidad sobre la cantidad. Además de contar con vinos de excelente calidad, esta bodega es reconocida mundialmente por el Museo del Vino que tiene en sus instalaciones y que es considerado el más importante de América. El museo cuenta con piezas de extraordinario valor histórico de la vitivinicultura de la zona.

Uva

Además de La Rural conocimos la elaboración de otros vinos en Cavas de Don Arturo así como la elaboración de aceite de oliva y frutas deshidratadas en Pasrai.

LA RUTA DE LOS SIETE LAGOS

Adentrarse en los dominios de la Patagonia argentina es como volver al silencio de Alaska. Tonos verdes por todas partes, paisajes brutales, ríos cargados de agua descendiendo con virulencia… Fui en autobús de Mendoza a Bariloche con Tramat (filial de Andesmar) durante casi 22 horas de viaje. La verdad es que en Argentina los autobuses son muy cómodos. Además, si viajas de noche te ahorras el hostal y los asientos de semi-cama no son del todo incómodos. San Carlos de Bariloche se encuentra en la provincia de Río Negro. Este nombre proviene de la palabra mapuche “vuriloche” que significa “gente del otro lado de la montaña”. Al parecer los indígenas mapuches de Chile llamaban así a los habitantes del otro lado de la cordillera. A escasos 20 kilómetros de Bariloche se encuentra el centro de esquí más importante de Argentina: Cerro Catedral. Esta pequeña ciudad invernal me trae recuerdos de cuando iba a esquiar de pequeño en el pirineo aragonés. La arquitectura de los edificios (piedra, vigas de madera, tejados de pizarra…) se asemeja mucho a pueblos como Jaca o Canfranc.

Nos alojamos en el Tango Inn Hostel (25$/noche) de la red de albergues HI Hostelling y decidimos alquilar un Fiat Palio por 303$ para tres días en una pequeña empresa de alquiler de autos con intención de recorrer a nuestro ritmo la ruta de los Siete Lagos. La primera parte del camino rumbo a Villa la Angostura transcurre por asfalto. Luego se transforma en un pedregoso camino de ripio que bordea preciosos lagos formados debido al resultado de la metamorfosis glaciaria que sucedió hace millones de años. Cada lago tiene su encanto especial. El primero que divisamos es el más impresionante y extenso de todos los lagos: Nahuel Huapi, el mayor espejo de agua de la región.

Lago Nahuel Huapi

Desde Bariloche hasta San Martín de los Andes son 184 kilómetros de los cuales quedan aproximadamente 50 de ripio. La ruta de los Siete Lagos atraviesa los Parques Nacionales Nahuel Huapi y Lanín dentro de los cuales están ubicados otros lagos como el Correntoso -ideal para la pesca de salmónes-, el lago Espejo conocido así por el reflejo de las montañas sobre sus aguas, me llama la atención el color verde esmeralda del lago Escondido y no disminuye el nivel de belleza al recorrer las orillas de los lagos Villarino, Falkner y Machónico. Durante el trayecto, gracias a que vamos a resguardo en el interior del coche, el frío y el viento siempre están presentes.

Lago Meliquina

Una vez el camino desciende encontramos en un lugar apartado, perdido en medio de este paisaje cautivador, la rústica y pintoresca Hostería 7 Lagos de la familia Quintupuray donde aprovechamos para tomar un té y entrar en calor. Un par de horas más tarde llegamos a San Martín de los Andes, cuidado pueblecito cuya arquitectura parece medida al detalle. Elegimos para alojarnos el Puma Hostel (25$/noche). La Patagonia no solamente tiene bellos parajes. Éstos los difrutamos con la vista. Con el gusto la gastronomía comprende un cúmulo de exquisiteces que por supuesto no dejamos de catar: cordero patagónico, chocolates artesanales, ciervo, jabalí, trucha, salmón, hongos del bosque, morillas, frambuesas… entre otros manjares. Y cómo dejar de compartir una exquisita tabla de ahumados y quesos, acompañada de una amplia variedad de cervezas caseras y vinos. Pero… aunque se me hace la boca agua, mejor os contaré con más detalle cuando esté más al sur de la Ruta 40.

Casi al final del recorrido pasamos junto al zigzagueante Río Limay que ha formado el “Valle Encantado”. Un lugar de película. Muy cerca de ahí nos adentramos varios kilómetros por un camino que desemboca en el “Mirador del Viento” donde, efectivamente, sopla un viento huracanado y la vista del Lago Traful es inmejorable. Al fondo montañas nevadas y en este incomparable marco un pequeño pueblecito con cabañas y casitas de madera: Villa Traful.

Lago Traful

Cada vez el fin del mundo está más cerca. Igual que el ocaso, igual que el punto y final de esta historia a lo largo de América. Exprimo cada segundo como si se tratase del último de mi vida. Pienso en el shock que supondrá para mí regresar a casa, no me agobia, forma parte del camino que emprendí hace 10 meses. Sin embargo la vuelta a esa realidad cotidiana después de tanto tiempo viviendo sin responsabilidades, libre de ataduras, lejos de convenciones… no debe ser fácil. Miro hacia adelante, en el horizonte, más allá de aquella línea está mi próximo destino en la Ruta Panamericana: El Calafate.


MENDOZA


RUTA DE LOS 7 LAGOS