Anchorage-Alaska
C Street, Anchorage

Nadie me había dicho que fuera fácil ser un aventurero. Tras una emotiva despedida en la estación Metro Center de Washington D.C. con mi gran amigo y mejor anfitrión Enrique, me dirigí al Ronald Reagan National Airport. Tras un leve despiste en el que me equivoqué de línea y el consiguiente agobio al pensar que llegaba muy justo de tiempo (finalmente no fue así), me subí al avión de Frontier Airlines en el que pude ver en directo -ojo al dato- el partido de fútbol entre España y Francia. La tecnología cada día me asombra más y los putos gabachos (permitidme la licencia) tienen una suerte que se la pisan. Seré un hooligan con Brasil en los cuartos de final.

Estos días en Washington ha estado lloviendo una barbaridad. Seguro que habréis visto en las noticias que es una tormenta tropical y por esa razón tardamos más de una hora en despegar. Después de tres horas y media de vuelo aterricé en Denver (Colorado), estado situado más o menos en el centro de Estados Unidos. El cansancio acumulado durante estos días con los cambios horarios y las pocas horas de sueño me provocaron un pequeño bajón físico que solventé con un poco de agua y paciencia. Hay veces en las que me alucina lo que un cuerpo humano puede aguantar. Todavía me quedaban casi cinco horas más de vuelo hasta aterrizar por fin en Anchorage, una de las ciudades industriales más importantes de Alaska, aunque no su capital, que es Juneau.

El hostal en el que me alojo se llama Jason’s International Youth Hostel, un lugar agradable situado en 3324 Eide Street, en Midtown, no muy lejos del centro en el que se paga 25 dólares por noche y cuyo precio incluye un grasiento desayuno basado en huevos duros, patatas y una gruesa salchicha demasiado picante para mi gusto. Aquí comparto una habitación que tiene un par de literas con tres estudiantes turcos bastante simpáticos que han venido para trabajar durante el verano en barcos de pesca o… algo así creí entender. Para llegar aquí tuvieron que coger 4 aviones: Ankara-Amsterdam-Nueva York-Minneapolis-Anchorage. Me invitaron a probar de su cena -pizza reciclada del día anterior, pepsi y una especie de empanada turca algo reseca- y para contrarrestar me han despertado demasiado pronto esta mañana con la banda sonora típica que se escucha habitualmente en un Döner Kebab.

Una cosa curiosísima de Alaska en esta época es que hay 19 horas de luz, lo que quiere decir que anochece cerca de las doce de la madrugada y amanece 4 o 5 horas más tarde. Quien padezca de insomnio o no pueda dormir con luz en la habitación lo tiene crudo aquí. Por su parte, Anchorage es una ciudad un tanto soseras. Tiene algo más de 250.000 habitantes (como Pamplona), casas bajitas (exceptuando el imponente hotel Hilton) y largas y espaciosas avenidas repletas de edificios de oficinas o restaurantes de comida basura. El centro de la ciudad tiene muy poco que ver. Está repleto de centros comerciales, tiendas de souvenirs, garitos de artesanía esquimal, antigüedades, bisutería y agencias de viajes que te ofrecen el oro y el moro en excursiones.

Después de varios días comiendo pizzas y demás porquerías, quitando alguna comida decente en casa de Enrique, hoy he decidido buscar un supermercado para comprar tomates y lechuga y hacerme una ensalada en condiciones. Tarea más difícil de lo que imaginaba. En el hipermercado más cercano al hostal tenían de todo, eso sí, envasado, artificial… pero nada fresco. Así no me extraña que haya tantos gordos. He tenido que andar un montón para acabar encontrando una tienda de orientales con miles de productos rarísimos para comprarme una zanahoria, dos tomates, dos pavías y una lata de atún. Suculentos manjares comparando la dieta de los últimos días.

Mañana salgo a las 8:15 de la mañana rumbo al Denali National Park, lugar en el que se encuentra el monte McKinley, el más alto de Norteamérica. Para ello, tomaré el Alaska Railroad con el que llegaré a Denali doce horas más tarde. El viaje promete ser laaaaaaargo pero interesaaaaaantísimo. Daré buena cuenta de todo lo que vea con una oportuna galería de fotos.

Como dirían los esquimales os doy a todos CAMAANI, que viene a significar algo así como un abrazo caluroso desde las frías tierras de Alaska.


Iosu Livingstone

GALERÍA ANCHORAGE (ALASKA)

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Anónimo the author

Videoperiodista, documentalista y aventurero. Entre mayo de 2006 y junio de 2007 realizó uno de los grandes viajes de su vida: la ruta panamericana. De esta aventura nace el documental “La costura de América” que narra su viaje en solitario de 45.000 kilómetros, realizado íntegramente por tierra y más de 11 meses desde Prudhoe Bay (Alaska) hasta Bahía Lapataia en Tierra de Fuego (Argentina). Ha trabajado como corresponsal de la Agencia EFE en la India y realizado decenas de reportajes sobre turismo, cultura y sociedad para el canal de televisión español Telecinco. En enero de 2014 estuvo nominado en los Premios Goya con su cortometraje documental "La Alfombra Roja" rodado en un slum de India y que lleva acumuladas más de 130 selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Sigue mis viajes en mi perfil de Twitter, Facebook e Instagram.