Playa de Celestún

Mérida, la capital del estado de Yucatán, tiene mucho que ofrecer. Los días que pasé en ella como base de operaciones recorrí algunas de sus calles aunque no me detuve demasiado a sacar fotos. Después de deambular por infinidad de librerías a lo largo y ancho de México, por fin encontré el libro «Notas de viaje» del Che Guevara, motor de inspiración de la película «Diarios de Motocicleta». En los alrededores de esta preciosa ciudad hay multitud de lugares interesantes para visitar: Los cenotes de Cuzama, el monasterio de Izamal, las cuevas de Loltún, la playa con malecón de Progreso, la Ruta Puuc (de la que ya os he hablado), Dzibilchaltún, Tixcocob y Celestún. Decidí acercarme a este último lugar por su interés ecológico.

CELESTÚN, RESERVA DE LA BIOSFERA

Situado a 96 kilómetros de Mérida rumbo al Oeste, este bello puerto de pescadores es realmente pintoresco. No solamente es famoso por sus restaurantes de mariscos -véase o, mejor degústense en «La Palapa»- sino también por la ría que sirve de hogar cada año para miles de aves migratorias. La zona, que ocupa una superficie de 81482 hectáreas, fue declarada Reserva de la Biosfera en el año 2000. Desde Mérida uno puede llegar a Celestún por su cuenta tomando uno de los autobuses de la compañía Occidente que salen cada hora de la terminal Noroeste entre las 6 y las tres de la tarde. Preferí contratar una excursión para abaratar costes ya que lo que me iba a ahorrar en el transporte lo iba a tener que pagar después con creces al alquilar la barca que recorre la ría. Yendo solo el precio ronda entre 500 y 600 pesos.

ESBELTIC OBESS

La excursión resultó ser toda una delicia. Íbamos, además del guía, James Bratton, su señora y yo. Los Bratton, procedentes de Pittsburgh, eran encantadores, prominentemente obesos, pero encantadores. Durante el trayecto desde Mérida hacia Celestún nuestro guía nos dio abundante información sobre el estilo de vida yucateco así como los detalles de la dieta que estaba haciendo y con la que había perdido 6 kilos en 15 días. Los Bratton defendían la idea de una alimentación sana aunque sus cuerpos dijesen más bien lo contrario. Y yo, portando el estandarte -como buen español- de las bondades del aceite de oliva. Horas más tarde, tras una comida en la playa a base de pescado a la plancha y cóctel de mariscos, vi con mis propios ojos como se comían cada uno 2 calóricas cookies, compraban un par más -de coco y azúcar caramelizado- a un vendedor ambulante que pregonaba la «salud de sus dulces». El remate final vino con un par de cervezas. Ayudando a tener cuerpos esbeltic model. Pero…vamos al meollo de la cuestión, que para eso he puesto la foto de esos bonitos flamencos.

El nombre de Celestún tiene raíces mayas y su significado viene a ser algo así como «piedra pintada». ¿Qué tiene que ver esto con los flamencos? Ni idea. Aunque buena parte de las familias que viven en Celestún se ganan la vida gracias a la pesca de pulpo y escama, en los últimos diez años la riqueza natural de esta área ha generado una gran demanda turística interesada en paseos en lancha por la ría para observar las aves residentes y migratorias. Durante el paseo por la ría pude avistar cormoranes, fragatas, gaviotas… y un montón de flamencos. A veces pueden llegar a contemplarse hasta 18.000 flamencos a la vez -la mayoría migran al parecer desde Canadá-, brindando un impresionante espectáculo rosado.

Esta Reserva de la Biosfera comprende varios tipos de hábitats; estero, petén, pantano y un llamativo manglar. En el paseo en barca nos adentramos por uno de ellos.

Entre manglares

Estos bosques de manglar son uno de los ecosistemas más productivos que existen sobre la faz de la Tierra. Los manglares resisten el agua salada por lo que prosperan en lugares donde otras plantas son incapaces de hacerlo. Finalizada la excursión disfruté de un par de solitarias horas en la playa.

GASTRONOMÍA YUCATECA

Miente quien diga que en México tan sólo se comen tacos, se bebe tequila y se fuma marihuana. De eso también hay pero su gastronomía para nada es convencional y básica. Un claro ejemplo es la variedad de la cocina yucateca, delicioso resultado de un mestizaje culinario que combina influencia europea y criolla. Degustar algunos de sus platos es toda una experiencia de sabores y vocablos mayas entretejidos con el castellano que a veces resulta difícil memorizar. Probé el Pollo Pibil que consiste en piezas de pollo marinadas en achiote, jugo de naranja agria, ajo, comino, sal y pimienta; envueltas en hoja de plátano y horneadas. Ese mismo platillo, como le dicen aquí, si se hace con carne de cerdo se llama Cochinita Pibil. Otro plato típico de la gastronomía yucateca es el Poc-Chuc (que más de una vez lo pedí como Choc Puc, Puc Choc…), finas rebanadas de carne de cerdo asadas, marinadas en jugo de naranja agria y servidas con salsa y cebolla picada. Con tanta receta y enumeración de ingredientes parezco Arguiñano y me está entrando un hambre tanto hablar de comida… ¡Ojo al enlace de la foto del Poc Chuc! La página web se llama www.elcerdoesbueno.com.

Pero… todavía hay más: Pescado en Tikin-xic, Esmedregal en chile xcatic, Relleno negro y blanco, Pollo oriental estilo Valladolid, salsa Chiltomate, Salpicón de chile habanero, Xnipec, Puchero de tres carnes, Zic de venado o Pipián de res.

EL VIAJE CONTINÚA

Con hondo pesar debo abandonar Mérida sin haber conocido muchas de sus maravillas. Al menos la sola idea de saber que algún día habrá que regresar para verlas me alegra. Mañana viajaré a Cancún en el autobús de ADO Primera para pasar unos días de asueto y relajo -muchos estaréis pensando «¡pero qué dice este tío!», pues sí, viajar cansa- antes de encarar lo que me queda de ruta panamericana por Latinoamérica. Casualidades del destino, antes de subirme al bus, se me acercó un chico preguntándome: «¿Eres español?». Y yo tan orgulloso de que por primera vez supiesen mi país de origen. Resulta que estoy inscrito en Couchsurfing, una web en la que ofreces alojamiento o buscas personas desinteresadas que te puedan alojar durante tus vacaciones, y Rafael -así se llama este joven meridano- había visto que yo me encontraba en su ciudad y me reconoció. Flipante. Un tipo muy simpático que espero volver a ver. La vida sigue… y el viaje también. Próximo destino: Chichén Itzá.


Fotos CELESTÚN