Aproximadamente son 380 kilómetros los que separan Tulum de Chetumal, la capital del Estado de Quintana Roo. La ciudad se convirtió en mi base de operaciones para realizar un reportaje sobre la extracción de chicle natural de la selva. Desde la estación de autobuses se puede tomar un taxi al centro por 12 pesos. Me alojé en el Hotel María Dolores (Avenida Álvaro Obregón 206, teléfono 983 205 08) por 215 pesos la noche en habitación con baño privado, televisión por cable y limpieza diaria. Si visitas Chetumal no puedes dejar de probar un sabrosísimo pollo horneado al carbón en «El Pollo Brujo» , que también tiene un local en el pequeño pueblo Subteniente López, lugar en el que se encuentra el puesto fronterizo entre México y Belize. La frontera está sólo a 10 kilómetros y se puede llegar en colectivo por 8 pesos.

Después de atravesar el puesto a pie sin necesidad de mostrar identificación alguna, cruzas el puente que une ambos lados del Río Hondo (frontera natural y límite entre México y Belice) y llegas a la llamada Zona Libre. Situada en tierra de nadie, como el duty free de los aeropuertos, en sus decenas de comercios se vende tabaco, alcohol, productos de electrónica, cosméticos y todo tipo de ropa, entre otros enseres. También han edificado dos casinos para los aficionados al vicio del juego. Los precios tampoco es que sean la mayor ganga del planeta. Me compré unas zapatillas Puma por 45 euros. ¿O quizá sí? Como podéis apreciar en la fotografía, entre tantos cachibaches hasta había una toalla del Athleti Club de Bilbao. Ranedo, exportáis la garra de San Mamés hasta los confines del mundo. Estuve a punto de comprármela de recuerdo.

Frontera México-Belize

Chetumal se refresca con la brisa de su bahía y me sirve como toma de contacto con la diversidad étnica y cultural que encontraré en el país vecino. Aquí conviven en paz y armonía diversos grupos étnicos: Descendientes de los mayas, mulatos beliceños y mestizos. Los alrededores de la capital de Quintana Roo ofrecen multitud de atracciones turísticas como la bellísima Laguna de Bacalar y los siete cenotes que la alimentan. En sus aguas se practica la vela, el remo y el buceo. Comunicado con ésta por unas venas subterráneas surge de pronto el Cenote Azul, uno de los más grandes y hermosos del estado. No muy lejos quedan algunas zonas arqueológicas como Oxtankah, Kohunlich o Dzibanche. Es una pena que una inicitiva tan interesante como el Parque Temático Rural Pueblo Chiclero, ubicado en el ejido de Chacchoben, se encuentre en decadencia. Hasta hace unos meses en él se mostraba a los visitantes los usos, costumbres y tradiciones de los antiguos chicleros. Personalmente creo que algunos de los ejidos que se dedican actualmente a la extracción de chicle deberían promover como fuente de ingresos las visitas turísticas guiadas para dar a conocer esta fascinante actividad rural.

JUNGLE GUM: EXTRACCIÓN DEL CHICLE NATURAL

Visto que no era sencillo buscar un lugar en el que me pudiesen mostrar el proceso de extracción del chicle natural, me puse en contacto con el Licenciado Manuel Aldrete, director ejecutivo de la Unión de Productores de Chicle Natural cuya sede está en Chetumal. Mantuve una entrevista con él y más tarde acompañé a Gerardo Ramírez, gerente de producción, y su ayudante Jorge Verduzco a la bodega que tienen en Felipe Carrillo Puerto para tomar imágenes de noche de varias toneladas de chicle listo para ser exportado a Japón y Corea. Todos ellos me trataron de forma excelente.

El término chicle proviene de la palabra náhuatl chictli. Se obtiene del látex del chicozapote (Manil-kara zapota), árbol de origen amazónico que habita el Gran Petén, región que cubre el sur de la península de Yucatán, el norte de Guatemala, Belice y algunas áreas de Honduras. Hace siglos, los mayas descubrieron que si se exponía el látex de esta planta al calor se convertía en una sustancia con consistencia parecida al caucho, que al ser masticada liberaba progresivamente un sabor dulce. Cuando los europeos llegaron a América, quedaron tan fascinados con el chicle, que decidieron explotar los bosques de zapote para sacarles el prodigioso látex con el fin de elaborar chicle para el comercio.

Siglos más tarde, el cambio climático, la excesiva explotación forestal, la preferencia por lo sintético de las fábricas de chicle y la oportunidad de trabajar en otros oficios redujeron drásticamente el volumen de esta actividad. De 20.000 chicleros se redujo a menos de 4000 en la actualidad -siendo optimistas-. Nada ayudó tampoco la salida al mercado de los primeros chicles elaborados a base de compuestos sintéticos derivados del petróleo, mucho más baratos y de mejores propiedades al paladar.

Manuel Aldrete y Gerardo Ramírez me remiten a Esteban Mex, encargado de la bodega de la Cooperativa de Chicle del Ejido de Noh-Bec. Tomé una combi en dirección a Andrés Quintana Roo. Allí busqué a alguien que me diera el flete (me acercase) al poblado de Noh-Bec. Me alojé en casa de Guillermo Escobar, chiclero de profesión, quien me cuenta que la época de recolección del chicle tiene lugar «entre julio y febrero, en la estación lluviosa, ya que con la humedad del ambiente la resina mana con mayor facilidad». Tengo una oportunidad única para conocer in situ el proceso de extracción del chicle natural. Os lo voy a mostrar paso a paso.

1. Monteo y campamento

Cuando se inicia la temporada, los chicleros se dirigen al «monte» (selva) para seleccionar una zona en la que haya tanto cantidad como calidad de zapotes con el fin de obtener el mayor número posible de kilos de resina. Una vez han localizado el lugar, instalan ahí un rudimentario campamento con estancias para dormitorios (varias hamacas), cocina y almacén. El campamento contará además con la ayuda de una cocinera, un aguador y un leñador; labores que en la mayoría de veces las realizan esposas e hijos de los mismos chicleros.

Algunos ejidos tienen más dificultad para acceder a la selva debido a su accidentada orografía. El caso de Noh-Bec es distinto. Situado en una amplia llanura y con una buena red de caminos, prácticamente se puede llegar a todos los lugares en motocicleta. En este medio de transporte me dirigí con Guillermo a extraer chicle natural.

Yendo a chiclear en moto

2. Extracción de la resina

Guillermo se levanta cada mañana sobre las 4:30 para poder llegar temprano a su zona de trabajo. Si quería conocer el quehacer de un chiclero no me quedaba más remedio que madrugar. Subí a su moto y recorrimos los cerca de 20 kilómetros de pistas de tierra mientras los primeros rayos de sol se asomaban por el horizonte. Una vez llegamos, dejamos la moto y nos adentramos alrededor de medio kilómetro en la espesura de la selva.

Todo trabajo necesita de herramientas. El equipo del chiclero consta de una soga con la que se amarra al árbol, botas de plástico en las que ajusta unas pullas -variante de los crampones de alpinismo- para ascender al árbol, un machete afilado, un par de bidones con capacidad para 20 litros y varias bolsas recolectoras manufacturadas en cuero, denominadas chivos. La extracción del chicle se realiza con la técnica del picado del tronco del zapote en zig zag, cortando la corteza para no dañar el árbol. Por estos surcos que el chiclero realiza con un machete se deslizará la resina del zapote hasta el chivo durante toda la jornada. En ocasiones los chicleros recogen por la tarde la cantidad extraída del árbol -puede variar de 1 a 10 kilos- y la almacenan en un bidón para protegerla de la lluvía y la humedad. Otras veces, si no hay riesgo de tormenta, dejan que el chivo recoja todo el chicle posible hasta el día siguiente.

Extracción de la resina

Chiclear no es un trabajo carente de riesgos. En primer lugar los chicleros deben estar atentos a peligros que encierra la jungla como serpientes, plantas venenosas, insectos, mosquitos o jaguares. Por otro lado, cuando se suben al zapote llegando a alcanzar alturas superiores a 12 metros, tienen que estar muy concentrados ya que una maniobra mal realizada o un error con el machete puede acabar con sus huesos en el suelo. Estas caídas pueden provocar desde una simple fractura, invalidez parcial o incluso la muerte.

Picando el árbol de zapote

Después de 8 horas de duro trabajo, rellenamos el bidón con la resina obtenida, recogimos las herramientas y volvimos al sitio en el que habíamos dejado la moto para regresar a casa.

3. Colado del chicle

Como Guillermo no iba a cocinar su chicle hasta el domingo y yo debía proseguir mi viaje lo antes posible, acudí a casa de otro chiclero, Ángel Leyva, que con la ayuda de su mujer me mostrarían la parte más espectacular de este trabajo artesano. Antes de comenzar la cocción del chicle, mediante una especie de bolsa de rejilla se limpia la resina obtenida de impurezas tales como hojas y restos de madera que hayan podido introducirse en la bolsa recolectora.

Colando el chicle

4. Cocción: Cuajado del chicle

Una vez que colamos el chicle llega uno de los momentos claves: La cocción. Se prepara con madera del mismo zapote un fuego consistente, se coloca la paila -caldero gigante- encima y se vierte en su interior toda la resina acumulada durante una semana de trabajo. Así como la extracción se hace en solitario, esta parte del proceso se realiza generalmente en grupo, puesto que participan el propio chiclero y algún miembro de su familia. Nos ayudaron la mujer de Ángel y una de sus hijas.

Proceso de cuajado

Muchas veces hemos oído esa frase que dice «Somos lo que comemos». Lo que no sabemos a ciencia cierta es qué estamos metiendo día tras día en nuestro cuerpo y si con el paso de los años eso nos pasará factura. Quien no se acuerda de las miles de veces que tu madre o un mayor te dijo cuando eras pequeño: «No te tragues el chicle porque es malo». Ángel defiende las propiedades del chicle natural.

Chicle natural vs chicle sintético

Desde la Unión de Productores de Chicle Natural se está terminando de desarrollar una máquina en la que se pueda cocinar el chicle evitando así a los chicleros este proceso tan trabajoso en el que están expuestos a altas temperaturas durante cerca de 5 horas. Supone un gran esfuerzo físico que tiende a producir en el futuro problemas de reuma y otro tipo de dolencias. Sin embargo, los mismo chicleros parece que prefieren controlar ellos mismos esta parte del proceso para «no perder cantidad de producto final», comenta Ángel.

Terminando de cuajar

La principal función del proceso de cuajado es eliminar la humedad que porta la resina del zapote y obtener mayor pureza en el producto final. Cuando comienza a tomar un color café y expulsa una especie de aceite, ya está listo para ser retirado del fuego.

5. Proceso de enfriamiento

Durante la cocción el chicle llega a alcanzar temperaturas superiores a 150 grados por lo que es necesario enfriarlo antes de ser enmarquetado. Con el mismo palo que se ha removido durante el proceso de cuajado, se estira el chicle que contiene la paila hacia el exterior para que poco a poco alcance la temperatura ambiente.

Enfriado del chicle

Todavía deberemos continuar con este proceso por espacio de una hora más. Aquí es donde mejor se aprecia la textura elástica del chicle.

Plano cenital del enfriado del chicle

Está bien eso de mirar, entrevistar y grabar imágenes para un futuro reportaje -que por cierto resultó agotador- pero habrá que ayudar un poco ¿no?

Echando una manito

6. Limpieza de utensilios

Como todo cocinero profesional, una vez que se ha terminado de cocinar, lo primero que hay que hacer es limpiar los utensilios que se han usado. Atentos a la depurada técnica que utiliza Ángel Leyva.

Limpieza de la paila

7. Proceso de enmarquetado

Terminada la cocción y limpieza de los utensilios, antes de comenzar a hacer las marquetas o bloques de chicle, se limpia el suelo con agua y jabón. La razón de hacerlo es para no contaminar el chicle de impurezas así como evitar que se pegue. Hecho esto, se divide el chicle en montones de masa de unos 10 kilos. A continuación, se introduce en un bastidor de madera, usando de nuevo agua y jabón, para producir una hermosa marqueta de chicle.

Enmarquetado

8. Pesado, control de calidad y almacenaje

Al día siguiente, una vez que las marquetas de chicle estaban frías, las transportamos en la moto de Guillermo a la bodega de la Cooperativa de Chicle de Noh-Bec. En los ejidos que instalan campamentos, si los vehículos no pueden acceder hasta ellos, se deberá transportar la mercancía en mulas, como se hacía antiguamente.

Esteban Mex, administrador de la Cooperativa de Noh-Bec, se encarga de recibir las marquetas, pesarlas en una balanza, marcar cada una de ellas con un sello que indica su origen (Ejido y Chiclero) y las almacena en su correspondiente palet de madera. Así se lleva a cabo un control de calidad y registro de la producción de cada chiclero.

Bodega Cooperativa de Chicle Natural de Noh-Bec

Finalmente, se transporta toda la mercancía en un camión a la bodega principal en donde se guarda en costales de 70 en 70 kilos. Ya tenemos listo el chicle natural para ser exportado a países como Italia, Japón, Corea o Indonesia.

INDUSTRALIZACIÓN DE LA GOMA DE MASCAR

La Unión de Productores de Chicle Natural está construyendo una fábrica propia en la que producir chicle envasado con sabor a menta. Tuve la suerte de poder probar uno de los primeros ensayos del producto y no estaba nada mal. Creo que se nota la diferencia entre un chicle hecho con materia prima natural y los sintéticos que predominan en el mercado. Una de las marcas que presume de ser la única en México que fabrica su producto con chicle natural es Natural Gum Chicle, quienes también ofrecen diversas versiones afrodisiacas bajo nombres como Sex Gum, Extasy Gum y Love Gum.

Buceando en la historia del chicle cuenta Wikipedia que Antonio López de Santa Anna, tras haber sido depuesto del gobierno mexicano por la revolución liderada por Benito Juárez, se exilió en los Estados Unidos. Mientras vivía en Staten Island, Nueva York, se hizo llevar un cargamento de chicle natural, al que era muy aficionado. Un conocido suyo, el industrial e inventor Thomas Adams concibió el proyecto de utilizar el material como sustituto del caucho, que alcanzaba precios estratoféricos para la época.

Sin embargo, la resina del zapote era demasiado blanda para ese fin y Adams perdió grandes cantidades de dinero intentando utilizarla para hacer neumáticos de bicicleta, juguetes, botas de lluvia y máscaras. La afición del general López de Santa Anna a mascar este material cauchoso le sugirió la idea de comercializarlo como sustituto de la parafina, que la gente joven utilizaba para mascar por ese entonces. En 1869 obtuvo una patente para la goma de mascar, y dos años más tarde comenzó a comercializarla en masa bajo la marca Adams New York Chewing Gum. En 1875 tuvo la idea de mezclar el producto con jarabe de arce y regaliz para darle sabor.

El sabor de menta, tan popular actualmente, no se introdujo hasta 1880; en ese año, William White fabricó bajo la marca Yucatán la primera goma con ese sabor. Otros inventos de la época fueron la Beemans Chewing Gum, desarrollada por el médico Edward Beeman, con peptina añadida para facilitar la digestión, la goma con dentyne del dentista Franklin V. Canning (1889) y los Chiclets (chicles con cobertura de caramelo). En 1888, además, Adams fabricó la primera máquina de expendio automático de chicles.

En 1915 William Wrigley Jr, el fundador de la marca Wrigley’s, tuvo la atrevida ocurrencia de enviar por correo tres tabletas de su chicle de menta a todas las personas que aparecían en las guías de teléfonos de todas las ciudades de los Estados Unidos; el éxito rotundo de la idea le granjeó el primer lugar en ventas por mucho tiempo.

Según la Asociación Española de Fabricantes de Caramelos y Chicles, cada español consume una media de 3 kilos de caramelos y chicles al año. En la actualidad miles de marcas como Trident, Orbit, Boomer o Bubaloo inundan el mercado de golosinas. Hay chicles para el mareo, para blanquear los dientes, para dejar de fumar, de sabores marcianos como plátano y chocolate, natillas, manzana ácida… El chicle está tan pegado a nuestras vidas que no creo que nadie pueda decir que nunca se le ha pegado uno en la suela de los zapatos.

EXPERIENCIA INOLVIDABLE

Haber podido asistir a la extracción y elaboración del chicle natural y, más aún, tener la oportunidad de convivir en el Ejido de Noh-Bec con la familia Escobar ha sido algo inolvidable. No podré borrar fácilmente su hospitalidad, los frijoles picosos que compartimos en la comida, las tardes tocando la guitarra mecido en la hamaca, redescubrir de nuevo cómo se puede vivir sin ducha lavándome con un cubo de agua como cuando era bebé o hacer esfuerzos para intentar dormir en una hamaca. Este tipo de experiencias le hacen a uno valorar los lujos con los que cuenta en su vida cotidiana (cama, lavadora, seguridad social…). Me voy de México sintiendo un gran aprecio por este país y con el deseo de regresar en un futuro no muy lejano. Próxima parada: Orange Walk Town (Belize).


Fotos
EXTRACCIÓN DEL CHICLE NATURAL