Fairbanks-Estados-UnidosMe encuentro varado en una ciudad sin mayor interés. Quería haber salido hace un par de días rumbo a Prudhoe Bay, en el norte de Alaska, pero no había plazas en el único autobús que llega hasta el fin/principio -según se mire- del mundo. Fairbanks es una pequeña población situada en el centro de Alaska con algo más de 28.000 habitantes y que nació a orillas del río Chena por obra y gracia de las hordas de mineros que vinieron a principios de siglo durante la fiebre del oro. Por eso aquí la denominan «The Golden Heart of Alaska» (El corazón dorado de Alaska). Salvo un viejo barco de esos que tiene una rueda gigante y te da un largo paseo por el río, un museo de arte nativo y un par de minas de oro que puedes visitar y en las que probar suerte, no hay mucho más que ver. Uno de los mayores atractivos de este lugar es asistir a una exhibición de mushing (trineos tirados por perros) cuyas competiciones en invierno como la Iditarod -más de 1500 kilómetros de recorrido- congregan a cientos de participantes y miles de seguidores.

Con la casa a cuestas

El viaje entre Denali y Fairbanks trancurrió con absoluta normalidad; alguna que otra cabezada e interesantes conversaciones con Denise, la conductora de la furgoneta. Durante el año, Denise es maestra de inglés en una base de la fuerza aerea norteamericana y en el verano realiza este trabajo para sacarse un sobresueldo. Según me cuenta, Alaska es un lugar estratégico para los yankis. Algo que queda pantente si te fijas en que tienen tres grandes bases militares con miles de soldados para proteger sus reservas de petróleo y marcar posiciones debido a la cercanía con Rusia.

El hielo justo

Hacemos parada en una gasolinera de Nenana, pueblecito a orillas del río del mismo nombre, para tomar un tentempie. Fijaros lo aburridos que están en este lugar que al finalizar cada verano resucitan el juego de nuestro querido Joaquín Prat (El Precio Justo) a su manera. Me explico. Antes de que llegue el crudo invierno con temperaturas de menos de 5 grados bajo cero, organizan el NENANA ICE CLASSIC que consiste en lo siguiente. Compras un ticket por 2.50$ y haces tu apuesta. Debes adivinar qué dia, hora y minuto el hielo del río se resquebrajará. Para saberlo, introducen en él una especie de tripode gigante pintado con franjas blancas y negras que posee un sensor y una alarma. Cuando la masa de hielo comienza a moverse, la alarma suena y vuelven a montar una gran fiesta. En la pasada edición 8 fueron los afortunados al romperse el hielo el 2 de mayo a las 17:29 y se repartieron algo más de 300.000 dólares.

El alojamiento en el que estoy durmiendo en Fairbanks (GoNorth Hostel), como podéis comprobar en la galería de fotos, es excelente. Eso si quitamos que está plagado de mosquitos chupópteros que me han sorbido la sangre y que los somieres de las camas más que estar hechos de metal parecen de chicle. He compartido barracón con Phill, británico de Manchester de unos 40 años y carpintero de profesión, que ha llegado hasta aquí atravesando todo Estados Unidos en moto partiendo de Nueva York, lugar al que volverá de nuevo en moto. ¡Toma geroma, pastillas de goma! Tanto él como Brian, otro motorista profesor de niños discapacitados oriundo de Pittsburg, han sido compañeros de alguna que otra ronda de cervezas en la terraza de la tienda. Éste último nos ofreció un par de noches un concierto de ronquidos en Do Mayor. He aquí una prueba sonora.

Concierto de ronquidos en Do Mayor

lavandería llena de gordas frikis y en la que encontré este llamativo mural más friki todavía. Una de estas obesas -seamos políticamente correctos- de proporciones indescriptibles (no exagero nada) intentó amablemente encasquetarme a su hermana, de iguales dimensiones pero de menor edad, y yo hice la mítica escapa a la inglesa. ¡Corre forest, corre!

Finalizada la colada, acompañé a Jeff junto con dos amigas suyas a una tienda gigantesca de ropa de segunda mano en la que me compré un par de forros polares por 10 euros. El resto del tiempo lo he pasado conversando con un chico tejano profesor de español y recorriendo el solitario y feo centro de la ciudad. Durante uno de mis paseos encontré el Museo de Hielo, un viejo cine reconvertido en sala de exposiciones donde conseguí hacer una entrevista a su director, Dick Brickley y a An Zhe, escultor de hielo chino que realiza exhibiciones para los visitantes y que no entiende casi una papa de inglés. Imaginaros hacer una entrevista con un tipo que no controla inglés, con un entrevistador (osea yo) que sabe poco más; todo ello dentro de una cámara frigorífica con ventiladores de frío a todo trapo y con una temperatura de unos 5 grados bajo cero. Mi mayor reto periodístico sin duda alguna.

An Zhe esculpiendo un caracol

Mañana a las 11:00 me viene a buscar una furgoneta para llevarme a Chena Hot Springs, un balneario a unos 90 kilómetros de Fairbanks con multitud de actividades (kayak, montar a caballo, piscinas termales, perros con trineos…) y un hotel completamente construído en hielo. Aunque me encuentre muy lejos, no os olvido.

GALERÍA FAIRBANKS (ESTADOS UNIDOS)

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Anónimo the author

Videoperiodista, documentalista y aventurero. Entre mayo de 2006 y junio de 2007 realizó uno de los grandes viajes de su vida: la ruta panamericana. De esta aventura nace el documental “La costura de América” que narra su viaje en solitario de 45.000 kilómetros, realizado íntegramente por tierra y más de 11 meses desde Prudhoe Bay (Alaska) hasta Bahía Lapataia en Tierra de Fuego (Argentina). Ha trabajado como corresponsal de la Agencia EFE en la India y realizado decenas de reportajes sobre turismo, cultura y sociedad para el canal de televisión español Telecinco. En enero de 2014 estuvo nominado en los Premios Goya con su cortometraje documental "La Alfombra Roja" rodado en un slum de India y que lleva acumuladas más de 130 selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Sigue mis viajes en mi perfil de Twitter, Facebook e Instagram.