Alaska-Highway-panamericana

Mi siguiente destino tras regresar de Prudhoe Bay era avanzar desde Fairbanks (Alaska) a Whitehorse (Canadá). 980 kilómetros que recorrí en un minibús de Alaska Direct Bus. Salimos a las 9 de la mañana el señor conductor y yo. Cosa que me hizo pensar, aún en mi somnoliento estado que, o no viaja nadie en autobús o tengo más potra que el jorobado de Nôtre Dame (o… era joroba). Aproveché el espacio (dos asientos, tampoco creáis que aquello era el supercolchón Flex) para dormir como un bendito. Cuatro horas después, hacia la una del mediodía llegábamos a Tok. Aquí paramos para comer -me hice un sandwich de jamón serrano que digerí en la zona friki de la lavandería mientras leía una revista de armas en la que encontré este explícito anuncio– y cambiar de autobús. Un bus hace el recorrido entre Fairbanks y Tok -unas 4 horas- y el otro entre Tok y Whitehorse -alrededor de 8-. Así que espero que al segundo le paguen más por meterse entre pecho y espalda 16 horas de carretera en un sólo día. ¡Y luego dicen que los vascos son unos sobrados!

El Michael Knight de Alaska Direct Bus se llamaba Dave. Volvía a viajar solo como el rey de Roma. Nombrar Estados Unidos fue el inicio de una larga conversación acerca de lo gilipollas que son los americanos, los gordos que están, lo mal que comen… así que mi gozo en un pozo. Yo le daba palique y Dave se encendía con su antiamericanismo. No me fijé si usaba sonotone pero mientras hablábamos la música sonaba a toda tralla. El repertorio a la altura de un buen melómano estancado en los 60: Santana, Grateful Dead, blues del Mississippi… porque como decía «solo me gusta lo antigüo».

Su lado más humano fue saliendo a flote a medida que pasaba el tiempo con un recital de eructos (lástima no tener prueba sonora), rascada de entrepierna sin miramientos y para rematar su poderoso «arte», le concedí el premio al acto ecológico del día cuando al terminar de comerse un helado de palito, abrió la ventanilla, dijo algo así como «está rico este heladito» al estilo Homer Simpson y lo tiró a tomar por culo.

Por otra parte, su lado más romántico fue decirme que los últimos 4 años se iba varios meses a Tailandia y demás países asiáticos a viajar con el dinero que ahorraba. Como buen investigador vital, divorciado y con 4 hijos, aunque no se daba a la bebida como muchos europeos y americanos, si que buscaba la compañía de una bella señorita. Pero… eso no era prostitución, «allí es distinto, no hay tantos prejuicios, el sexo es algo natural». Vamos, que intentaba convencerme de que la muchacha que se pasa un mes con él y lo hacía por su cara bonita. A pesar de todo Dave era un gran tipo. Como íbamos solos, aquello era realmente curioso, dos colegas repartiendo periódicos y haciendo cosas tan ridículas como traducirle en este caso yo, con mi cutringlés, el estribillo de una canción de Santana: «Oye como va, mi ritmo, que nos vamos ya, mulaaata». Quedó algo así como «Hey, how´s going, you like my rythm, woman in blaaack and whiiiiite».

EL COLOCÓN FRONTERIZO

Nos aproximábamos a la frontera y me empezaba a poner nervioso por si me tocaba algún agente de aduanas de la Policía Montada un tanto estúpido. Y así fue. Me tocó la china, una señora gordita, ruda y de mal carácter que me asedió a preguntas; dónde vas, de dónde vienes, cuánto tiempo vas a estar en Canadá… le faltó preguntarme mi número de zapatillas y si uso hilo dental. Dave, con su pinta de Walker Texas Ranger retirado, relajó la situación un poco más tarde en la furgoneta contándome que cuando era joven, vivía en Beaver Creek, pueblecito situado en plena frontera. Uno de los veranos encontró trabajo como limpiador de maleza de ambos lados de la carretera en el tramo antes de llegar a la frontera. Y para su sorpresa allí se encontraron de todo: hachís, bolsas de marihuana, pistolas, pastillas… Le inquirí a ver si se llevó algo a casa y me salió por la tangente.

OBRAS Y CALENDARIOS

No puedo dejar de contaros una anécdota divertida. En medio del camino nos detuvieron por unas obras en la carretera. Se acercó a nuestra furgoneta una simpática y atractiva chica -llamémosle La Chica del Stop-, que se encargaba de parar el tráfico. Dave, tras charlar un rato con ella, tuvo una brillante idea de negocios. Sin miramientos, le preguntó a la moza qué le parecía la idea de hacerle unas fotos en bikini posando con la señal de stop para incluirlas en un calendario en el que aparecieran las chicas que trabajaban en la carretera. «Los conductores estamos ya aburridos de ver tantos animales salvajes en el camino», sentenció Dave. La chica toreó la situación con mucho arte y continuamos nuestro viaje.

LA SUPERABUELA y EL CICLISTA SOLITARIO

En una de nuestras miles de paradas para entregar el Anchorage Daily News (Luquitas, estos listillos os birlaron el dominio de la web) y el Fairbanks Daily News-Miner, nos detuvimos en una destartalada gasolinera contruída en madera con dos viejos surtidores de gasolina. En su interior reposaban miles de fósiles y talabartes de toda clase dispuestos de forma caótica. Los dueños del lugar me contaron la increíble historia de una señora inglesa, de unos 60 años, que había pasado por allí hacía 5 días. La superabuela -como pasé a denominarla- venía desde Galés corriendo tirando de una especie de carro con ruedas a sus espaldas (cual mulo del carro de Manolo Escobar) donde debe llevar ropa, alimentos y su tienda de campaña. Su objetivo: Dar la vuelta al mundo en un período de 2 años. De momento había atravesado todo Europa, la gélida Siberia y China en una de cuyas etapas se debió romper la costilla y no acudió al médico. Según me comentaba uno de los señores, él mismo había tocado su costilla fracturada ya curada que «sobresalía con un pequeño bulto». A su lado, mi viaje es un tour por Madrid en el turístico autobús rojo de dos pisos. Intenté localizarla para hacerle una entrevista pero no la encontré.

No es la única propuesta de viaje sorprendente. Entre los aventureros que me he cruzado por el camino no puedo olvidarme de Dominic Gill, británico de casi 30 años que se encuentra realizando el mismo recorrido que yo pero en tándem. Lo curioso de su aventura es que viaja solo y busca gente que se suba con él y le acompañe durante alguna de las etapas de su recorrido. Así reza el lema de su aventura: «Recorriendo América en bicicleta en busca de compañía» (Take a seat). Nos cruzamos un par de mails con la intención de subirme a su tándem pero no nos conseguimos encontrar.

Otro par de fenómenos son Philippe y Miriam, simpática pareja de arquitectos, él de Suiza, ella de Alemania, que salieron hace algo más de 2 años desde Ushuaia en bicicleta, se detuvieron un año en Méjico para trabajar y aprender español (divertidísimo oirles hablar con expresiones mejicanas) a quienes me encontré en Fairbanks a punto de terminar su recorrido en Prudhoe Bay.

Estos son algunos de los momentos que me ha proporcionado la Alaska Highway, carretera que comienza -depende desde donde se mire- en Fairbanks (Alaska) y finaliza 2400 kilómetros más tarde en Dawson Creek (Canadá). Pero…, lo que queda por contar del resto del trayecto es otra historia.


Anónimo the author

Videoperiodista, documentalista y aventurero. Entre mayo de 2006 y junio de 2007 realizó uno de los grandes viajes de su vida: la ruta panamericana. De esta aventura nace el documental “La costura de América” que narra su viaje en solitario de 45.000 kilómetros, realizado íntegramente por tierra y más de 11 meses desde Prudhoe Bay (Alaska) hasta Bahía Lapataia en Tierra de Fuego (Argentina). Ha trabajado como corresponsal de la Agencia EFE en la India y realizado decenas de reportajes sobre turismo, cultura y sociedad para el canal de televisión español Telecinco. En enero de 2014 estuvo nominado en los Premios Goya con su cortometraje documental "La Alfombra Roja" rodado en un slum de India y que lleva acumuladas más de 130 selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Sigue mis viajes en mi perfil de Twitter, Facebook e Instagram.