Vista panorámica de La Paz

Como os relataba en mi crónica anterior, salí a las 7 de la mañana desde Puno en dirección hacia La Paz en el autobús de la compañía Turismo Panamericano por 25 soles. Desde que me adentré en el tramo de la ruta panamericana que serpentea por Sudamérica hay una cosa divertida que se ha venido sucediendo últimamente en todas las estaciones de autobús. Generalmente en estos paraderos no hay megafonía y por tradición popular las compañías funcionan a la viaja usanza; vamos, a grito pelado. Desde hace unas semanas he terminado por establecer un ranking según la originalidad del anuncio sonoro. Entre los primeros puestos se encuentran aquel señor bajito que declamaba «Arequipaaaaa, Arequipaaaa – requipa – requipaaaaaa», el joven muchacho que entonaba a grito pelado variando la entonación varios semitonos: «Cusco CuscooOOOOoooo» o un señor uniformado de la estación de Medellín (Colombia) al que había que adivinarle el destino enunciando algo así como «Bgtaaaaaaaaaa, Bgta, BgtaaaaaaaAAAaaaa». No menos espectacular son los revisores de las combis (furgonetas) capaces de decir las siguientes diez paradas que hará la furgoneta en el camino con medio cuerpo asomado fuera del vehículo mientras cobran al pasajero que se está bajando y avisan al conductor para que continue. Funambulistas del transporte.

MÁS CERCA DE LA ÚLTIMA FRONTERA

Siento cada vez más próxima la última frontera que tendré que cruzar al sur de Argentina después de haber atravesado hasta el momento 12 puestos de control en los más de 34.000 kilómetros que llevo recorridos. El trayecto hacia Bolivia desde Puno discurre paralelo a la orilla del Lago Titicaca. No puedo borrar de mi memoria la belleza de sus aguas azules que perfectamente uno podría confundir con el cielo de no ser por la referencia de los campos y montañas que lo circundan. El bus me dejó en el puesto de control de pasaportes a pocos metros de la línea fronteriza que separa Perú de Bolivia en el término municipal de Desaguadero. Tras pasar el trámite para obtener el sello de salida de Perú caminé junto con Iván unos 150 metros hasta el control boliviano. Las paredes de aquel local más bien cutre estaba llenas de carteles informativos y símbolos patrios, entre ellos una fotografía de Evo Morales con un marco ciertamente kitsch. El funcionario se percató de que mi pasaporte caducaba en poco más de dos meses. Le expliqué que estaba de paso y que regresaba desde Argentina a España antes de que caducara. Sin demasiados problemas estampó el sello de entrada y respiré aliviado.

Algunas recomendaciones importantes para evitar problemas: Tener más de 6 meses de validez en el pasaporte respecto a la fecha de regreso estimada, llevar un seguro de viaje que cubra gastos médicos superior a 15.000 euros así como repatriación y comprobar antes de llegar a cada frontera a cómo está el cambio de divisa entre las monedas del país que abandonas y al que llegas. Es muy importante saberlo para evitar ser timado por los cambistas que te asedian a veces a ambos lados de la frontera. No viene mal tener la precaución de llevar siempre unos 200 dólares para cualquier imprevisto (pérdida de tarjeta, robo, ausencia de cajero automático) guardados en un bolsillo seguro.

COPACABANA, LUGAR DE PEREGRINAJE


Santuario de la Virgen de la Candelaria

El trayecto desde Desaguadero dura si no recuerdo mal cerca de media hora. Antes de entrar en la población te cobran una tasa municipal de un bolivariano por lo que conviene llevar una pequeña cantidad de efectivo en moneda boliviana. Copacabana se encuentra enclavado en una bahía a orillas del Titicaca a una altitud de 3.841 metros. La ciudad, construída entre los cerros Calvario y Niño Calvario (o Kesanani), tiene aproximadamente 6.000 habitantes y es conocida entre turistas y bolivianos por su espectacular Santuario de la Virgen de la Candelaria así como por ser punto de partida de las excursiones que visitan la Isla del Sol y la Luna.

La Virgen de Copacabana es la patrona de Bolivia, festividad que se celebra cada 5 de agosto en la que miles de peregrinos caminan 150 kilómetros desde la ciudad de La Paz en devocion a la Virgen de Copacabana. Su imagen, resguardada en el interior del Santuario, está tallada en madera de maguey con un recubrimiento laminado de oro fino. Los ropajes que porta reproducen los colores y las vestiduras propias de una princesa inca. Es curioso como a la entrada de la Basílica había una larga cola de vehículos decorados con coronas de flores esperando al parecer a que un sacerdote los bendijera. No me enteré muy bien de la razón de esta especie de tradición aunque intuyo que será un salvoconducto para evitar la muerte al volante en las malogradas carreteras del país.

Copacabana

Copacabana es parada casi obligatoria para el viajero que cubre el trayecto entre Cuzco (Perú) y la ciudad de La Paz. En este lugar también se pueden visitar importantes restos prehispánicos como Kusijata, la Horca del Inca e Intikala. Antes de tomar el autobús de conexión de Turismo Panamericano comí en un restaurante spaguetti con trucha, uno de los pescados más sabrosos que se puede probar aquí. El recorrido hasta La Paz toma aproximadamente 3 horas y media por carretera asfaltada cuyo surco bordea el Lago Titicaca ofreciendo al viajero unos bonitos paisajes de contraste azul verdoso.

Camino a La Paz

Son un total de 155 kilómetros hasta la capital del país andino interrumpidos por una breve parada en el Estrecho de Tiquina. Para atravesarlo es necesario bajar del autobús y tomar una lancha por 1´5 bolivianos. Las aguas en este pintoresco lugar están totalmente en calma interrumpida esporádicamente por el ir y venir de embarcaciones pequeñas transportando gente y balsas que cruzan los camiones y colectivos de una orilla a otra. El viaje dura a lo sumo cinco minutos. Al llegar al otro lado nos espera una plazoleta con poca gente, algunos puestos ambulantes y el autobús para retomar viaje hacia La Paz.

Estrecho de Tiquina

RESPIRA, RESPIRA

A mitad de camino el autobús se detuvo en medio de la nada. Al parecer había un problema con uno de los neumáticos. Media hora después arrancamos de nuevo. Llegamos por la tarde con ganas de encontrar un lugar para liberarnos de todos los bultos y maletas. Previamente había consultado en internet un hostal que tenía muy buena pinta (El Solario) y que ofrecía como muchas empresas de la ciudad excursiones por la Carretera de la Muerte. La primera impresión de la ciudad cuando uno llega por uno de los extremos en autobús es dantesca. Sobre un valle profundo situado cerca de los 4.000 metros de altitud -La Paz presume de ser la capital más alta del mundo- se extiende una incontable sucesión de edificios de media altura cuyo final no alcanza la vista. Afortunadamente después del mal de altura que me dio en Quito (Ecuador) y el posterior proceso de aclimatación en el ascenso a Puno desde Arequipa, mi cuerpo ya estaba habituado a la altura. Eso sí, por mucho que uno se haya aclimatado, al subir unas de las cuestas que hay en el centro de La Paz necesariamente hay que detenerse un instante para respirar profundo.

Centro de la ciudad

La Paz tiene un encanto particular. El ambiente fresco y falto de oxígeno que se respira debido a la altitud, la curiosa mezcla entre la gente local y cientos de turistas que se encuentran de paso, esas cuestas de grandes pendientes interminables, cientos de puestos ambulantes con todo tipo de mercancías y sorpresas como el ensayo con el que nos topamos Iván y yo de una de las agrupaciones que festejarían días después la festividad folclórica del Cristo del Gran Poder. Los cholos, como se llama a los descendientes de los aimaras que emigraron del campo y prosperaron como comerciantes, convierten las calles de La Paz en una pasarela gigante en la que ataviados con sus mejores galas reúnen a cerca de 25 mil danzarines en un desfile folclórico. Bandas de músicas marcan el compás de las tradicionales danzas Morenada, Diablada, El Tinku, los Caporales y la Llamerada, entre otras. En la fiesta de Jesús del Gran Poder sus participantes buscan al parecer reconocimiento social por medio de la ostentación económica y además muestran la fusión entre las religiones andina y católica.

Folclore

BRUJOS Y CURANDEROS

De obligada visita en La Paz es el mercado de Los Brujos ubicado en una angosta calle empedrada donde tradicionalmente, durante años y años, se han venido asentando los curanderos o Yatiris (en idioma Aymara) apostados detrás de sus mesas llenas de infinidad de amuletos, ungüentos, fetos de animales disecados, hierbas y kits de hechizos para pedir salud, dinero y amor. Por ejemplo, sacrificar el feto de un animal y disecarlo para ofrendárselo a la Pachamama (madre tierra) es la mejor forma de atraer la buena suerte y alejar las maldiciones. La manera de hacerlo es incinerarlo en un chispeante brasero mientras la casa o el negocio se impregnan del humo sagrado. Acto seguido, los restos son enterrados en una ceremonia en la que se da de comer y beber a la tierra. Pero no cualquier feto tiene estos poderes. Cada remedio casero, conocidos entre la gente como chiflería, sirve para un asunto en concreto. Según me cuenta un curandero el feto de llama «sirve para buscar el bienestar en la casa, el de cerdo para atraer el dinero y el de oveja para frenar los pleitos legales. El feto de venado sirve para que los mineros salgan bien librados de la mina y los de gato y perro, siempre que estén juntos, pueden lograr que una mujer abandonada recupere a su marido». Creer o no creer esa es la cuestión. Si uno pregunta a alguno de ellos podrá además probar que le lean el futuro a través de hojas de coca.

La ruta continúa por Bolivia en una próxima aventura que te recomiendo que no te pierdas. Próximo destino: Carretera de la Muerte (Bolivia).


COPACABANA


LA PAZ

Fuentes: EFE & Wikipedia