Tradición de dulces

Partí de Chihuahua en Transportes Chihuahuenses (Grupo Estrella Blanca) rumbo a Morelia, capital colonial del Estado de Michoacán. 21 horas de largo viaje, portando un incómodo resfriado y con el aire acondicionado bien alto. Recomiendo siempre que se viaje en autobús por México -extensible a otros países- llevar algo de abrigo porque el termostato de los conductores está un tanto averiado. El centro histórico de Morelia ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Y razones no les han faltado porque realmente es una belleza. Algo bonito ha quedado al menos del paso de los conquistadores españoles por México, aunque no me puedo olvidar por supuesto de las atrocidades que cometieron exterminando a cientos de miles de indígenas hace más de 500 años.

Morelia no se encontraba incialmente en mi plan de viaje. Todo tiene un porqué. En Alaska conocí durante mi visita al Parque Nacional Denali a Patricia Ávila, investigadora antropóloga de la UNAM, con quien compartí ideas y opiniones sobre el arte de viajar. Al despedirnos intercambiamos direcciones y ahí quedó todo. Me había hablado tanto de su ciudad natal y de la belleza de ésta que decidí acudir para verla y de paso hacerle una visita. Cuando llegué a la estación de autobuses tomé un taxi (25 pesos) para hospedarme en el cómodo Hostal Allende (Calle Allende 843). Dormí un par de horas para volver a ser persona después de la paliza que supone atravesar casi medio país.

POR LA PATA ABAJO

Al día siguiente comencé a sentirme un poco mejor del resfriado pero los desarreglos intestinales comenzaron a presentarse. No me había alojado en casa de Patricia a mi llegada porque se encontraba tomando un curso en el D.F. Su hospitalidad ha sido espectacular y la valoré aún más cuando me puse enfermo. Algo en mal estado debí de comer puesto que me agarré una infección intestinal sanguinolenta. Patricia se portó conmigo de una forma encomiable. Al ver que mi malestar se agravaba, llamó a un doctor especialista en el aparato digestivo para pedir cita. Tras un exhaustivo examen, el doctor Guillermo Sánchez me dijo que tenía una infección intestinal, deshidratación y la tensión muy baja. Me recetó antibióticos, loperamida y otro medicamento para el estómago. Agradecidos tenemos que estar los españoles con la sanidad pública que tenemos aunque muchas veces nos parezca que tiene deficiencias. Lo que si son deficiencias es tener que pagar 400 pesos (40$) por una consulta y 680 (68$) por tres medicamentos. Así que me pasé tres días prácticamente bebiendo líquido y encerrado en casa. Mi visita a Morelia que se preveía muy interesante se tornó en una pesada convalecencia.

¡VIVA MÉXICO, VIVA MÉXICO, VIVA MÉXICO!

Por esta razón no pude visitar la hermosa aldea purépecha de Pátzcuaro ni celebrar el 15 de septiembre con los mexicanos sus fiestas patrias. Mediante la ceremonia del Grito, en la que el Presidente y los gobernadores de cada estado hacen sonar una campana rememorando el día en el que el padre Miguel Hidalgo declaró la independencia del yugo español en la ciudad de Dolores Hidalgo (Guanajuato), todos los mexicanos celebran el comienzo de la independencia de la colonia en 1810. «Mexicanos y mexicanas, viva nuestra Independencia. Vivan los héroes que nos dieron patria y libertad. Viva Hidalgo, viva Morelos, viva Allende, viva Josefa Ortiz de Domínguez, viva Leona Vicario, viva nuestra democracia, vivan nuestras instituciones. Viva la unidad de las y los mexicanos, viva México, viva México, viva México», gritó el presidente Fox este año mientras sonaba la campana y el cielo se inundaba de fuegos artificiales.

Después de 4 días enclaustrado en casa, salí por la noche con Patricia a cenar en un restaurante. Me llevó a un sitio alucinante: el restaurante «Las Mercedes» (León Guzmán 47, tfno. 443 312 61 13). El edificio tenía más de 300 años, estaba construído en piedra como si fueran las salas de un castillo medieval y la comida sencillamente era increíble. Tomé algo suave. Una deliciosa sopa de cebolla con queso parmesano y mero al vapor con verduras cocidas mientras sonaba de fondo el disco «Lágrimas negras» de Bebo Valdés y Diego el Cigala.

Restaurante «Las Mercedes»

LA PUCELA MEXICANA

El centro histórico de Morelia es una mezcla magistral de la arquitectura de ciudades españolas como Salamanca o Valladolid. Comparte con la primera el bullicioso ambiente universitario. Por sus calles se pasean jóvenes ataviados con batas blancas, otros de aspecto más bohemio y algunos estudiantes muy fresa (pijos). Con Valladolid hasta hace unas decenas de años, Morelia también compartía el nombre puesto que así la nombraron los españoles desde la época de la colonia. Luego le cambiaron el nombre en honor del revolucionario José María Morelos y Pavón. Luquitas, me acordé mucho de ti y de nuestros viajes a Valladolid y Ultramemia. Tu madre Angelines estaría orgullosa de mi visita a su ciudad tocaya. Dile que me debe un filete de ternera todavía.

Me dí un paseo para conocer el Mercado de Dulces y Artesanías donde hay todo tipo de derivados del azúcar. Muy cerca se encontraba el Palacio Clavijero y el romántico Jardín de las Rosas situado en el corazón de la ciudad y rodeado de edificios de los siglos XVIII y XIX. En el centro este jardín se engalana con una fuente y dos estatuas de bronce; una en honor de don Miguel Cervantes Saavedra y otra del ilustre don Vasco de Quiroga.

Unos metros más allá se yergue la imponente catedral de estilo herreriano, barroco y neoclásico. En la parte posterior, dentro del sector de Nueva España, se agazapa el Templo de San Francisco y un selecto mercado de artesanías bajo sus soportales. Casi al final de la avenida principal Francisco Madero está el Callejón del Romance, una angosta callejuela con la arquitectura típica de cantera rosa del centro histórico de Morelia. Cuenta con una serie de inscripciones a lo largo del callejón que son extracto del «Romance a mi ciudad» del poeta michoacano Lucas Ortíz. De ahí se muestra imponente el Acueducto de la ciudad, la fuente de Las Tarascas y la calzada de Fray Antonio de San Miguel que todavía guarda el ambiente del siglo XVIII y el sabor de la provincia michoacana. Finalicé mi paseo por Morelia precisamente en la plaza del héroe revolucionario que da nombre a la ciudad: José María Morelos y Pavón.


Plaza de Morelos


A LA TERCERA NO VA LA VENCIDA

Aunque no estaba en perfecto estado de salud, me lancé a un tercer asalto del difícil arte de cocinar una tortilla de patata. Todavía me falta perfeccionar y aprender los quehaceres culinarios aunque me siento muy orgulloso de la soltura que voy adquiriendo frente a la cámara. ¡Que tiemblen Arguiñano, Arzak y José Andrés!


Tortilla de patata: Episodio III

No salió tan buena como en Tijuana. Si ya de por sí es complicado el procedimiento de darle la vuelta a la tortilla, hacerlo con otra herramienta que no sea un plato supone realizar un espectáculo circense tipo «más difícil todavía».


Tortilla de patata: Resolución

Poco a poco voy recorriendo la Ruta Panamericana y de mi aventura se van haciendo eco algunos medios. Es el caso del blog francés Notas de Viaje en el que su autor muestra «un deseo que otro posee o ha cumplido» y es hacer la ruta panamericana alguna vez en su vida. También mención especial para el reportaje «Exploradores» del diario gratuíto nacional ADN.

Atrás queda la enfermedad y permanecen en primer plano recuerdos gratos como los paseos con su perro retoño y el sabueso de los vecinos, la arisca señora Ismir -su gata- y las largas conversaciones acerca de nuestras vidas, la situación política de México y el mundo en general. Queda pendiente para otra ocasión una visita a Pátzcuaro y al Santuario de la Mariposa Monarca, donde cada otoño, de finales de octubre a primeros de noviembre, millones de mariposas se refugian para hibernar después de haber recorrido más de 4.000 kilómetros provenientes de la región de los Grandes Lagos de Canadá y Estados Unidos. Próxima estación: La Ciudad más grande del mundo, Ciudad de México.


Fotos MORELIA