Marley & Che

El viernes 29 de diciembre salí a las 5 de la madrugada de Copán Ruinas en el autobús que opera Hedman Alas rumbo al puerto de La Ceiba. El trayecto duró algo más de 8 horas incluyendo una parada en la peligrosa ciudad de San Pedro Sula. Una vez en La Ceiba es necesario coger un taxi para llegar al puerto (no pagar más de 50 lps si vas solo o 30 en caso de compartirlo) desde donde salen los ferrys hacia las Islas de la Bahía: Utila, Roatán y Guanaja. La forma más económica de llegar a Utila es tomar uno de ellos. Del puerto de La Ceiba salen diariamente dos compañías: Galaxy II (generalmente con destino a Roatán) y Utila Princess que cubre el trayecto hacia la más pequeña de las Islas de la Bahía. El viaje duró aproximadamente una hora y el billete costaba 300 lempiras. Fue una experiencia infernal debido al vaivén provocado por el mar agitado que terminó por hacer vomitar a medio pasaje incluido un servidor. Uno piensa en el Caribe como un remanso de calma pero a veces le gusta hacer de las suyas. A parte de eso, decidí salir fuera de la cabina para respirar aire y llegué a Utila completamente empapado y con el mareo todavía sacudiendo mi cerebro.

Para aquellos que prefieran evitar el agitado mar que habitualmente y tengan unos dólares extra en el bolsillo se puede llegar también a la isla en avión con Sosa Airlines y Atlantic Airlines. Desembarqué, recogí mi equipaje y fui en busca de Oier, pamplonica como yo y monitor de buceo en Utila que César, el chico con el que visité en Guatemala las ruinas de Tikal, me había recomendado. En su lugar estaba esperando en el muelle Santiago (alias Taito), instructor de buceo oriundo de Cataluña con el que días después me sacaría el certificado de buceo hasta 18 metros.

Esta diminuta isla tropical, perteneciente a las hondureñas Islas de la Bahía, está ubicada en el Mar Caribe a unos 29 kilómetros del puerto de La Ceiba. Tiene 11 kilómetros de largo, 4 de ancho y se encuentra rodeada de gran cantidad de arrecife y vida marina. Entre viajeros y mochileros se ha hecho famosa en los últimnos años por ser uno de los lugares más baratos y accesibles en el mundo para sacarse el certificado de buceo. Si bien en la actualidad existen lugares mucho más baratos que Utila para aprender a bucear -véase Filipinas o Tailandia-, esta isla tiene un encanto cautivador. Sabes cuando llegas pero no cuando te marcharás. Yo mismo lo viví en mis propias carnes. Llegué con la intención de estar 5 días y terminé quedándome tres semanas. Un utileño me dijo que en la isla se cumple la regla de las tres mentiras: «Mañana me voy», «esta cerveza es la última» y «te quiero». Una vez instalado, me tomé un par de días de relax absoluto. Únicamente comer, leer, escuchar música y dormir. El día de Nochevieja cenamos en Jimmy´s Place y después salimos a dar la bienvenida al nuevo año 2007 en Coco Loco, uno de los garitos de moda en la isla en el que a ritmo de house contemplamos este espectáculo de fuego.

Círculos de fuego

Remontándonos a los orígenes de la isla descubro que los indios Payas fueron al parecer sus primeros pobladores. Con el paso de los años se convirtió en Colonia Británica hasta que logró su independecia como parte de Honduras manteniendo una ecléctica mezcla de herencia británica, indígena y española. Los primeros días en Utila conocí a prácticamente todo el staff del centro de buceo Cross Creek en el que decidí quedarme. Gente cordial, amigable, divertida y que sin duda merece la pena conocer si tu destino es Utila. Compartí especialmente grandes y divertidos momentos con dos salvadoreños: Jaime alias «El tío» (Un gran discípulo al que enseñé algunas expresiones españolas que terimnó haciendo propias como»Ostia tíooooo») y Ricardo, su primo, alias «El Sobbbbetillo», excelente persona y con el que aprendí que una comida no está completa sin el correspondiente helado de postre. Aquí tenéis a Jaime el día de año nuevo deseándoos lo mejor para este 2007.

Salto al vacío

Perderse en Utila es básicamente imposible. Tan sólo hay una carretera principal que sigue la costa y en el que no hay mayor tráfico que alguna que otra moto, bicicletas, pocos coches y abundantes carro de golf, vehículo muy popular en la isla. Muchos viajeros llegan Utila para sacarse el certificado de buceo y disfrutar de la tranquilidad de una isla diminuta que cuenta con corriente eléctrica producida por un generador de gasolina y en la que únicamente existen dos bancos. Cerca del 80% de su superficie es manglar. Tan sólo tiene una montaña llamada Pumkin Hill desde donde se puede divisar toda la isla y su aledaña Roatán. Alrededor de ella existen cuevas donde según las leyendas los piratas del Caribe escondieron sus tesoros.

El fuerte de Utila no es precisamente sus playas aunque existen varios cayos colindantes en los que por 100 dólares se puede alquilar una casa para seis persona y revivir la experiencia de Robinson Crusoe en una playa privada. Sin duda, la atracción más grande que ofrece esta isla del caribe hondureño es su arrecife coralino que tristemente se está enfermándo poco a poco ante la mirada impasible del Gobierno de Honduras. La isla vive casi exclusivamente del buceo con decenas de centros donde sacarse los diferentes títulos que ofrece PADI (Open Water, Advance, Dive Master…) y de lo que consumen los turistas en sus restaurantes y comercios. Yo decidí sacarme el certificado Open Water con el que puedes sumergirte hasta 18 metros de profundidad. Aunque muy manido el tópico que dice «una imagen vale mil palabras», se me hace necesario volver a sobarlo porque esta crónica está plagada de videos subacuáticos que espero no os den demasiada envidia y os pique el gusanillo por descubrir un nuevo mundo que os espera bajo el agua.

A bordo del Ulysses

Con más de 60 sitios de buceo entre los que escoger, la isla de Utila te ofrece la posibilidad de hacer inmersiones en barcos hundidos, contemplar la vida nocturna, conocer su precioso arrecife de coral y, si tienes mucha suerte, nadar junto al gigantesco tiburón ballena durante unos segundos. La isla es lugar de paso de este escualo durante su migración hacia aguas más calientes. Se mueve lentamente y no es peligroso puesto que se alimenta de zooplancton, huevos de snapper y camarón. Llega a medir entre 12 y18 metros de largo. Junto con Billy y Ester, pareja de Barcelona a quienes conocí en mi centro de buceo, salimos en busca de delfines y este tiburón durante una mañana con el barco de Utila Dive Center pero la búsqueda resultó infructuosa a medias. Encontramos una decena de delfines que nos acompañaron durante unos minutos junto al barco. También nos trajimos un mareo importante puesto que el mar estaba muy agitado.

Delfines

Cross Creek, centro de buceo regentado por el catalán Ángel Navarro, es el lugar en el que me saqué el certificado de buceo Open Water PADI por unos 240 dólares. Como profesor tuve al también catalán Santiago Solans «Taito» con el que aprendí las principales nociones (Paso de gigante, uso del regulador, diversas maniobras bajo el agua, descompresión…) de este deporte al que ya me considero adicto. Si alguna vez tenéis la oportunidad de acudir a Utila no dudéis ni un segundo en elegir esta escuela que regala junto con el curso dos buceos o 4 noches de alojamiento gratis. Pero… mejor, seguidme bajo el agua.

¡Al agua buzo!

Para saltar al agua hay dos maneras básicas; de espaldas y mediante el paso de gigante. Este paso consiste en sujetarse la máscara y el regulador con la mano derecha, mirar al frente, coger el cinturón de lastre con la mano izquierda por si fuera necesario quitárselo nada más entrar en el agua y dar un paso hacia adelante como lo daría Goliat.

Paso de gigante

La perrita que acabáis de ver se llama Rumba y es la mascota de Cross Creek. Una vez que uno está en el agua, hinchas tu jacket, revisas que el equipo esté correctamente colocado, haces lo mismo con el de compañero y tras la señal de OK, das la señal de inmersión con el dedo hacia abajo. Ahora tan sólo hay que levantar la traquea del chaleco, soltar aire y hundirse muy lentamente.

Inmersión

Dentro del agua el silencio se rompe únicamente por el ruido de las burbujas al salir del regulador de aire. Bucear es lo más cercano a la sensación ingravidez que experimentan los astronautas en un mundo en el que uno se siente diminuto e indefenso.

Luces y sombras

En los más de 20 buceos que realicé en puntos de inmersión como Black Coral, Lighthouse Reef, Diamond Cay, Airport Caves o Labarynth pude ver infinidad de especies de peces como el pez Payaso (Nemo), pez Ángel, pez Trompeta, lenguados, langostas, moluscos, cangrejos, anguilas de jardín, una tortuga comiendo un crustáceo de la que tengo un video que no he podido colgar porque es muy largo y, lo más fascinante, de todas mis inmersiones, alucinar con el vuelo pausado y perfecto del Chucho pintado o Spotted Eagle Ray.

Pedazo de raya

Los corales adoptan formas y colores que superan a la imaginación humana. Aquí tenéis un vestido de sevillana coralino y a Benjamín, dive master de Cádiz, echándose un baile con un estilo muy andaluz.

Olé y olé, Utila Olé Olé

Una máxima importante del buceo es nunca dejar de respirar. Simpre echar burbujitas por el regulador.

Regulator

A pesar de ser una pequeña isla, en ella se oculta un tesoro artístico muy particular: El bar Treetanic. Obra del estrambótico artista californiano Neil Keller, quien asegura que se ve a sí mismo«como un emperador del mundo con un sombrero de coco». Es propietario de Jade Seahorse, un restaurante con cabañas temáticas decorado con piezas originales que este artista ha elaborado con materiales obtenidos en la isla. Está ubicado en la calle Cola de Mico, a poca distancia del muelle municipal. El bar, emplazado bajo la sombra de un enorme mango, y con la forma de un antiguo barco pirata, abre todos los días y desde lo alto se puede disfrutar de una refrescante brisa y una bonita vista del pueblo de Utila. Durante los últimos 12 años, Keller, que ronda la cincuentena, ha construído esta especie de Parc Güell hondureño. Una obra de arte en constante desarrollo que todavía no ha dado por finalizada.

De mi estancia en Utila me quedo indiscutiblemente con todos esos minutos de felicidad en compañía de Billy Salisbury alias Billy Boy, Ester alias La Verdugo y Ben alias Dive Master Bennys. Con ellos pasé unos días muy divertidos. Nos terminamos llamando la pandilla de cínicos huey, en honor a Yamil, instructor mexicano de Cross Creek. Una noche tocamos Billy y yo juntos en el Treetanic. Afincado ahora en Barcelona, tiene su propio proyecto musical llamado The Undercover Hippy que os recomiendo que escuchéis. Su música y letras son geniales. Espero que esa amistad surgida en un espacio breve de tiempo perdure en los años venideros.

Las inmersiones continuaron hasta prácticamente mi último día en la isla. Lo más interesante fue descender al Halliburton, un pecio de 300 toneladas hundido a 30 metros de profundidad.

Halliburton

Aquello era como revivir los episodios submarinos del comandante Cousteau.

Comandante Cousteau

Tres semanas de relajación, ejercicio físico, lectura, noches de fiesta, conversaciones hasta altas horas de la madrugada, entrañables atardeceres, decenas de freakies locales jugando al dominó desde muy temprano hasta la madrugada y en las que he forjado alguna que otra amistad que espero perdure en el tiempo. Billy, Ester, Benito, Benjamín, Jaime, Ricardo, Gore, Taito, Ángel, Kirsten, Goio, Rumba, Paco, Iván, Jazmín, Ana, Laura, Yamil, Ivonne… os mando un abrazo fuerte a todos, incluídos aquellos que mi memoria os haya borrado momentáneamente. Próximo destino: León (Nicaragua).


Fotos UTILA