Washington D.C., USA. Km. 0


Vista desde 1500 Massachussets Avenue.

Las últimas semanas han sido un constante ir y venir de recados, preparativos, despedidas y tareas. Parece mentira que soltar amarras resulte tan farragoso. Gracias a Edel pude llegar a tiempo de recoger todo lo que he venido acumulando en mi habitación durante estos 6 últimos años. Empiezo a pensar que padezco el síndrome de Diógenes, ese por el cual acumulas kilos y kilos de cosas sin sentido alguno. Estuvimos hasta las 4 de la mañana terminando de guardar los restos de la mudanza y llenar las dos mochilas que llevaré a mis espaldas durante los próximos meses. Difícil decisión la de cargar con lo mínimo sin olvidar nada importante y organizarlo de tal manera que ocupe el mínimo espacio posible. Edel fue una vez más la artífice de semejante tetris. Se nota el entrenamiento cuando hace unos años jugaba a las máquintas y se pasaba hasta la pantalla 43.

Dormir, dormimos poco. Tres horas que se sumaban a la falta de sueño de las últimas semanas. Tras el oportuno control de seguridad en Barajas, resulta que llevaba una navaja en la mochila, así que vuelta atrás para facturar el cuchillito de marras. Mi primer vuelo Madrid-Frankfurt vía Spanair estuvo marcado por el Mundial. A mi lado iban dos argentinos engorilados por el próximo partido entre su selección y la holandesa. Luego me enteraría que el resultado no pasó de un simple empate. El resto del viaje sin mayores complicaciones. Una vez en Frankfurt, buscar la puerta de embarque del avión con el que debía enlazar, registros de seguridad por un tubo y un larguísimo paseo por este aeropuerto que parece más una ciudad que un lugar de aterrizaje de aviones.

Tras 8 horas de vuelo con United Airlines (con asiento con pantalla incorporada y selección de películas) pisaba tierra en el aeropuerto de Dulles, en Washington D.C. Vuelvo a toparme con varios controles de seguridad, incluído el escaneo de los dos dedos índices y una foto que te sacan con una web cam por si pones una bomba o algo así. Es curioso tener que rellenar de nuevo el cuestionario de inmigración en el que te preguntan cosas como si has participado en el bando nazi durante la II Guerra Mundial y en el que a continuación te avisan de que si respondes a alguna de las preguntas que sí no podrás entrar en Estados Unidos. ¡Estos yankis están muy mal!

El aeropuerto de Dulles está a unos 50 kilómetros de Washington D.C., así que para llegar a casa de Enrique, amigo del alma que me acogerá en su apartamento durante los próximos 6 días, tuve que buscar el Washington Flyer, un bus conducido por un chino que hablaba solo en voz alta, al que no le entendía ni papa y que te deja en la estación de metro West Fall Church. Allí subirse al susodicho por casi 3$, recorrer varias estaciones, transbordo en Metro Center hasta llegar a Dupont Circle, lugar según cuentan los lugareños elegido por los estudiantes para salir de marcha y según una fuente anónima, centro de reunión de gays. ¡De lo que uno se entera!

Tras 12 horas de viaje se agradece enormemente encontrarte con uno de tus mejores amigos y darte un fuerte abrazo despues de casi 6 meses sin verte. Su apartamento tipo boeing (lleva el nº 747) mola un montón y la cena que me preparó (pollo con cuscús, espárragos trigueros y una fresca Coronita) me supo a gloria. La foto que estáis viendo está sacada desde su ventana. Hoy estoy sintiendo las sacudidas del jet lag. Me he despertado 5 o 6 veces seguidas en intervalos de una hora. Así que habrá que dejar que el cuerpo se acople. Mientras tanto, un completo desayuno y esta tarde a darse un paseo por la ciudad de la Casa Blanca.

Recuerdos a todos.


Anónimo the author

Videoperiodista, documentalista y aventurero. Entre mayo de 2006 y junio de 2007 realizó uno de los grandes viajes de su vida: la ruta panamericana. De esta aventura nace el documental “La costura de América” que narra su viaje en solitario de 45.000 kilómetros, realizado íntegramente por tierra y más de 11 meses desde Prudhoe Bay (Alaska) hasta Bahía Lapataia en Tierra de Fuego (Argentina). Ha trabajado como corresponsal de la Agencia EFE en la India y realizado decenas de reportajes sobre turismo, cultura y sociedad para el canal de televisión español Telecinco. En enero de 2014 estuvo nominado en los Premios Goya con su cortometraje documental "La Alfombra Roja" rodado en un slum de India y que lleva acumuladas más de 130 selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Sigue mis viajes en mi perfil de Twitter, Facebook e Instagram.