Antes de abandonar México me quedaban de camino, en el Estado de Quintana Roo, dos importantes ruinas de la Riviera Maya: Cobá y Tulum. Me levanté muy pronto por la mañana para ir andando a la estación de autobuses de Pisté donde tenía que coger a las 7:30 el autobús que me llevaría a Cobá. Poco más de hora y media más tarde me bajé en el pueblo, justo al lado de la Posada «El Bocadito» que hace también las funciones de paradero y salida de autobuses hacia Tulum, Valladolid, Cancún y otros destinos. No hay demasiadas opciones de alojamiento en este pequeño pueblecito así que decidí quedarme allí mismo. Cuartuchos un tanto depresivos por 200 pesos. El recepcionista-camarero intentó tangarme 50 pesos más por la noche pero esta vez no me dejé. Habiendo llegado tan temprano, hubiese sido mejor encontrar un lugar donde me guardasen el equipaje, ir a ver las ruinas y salir en el autobús de la tarde rumbo a Tulum. De eso me daría cuenta demasiado tarde.

Del pueblo al complejo arqueológico, situado a orillas del Lago Cobá, hay poco más de 2 kilómetros de distancia por lo que se puede ir a pie perfectamente. La entrada cuesta 45 pesos, 30 más si se pide permiso de cámara de video. Para recorrer las ruinas es preferible alquilar una bicicleta en el puesto que se encuentra pocos metros después de acceder al recinto. Creo que el precio por todo el día eran unos 30 pesos. La razón es que cada grupo arqueológico está separado por senderos de algo más de 2 kilómetros. De esta manera solventamos un poco el calor sofocante de la selva disfrutando de una leve brisa mientras pedaleamos. Si uno es más vago, por 90 pesos, un chico te lleva a visitar las ruinas en trici-taxi como un verdadero marajá.

Parking de bicis en la selva

La particularidad de Cobá, que en maya significa «aguas removidas por el viento», son los numerosos edificios monumentales y templos más pequeños ubicados en plena selva conectados entre sí por una extensa red de caminos. Estos sacbeob no sólo comunican los diferentes grupos de estructuras sino que lo hacen también con otras antiguas ciudades más lejanas como Yaxun (100 kilómetros) e Ixil (19 kilómetros).

El primer grupo que visité fue Macanxoc donde se erigen varias estelas que servían, a modo de diario pétreo, para registrar eventos importantes y que narran los logros y actividades de los gobernantes. Allí me encontré con tres andaluces que «hablaban» a limpio grito, un rasgo típico para reconocer en el extranjero a turistas españoles e italianos. Una exuberante vegetación rodea este mágico enclave con una ruidosa banda sonora en la que se mezclan silbidos de pájaros, zumbidos de insectos y el crujir de ramas en la distancia, provocado seguramente por algún mono.

Cogí de nuevo la bicicleta y descendí rumbo al Conjunto de las Pinturas, esplanada con varios edificios que recibe este nombre porque el interior del templo principal estaba completamente decorado con diversos motivos pictóricos. Allí me topé con esta gigantesca y simpática iguana tomando el sol plácidamente. Descendiendo por el sendero se llega a un cruce cuyo camino se dirige al resto de complejos de Cobá: Nohoch Mul, el Templo 10 -más conocido como La Iglesia– y un bien conservado juego de pelota.

Juego de pelota

A diferencia de otros yacimientos mayas que he visitado, las construcciones de Cobá tienen un diseño distinto del que predomina en la zona de la Riviera Maya. Los arqueólogos han descubierto muchos vínculos con la gran ciudad Maya de Tikal (Guatemala) -que visitaré en unos días-. Dicen los entendidos que los nobles y la realeza de ambas ciudades se casaban para fortalecer el poder político.

Una vez pasado el juego de pelota, te encuentras en medio del camino una curiosa pirámide de 24 metros de altura que, debido a la confluencia de decenas de saacbés, suponen que fue la puerta de entrada o centro ceremonial de esta ciudad maya. Este edificio se conoce como La Iglesia y debe su nombre a que cazadores y agricultores depositan en la actualidad ofrendas, oran y colocan veladoras ante la estela de esta construcción.

Puerta de entrada a Cobá

Una de las principales atracciones de Cobá es Nohoch Mul, la pirámide más alta en la península de Yucatán, que se levanta 42 metros sobre el suelo. Se pueden subir los 120 escalones de la pirámide para tener una increíble vista de la selva, el resto de estructuras y el lago Macanxoc al fondo. Con el calor pegajoso de mediodía el ascenso se hace muy fatigoso puesto que además la escalera esta muy dañada y es un verdadero rompepiernas. No apto para gente con vértigo. Sin embargo, todo esfuerzo tiene su recompensa: Una vista de 360 grados que se pierde en el horizonte.

Panorámica desde la Gran Pirámide

Se estima que Cobá tiene 6.500 estructuras en total de las cuales tan sólo unas pocas han sido recuperadas de la selva. Allá en lo alto de la pirámide, la única sombra que se podía obtener era entrando en el interior del minúsculo templo que la corona cuyo hedor a humedad resultaba poco agradable. El sol continuaba castigando nuestro atrevimiento aunque una nube se apiadó concediéndonos una tregua.

Iosu en lo alto de la Gran Pirámide

Para aquellos que no hayáis consultado últimamente el apartado de cobertura en diferentes medios de comunicación de la Ruta Panamericana, hace unos días publicaron un artículo en el suplemento De Viaje del Diario Reforma, uno de los más importantes de México junto con El Universal. ¡Hasta me hicieron una sesión de fotos metido en una maleta de viaje! Además me han entrevistado en el programa «Balón desastre» de Radio Marca, «Hasta aquí hemos llegado» de Radio Vitoria y «El Laboratorio» de la COPE, éste último realizado por los alumnos del Master de Radio de esta emisora. Intentaré colgar el audio próximamente.

El resto de la jornada se resume en un paseo a orillas del Lago Cobá, una comida a base de fajitas de pollo y dos coronitas, un par horas en internet y de cena unos espaguettis con tomate que me sentaron muy mal. A la mañana siguiente, con el cuerpo más revuelto que si me hubiesen centrifugado en una lavadora, tomé el autobús de Oriente de las 10:30 que hacía parada intermedia en el pueblo.

Llevo varios días que no me encuentro bien de salud y estoy algo preocupado. No parece nada grave pero hoy iré al médico para quedarme un poco más tranquilo. Puede que sea un virus que, asociado a la morriña y la tristeza que me invade a ratos, se está haciendo de rogar para ser aniquilado por mis defensas. Tomaré Actimeles de naranja por un tubo como Nicola de Gran Hermano. Como véis, al menos no he perdido el sentido del humor. Aún y todo, en el fondo estoy muy ilusionado por continuar mi aventura por Centroamérica. Próximo destino: Tulum, a tan sólo 42 kilómetros de aquí.


Fotos COBÁ