EarthWideWalk-vuelta-al-mundo-8

Hola mochileros, ya ha terminado el verano, muchos habréis vuelto ya de vuestras vacaciones, los más jóvenes habréis incluso empezado las clases, pero por aquí el paso de las estaciones no marca más que un cambio en el tiempo…la aventura continúa, tal vez más cruda y solitaria, y hoy os escribo desde Goris (Armenia), a escasos 4 días de la frontera con Irán, mientras ahí fuera cae una tormenta de época.

La última vez que os escribí fue desde Istambul, ciudad a la que llegué tras justo 4 meses desde que salí del kilómetro 0 de Madrid, con luna llena y en pleno Ramadán, fin de mi caminata por Europa y puerta de paso a Asia. Tras atravesar el estrecho del Bósforo, puse mi primer pie en el continente asiático y pude sentir un cambio más… cada vez me estaba alejando más de mi casa, mi cultura, mi familia, mi hogar. Para mí Asia es la prueba de fuego, un continente de grandes dimensiones, culturas muy diferentes y duros ecosistemas para afrontar caminando. Sin embargo, y a pesar de todo, sé que la fuerza, la motivación y el apoyo de la gente están de mi lado. La fortuna me sonríe, el viento sopla a mi favor y yo quiero desplegar aun más mi vela en esta gran caminata alrededor del mundo.

Recorrí la costa del mar de Mármara, tranquila con sus barcas y sus pescadores, adentrándome por la D-100 en el interior de Turquía a través de Esme, Sakarya, Duzce y Bolu hasta Gerede, donde se encuentra la bifurcación a Samsum y Ankara. Yo cogí la de la izquierda rumbo a Samsum, población en la costa del mar Negro, a través de montañas y paisajes ligeramente áridos. Una vez alcanzada la costa, desaparecen los desniveles para dar paso al calor y a la humedad. No olvidemos que era pleno agosto cuando transitaba por esas tierras. Si bien la costa entraña mayor dificultad que el interior para acampar, te obsequia con algún baño y unos amaneceres y atardeceres preciosos.

A través de la D-010 recorrí los pueblos que surcan la costa del mar Negro: Ordü, Trabzon, Rize, y alcancé Arhavi, Hopa y Sarp, muy cerca de la frontera con Georgia. Aprendí algunas palabras en turco, básicas para desenvolverme, así como de su cultura, historia y religión. El último día tuve la suerte de conocer a unos pescadores que me invitaron a su casa a cenar Sargan (un pez de sabrosa carne) y a dormir, resultando ser una inmejorable manera de despedirme de este país.

Georgia plantea un nuevo cambio, tras más de un mes caminando por territorio turco. Entré en este país de herencia soviética a través de Sarp y Batumi, poblaciones turísticas y libres de los cánones religiosos del país anterior. Me alegró ver la geografía montañosa y verde propia del Cáucaso, a pesar del empeoramiento notable de sus carreteras y la dureza de los desniveles. Vacas en mitad de la carretera, camionetas, un país eminentemente agrícola y ganadero, y de nuevo un idioma al que me tenía que acostumbrar. Ascendí al alto de Goderzi (a 2025mts.) y, cuando llegué a la cima, me quedé sin batería en la cámara. No pude hacer fotos del paisaje más bonito por el que pasé en Georgia. Sin embargo, comí en una de las cabañas de pastores que hay en la cumbre, y ese recuerdo quedará para siempre en mi memoria. Dormí en los bosques con lobos y pasé por pueblos donde sus habitantes llevan pistola… En 8 días recorrí el sur de Georgia y alcancé, tras Akhaltsikhe, Akhalkalaki y Ninotsminda, el lago Madatapa, que yace como aislado del mundo entre áridas montañas y vientos fríos. Al echar una última foto antes de cruzar la frontera con Armenia a un rebaño pastoreado por una mujer a caballo, la mujer se acercó hasta mí cabalgando y estuvimos hablando en un idioma antiguo, el de los gestos y las miradas, durante unos instantes. Se llamaba Nerine. Entonces, crucé la frontera.

Dos kilómetros en tierra de nadie separan la frontera de Georgia y la de Armenia. No me gusta entrar en un nuevo país al atardecer, prefiero hacerlo por la mañana, así tengo tiempo para cogerle el pulso y ver la atmósfera que se respira. Sin embargo, esta vez el sol estaba ya cayendo sobre el horizonte. Recuerdo que acampé cerca de Bavra anocheciendo y recogí mi tienda temprano al amanecer y con un viento frío.

Avancé a través de Gyumri y Mastara hasta la capital, Ereván, donde pasé una semana en casa de un español arreglando el visado para Irán, preparando el carro y realizando entrevistas para diversos medios armenios. A un lado queda Nakhijevan (perteneciente a Azerbayán), al otro lado de la cordillera el alto Karabakh, y mi itinerario trascurre entre montañas y poblaciones cada vez más distanciadas.

Como os digo, hoy estoy en Goris. El tiempo ha empeorado notablemente, y son cuatro los días que calculo me quedan hasta alcanzar la frontera con Irán. Muchas voces y opiniones distintas llegan a mis oídos respecto a este nuevo país. Un visado difícil de conseguir y de apenas un mes de estancia para recorrer los cerca de 2100 kilómetros que hay de un extremo a otro, un bloqueo bancario que impide sacar dinero del banco o recibir dinero a través de Western Union o Money Gram, unas conexiones a internet bastante limitadas, una muy cercana guerra de Siria (con la reciente decisión de intervención por parte de los EE.UU y aliados, siendo Irán aliado de Siria) y una geografía muy árida hacen más difícil todavía la ya de por sí complicada tarea de cruzarlo a pie.
Como siempre, una vez más, no me queda más remedio que escuchar mi propio corazón, hacer acopio de valor, mirar hacia delante y confiar en mis fuerzas, en la bondad de la gente y en la buena suerte que hasta el día de hoy me han acompañado…

Un abrazo, y hasta pronto.

Ignacio Dean


Anónimo the author

Malagueño de 32 años, diplomado en Publicidad y RR.PP por la Universidad Complutense de Madrid y Técnico en Medio Ambiente. En marzo de 2013 partió desde Madrid a dar la vuelta al mundo. Su proyecto Earth Wide Walk consiste en una vuelta al mundo a pie y en solitario que cruzará durante los próximos 5 años los cinco continentes (Europa, Asia, Australia, América y África), y que lleva asociado un mensaje de amor y respeto por la naturaleza y el planeta Tierra.