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¡Hola mochileros! Os escribo desde Istanbul, ciudad a la que he llegado tras cuatro meses justos de caminata desde que salí de Madrid (21 de marzo-21 de julio), cuatro intensos meses para recorrer los cerca de 4.500 kilómetros que separan ambas ciudades. Ahora estoy a las puertas de Asia, descansando unos días, disfrutando de la visita de algún familiar, y aprovechando para poner el carrito a punto y actualizar la web y las redes sociales.

Desde la última vez que os escribí, en Latisana (Italia), he recorrido Eslovenia, pequeño país de 2 millones de habitantes del que me llevé una grata sorpresa por la belleza del paisaje y la calidez de sus gentes. Después crucé Croacia de oeste a este por una carretera cercana a la frontera con Bosnia con edificios bombardeados, fachadas de casas con restos de metralla de la guerra y campos minados. De repente, cuando estaba entrando en Serbia, el tiempo cambió radicalmente y empezó a hacer temperaturas de 40 grados, por lo que cambié el ritmo y caminé varias noches a la luz de la luna. Me alojé en casa de algún político, un músico y, en general, conocí gente abierta y cercana que hicieron muy agradable mi paso por este país. Después vino Bulgaria, se me partió el manillar por la soldadura que le hice en Tovarnik (Croacia) e hice el segundo cambio de cubiertas a las ruedas del carrito (más o menos cada 2.000 kms). Como os podréis imaginar cualquier problema técnico cuesta “un mundo” solucionarlo. Entré en Turquía por Edirne y, tras más de dos días entrando en esta enorme ciudad, llegué a Sultanhamet, en el corazón de Istanbul en pleno Ramadán y con luna llena, mágico, tras justo 4 meses de caminata.

He aprendido algunas palabras en serbo-croata, básicas para desenvolverme en los países de la ex-Yugoslavia, a pesar del cirílico, y mantenido conversaciones con habitantes de estos países a base de gestos. En concreto, recuerdo a dos ancianas con las que pasé media hora riéndonos de la vida sin ellas saber español ni yo croata. De las 124 noches que me ha llevado alcanzar Istanbul, he pasado 78 en mi tienda de campaña, casi nada, algunas de ellas breado por los mosquitos. Me he gastado unos 1.000 euros, he tenido la suerte de recibir la visita de amigos y familiares en Sofía (Bulgaria) y Estanbul (Turquía), y ya he tirado a la basura mi primer par de zapatillas.

He realizado entrevistas para medios de comunicación en Eslovenia. Tuve la suerte de aparecer en el telediario de la cadena pública RTV SLO y la gente me invitaba a sus casas o me ofrecía cosas por la calle. También en Serbia para la televisión, así como para prensa. Hace unos días, ya en Turquía, me hicieron una entrevista periodistas de la Anadolu Ajansi y hemos aparecido en televisión, prensa e internet. Igualmente, la acogida en redes sociales sigue siendo estupenda y el número de seguidores no para de crecer día a día. Para mí es una suerte poder dar a conocer este proyecto, así como difundir un mensaje de conservación y respeto por la naturaleza y el planeta Tierra.

Sin embargo, y a pesar de que me guste mostrar la cara más amable del viaje y la belleza de este mundo en que vivimos, el día a día no es nada fácil. Palizas diarias de 45 kilómetros bajo la lluvia o el sol abrasador, además de lavar la ropa en fuentes, hacer la compra, cocinar en el fuego, arreglar pinchazos y dormir en el suelo dentro de mi tienda de campaña, sucio y sudoroso, todo aderezado con la inestimable compañía de mi inseparable soledad, se hace duro… pero pienso, es el camino que he elegido.

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Ya Europa queda atrás y tengo la mente puesta en Asia, la prueba de fuego, como yo la llamo. Una vez hecho el rodaje, ahora afronto este gran continente con respeto y curiosidad, sabedor de que entran nuevas y difíciles variables en la ecuación: visados, enfermedades y culturas, climas y ecosistemas muy diferentes. Y nada más empezar ya tengo tres “pedruscos” a la vista: Turquía, Irán e India caminando, enormes retos dentro de este gran desafío que es dar la vuelta al mundo a pie. Pero que espero que con vuestro apoyo y ánimo todo resulte más liviano y el camino sea más sencillo.

Porque si hay una razón que trasciende a todas las demás es la de contar una historia de valor y coraje para demostrar que no hay nada imposible y que no existen más límites que los que nosotros queramos asumir. Salir del hastío, el desencanto, y crear, esa es mi apuesta. Porque la educación y la cultura son un hechizo, sólo una de las maneras de percibir la realidad, pero las posibilidades son infinitas y tenemos en nuestras manos la oportunidad de vivir nuestra fantasía y apostar por un mundo mejor. ¡Así que este viaje, amigos, familiares y gente del mundo, va por ustedes!

Un abrazo y hasta pronto. Nacho Dean.


Anónimo the author

Malagueño de 32 años, diplomado en Publicidad y RR.PP por la Universidad Complutense de Madrid y Técnico en Medio Ambiente. En marzo de 2013 partió desde Madrid a dar la vuelta al mundo. Su proyecto Earth Wide Walk consiste en una vuelta al mundo a pie y en solitario que cruzará durante los próximos 5 años los cinco continentes (Europa, Asia, Australia, América y África), y que lleva asociado un mensaje de amor y respeto por la naturaleza y el planeta Tierra.